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jueves, octubre 14, 2010

'Art ⇔ Archives: Latin America and Beyond', foro en Austin 15-17 Octubre

Me encuentro en Austin para participar del encuentro Art ⇔ Archive: Latin America and Beyond, organizado por el Center for Latin American Visual Studies (coordinado por Andrea Giunta y Roberto Tejada) del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Texas en Austin, en colaboración con la Universidad Autónoma de México y la Universidad de Barcelona. Esta es la segunda edición de este Forum que aspira a convertirse en una instancia imprescindible de discusión crítica sobre estudios visuales latinoamericanos, y que en esta segunda oportunidad tiene al tema de 'archivos' como eje principal de discusión. El número de intervenciones ha sido prácticamente triplicados y los debates se ven altamente complejos e interesantes. Debo agradecer, por cierto, a la Fundación Cisneros que me otorgó una beca de movilidad para asistir a este encuentro. Reproduzco de momento (y por el escaso tiempo) información muy suscinta del Forum. Se puede ver más aquí, y el programa completo aquí. Colgaré pronto algunas notas sobre mi intervención (que gira en torno a las enormes potencialidades, mímesis y redefiniciones críticas del proyecto del Museo Travesti del Perú de Giuseppe Campuzano en torno a la noción y prácticas de 'archivo' --su archivo travesti--, una discusión que me importa muchísimo), pronto.
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Art ⇔ Archives: Latin America and Beyond
International Research Forum for Graduate Students and Emerging Scholars
15 – 17 October 2010 – The University of Texas at Austin


It gives us great pleasure to welcome you to the International Forum organized by the CLAVIS: Center for Latin American Visual Studies, Department of Art and Art History at University of Texas at Austin, 15-17 October 2010, in collaboration with the Universidad Autónoma de México and in association with the Universidad de Barcelona.

The forum is a pioneering event in the field of Latin American visual studies and its participants include graduate students, artists, art historians and critics from UT and from Latin America. We will share three extraordinary days of sessions to get to know and discuss the most recent research on Latino/Latin-American Art.


Art ⇔ Archives: Latin America and Beyond
The archive and its uses have concerned modern art and modernity writ large. At the crossroads of various epistemologies, and germane to the articulation of discourses, archives act as vehicles for research projects (both artistic and academic). They generate fictions poised between the well-kept secret and the open source. In the last several decades, there has been a marked return to questions involving the archive, particularly concerning Latin America. Given that authoritarian regimes throughout the region have often suppressed or destroyed archives, and because there has been negligence in terms of stewardship, it has become especially salient to return to the question of the archive, no longer as a luxury, but as a matter of political urgency. The forum will address how archives are constructed at various levels, from the national and international, to that of a research project or as part of artistic practice, as well as its use in exhibition displays.

The forum will consist of a series of small, parallel working sessions in order to engage participants in collective discussion and exchange.



miércoles, octubre 13, 2010

Nueva serie de libros 'Conversaciones', de Fundación Cisneros / Colección Patricia Phelps de Cisneros

Reproduzco información (en inglés esta vez) sobre el reciente lanzamiento de una serie de libros editado por la Fundación Cisneros / Colección Patricia Phelps de Cisneros, titulados Conversaciones. ¡La colección parece prometer títulos y diálogos ciertamente interesantes! Espero tener el primero de Carlos Cruz Diez y Ariel Jiménez muy pronto (y sería muy bueno que circule por Lima). Reproduzco la nota que me llega vía e-flux.
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October 9, 2010

Fundación Cisneros/Colección Patricia Phelps de Cisneros

Conversaciones/Conversations
A New Publication Series

www.coleccioncisneros.org


The Fundación Cisneros/Colección Patricia Phelps de Cisneros (FC/CPPC) announces the publication of CONVERSACIONES/CONVERSATIONS, a new series of bilingual books composed of unique in-depth conversations between modern and contemporary artists from Latin America, and critics, curators, and art historians.

The inaugural title in the series, Carlos Cruz-Diez in Conversation with/en conversación con Ariel Jiménez documents a conversation between preeminent Venezuelan artist Carlos Cruz-Diez and FC/CPPC Chief Curator Ariel Jiménez and is now available in bookstores and through D.A.P., www.artbook.com.

Carlos Cruz-Diez in Conversation with/en conversación con Ariel Jiménez
Based on conversations that occurred over a span of thirty years, Ariel Jiménez provides a deep and engaged account of the life and work of Carlos Cruz-Diez, one of Latin America's foremost artists, and a leading practitioner of Kinetic and Op art. Born in Venezuela in 1923, Cruz-Diez traveled in Western Europe throughout the 1950s, absorbing Bauhaus color theory and trends in geometric abstraction. He returned to Venezuela in 1957 to help initiate a massive wave of experimentation in Abstract, Concrete, Op and Kinetic art. Along with his fellow artists Jesús Soto and Alejandro Otero, Cruz-Diez shared an interest in the relation between color and perception, which he has continued to pursue in installations, environments and public sculptures.

ISBN: 9780982354421
Publisher: Fundación Cisneros/Colección Patricia Phelps de Cisneros, New York /Caracas
Format: Hbk, 6 x 9.25 in. / 248 pgs / 64 color / 30 b&w
Distribution: D.A.P.
Forthcoming titles in the series include:

Tomás Maldonado/María Amalia García [December 2010]
Jac Leirner /Adele Nelson [Spring 2011]
Waltercio Caldas/Ariel Jiménez
Luis Camnitzer/ Cuauhtémoc Medina
Ferreira Gullar/Ariel Jiménez
Alfredo Jaar /Luis Pérez-Oramas
Gyula Kosice /Gabriel Pérez-Barreiro
Cildo Meireles /Paulo Herkenhoff
Liliana Porter /Inés Katzenstein

For more information and reviews please visit www.coleccioncisneros.org

The Colección Patricia Phelps de Cisneros (CPPC), founded in the 1970s by Patricia Phelps de Cisneros and Gustavo A. Cisneros, is one of the core cultural and educational initiatives of the Fundación Cisneros. Based in New York City and Caracas, the CPPC's mission is to increase understanding and awareness of the diversity, sophistication, and range of art from Latin America. Additionally, the CPPC works to advance scholarship of Latin American art, promote excellence in visual-arts education, and encourage a high level of expertise among Latin American art professionals. It achieves these goals through the preservation, presentation, and study of the material culture of the Ibero-American world, including modern and contemporary art, colonial and federalist art and objects, and the works of traveler artists to Latin America, as well as the material evidence of Latin America's indigenous peoples. CPPC activities include exhibitions, publications, grants for scholarly research and artistic production, and the internationally-recognized education initiative Piensa en arte/Think Art.

miércoles, mayo 12, 2010

Este viernes se estrena serie sobre la Trienal de Chile

Reproduzco una nota sobre la serie que se verá en Chile en torno a la Primera Trienal de Artes Visuales bajo la curaduría general de Ticio Escobar. Tomado de La Tercera.
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Este viernes se estrena serie sobre la Trienal de Chile

En ARTV durante tres viernes se emitirá lo mejor del encuentro artístico realizado el año pasado.

Entre el 5 de octubre y el 6 de diciembre pasado se realizó en el país la Primera Trienal de Artes Visuales, y las personas que no pudieron asistir ahora tendrán la posibilidad de ver algunas de las obras y escuchar a los artistas, curadores e intelectuales que participaron del evento, en una serie de tres programas que desde este viernes emitirá ARTV.

Con una duración de media hora cada uno de los episodios, la serie abordará las distintas muestras que se exhibieron en esta actividad que es parte de los Programas Nacionales del Bicentenario de Chile. En el primer capítulo, Mapas, Paisajes y Territorios, que se estrenará este viernes 14 a las 21:30 horas, se presentarán entrevistas al curador general de la Trienal de Chile, el Ministro de Cultura de Paraguay, Ticio Escobar; al curador argentino Roberto Amigo y al teórico chileno Guillermo Machuca, quienes hablan de la muestra Territorios de Estado, paisajes y cartografía de Chile en el Siglo XIX, que fue exhibida en el Museo Nacional de Bellas Artes.

La segunda parte de esta serie será estrenada el viernes 21 de mayo (21:30 horas) y tendrá por título Archivos Latinoamericanos, Arte y Política; en esta ocasión se expondrán los trabajos desarrollados en Valparaíso y para ello serán entrevistados el curador uruguayo de la Muestra Arte/Latinoamérica: Estados de Sitio, así como el artista nacional Gonzalo Díaz, quien realizó una intervención en espacio público y el coordinador y co-curador de la muestra en la ciudad porteña, el académico Alberto Madrid.

La tercera entrega y final, será exhibida el viernes 28 de mayo (21:30 horas) y llevará por título Identidades culturales y fronteras del arte. En esta oportunidad se abordarán las muestras de Una mirada múltiple, El Museo del Barro, que contó con la curaduría de la brasileña Aracy Amaral, destacada artista que también fue entrevistada para este capítulo; Lo impuro y lo contaminado 3. Pulsiones (Neo)Barrocas en las rutas de Micromuseo, del curador peruano Gustavo Buntinx, quien también relatará su experiencia en este capítulo, al igual que Andrea Josch, fotógrafa y curadora de Aiwin/ La imagen de la sombra, exposición que contó con la participación de artistas de pueblos originarios de Chile y, por último, Nury González, quien será entrevistada por su exposición Poliloquio.

lunes, abril 12, 2010

How Do We Know What Latin American Conceptualism Looks Like? (Afterall 23, Spring 2010)

Desde hace ya varias semanas está circulando Afterall 23 (Spring 2010) que incluye un texto mío a propósito de algunas ideas que estaba ensayando en torno a la historización del llamado arte conceptual latinoamericano. El texto, finalmente titulado "How do we know what Latin American Conceptualism Looks Like?", es una cadena de cinco bloques de reflexión que aluden, de un modo u otro, a las implicancias performativas y políticas del propio ejercicio historiográfico, y más aún del denominado 'arte conceptual', observando la construcción del discurso del 'conceptualismo latinoamericano' establecido por la historiadora Mari Carmen Ramírez desde inicios de los 90, la exposición titulada Inventario 1965-1975. Archivo Graciela Carnevale presentada en 2008 en Argentina como una relectura del episodio de Tucumán Arde (1968) y el archivo de Carnevale --exposición que fue, por cierto, el primer experimento curatorial de la Red Conceptualismos del Sur--, y una obra sin título de Eduardo Costa de 1970 que es simplemente un texto que dice así: "A piece that is essentially the same as a piece made by any of the first conceptual artists, dated two years earlier than the original and signed by somebody else".

Junto con el ensayo se publican imágenes de la exposición Global Conceptualism (1999), vistas de montaje de la exposición Inventario..., y además registros de Tucumán Arde (1968) y obra de Edgardo A. Vigo, Jodorowsky y el No-Grupo (con lo cual aprovecho para agradecer a Maris Bustamante, Sol Henaro, Ana Longoni, Fernando Davis, Graciela Carnevale, Eduardo Costa, Jodorowsky, Rachel Weiss y el Archivo Vigo en La Plata, por su ayuda en la obtención de imágenes). Distintas ideas de este texto han sido ensayadas y discutidas con mis compañeros de la Red Conceptualismos del Sur, a quienes le agradezco el siempre generoso intercambio de ideas. Ideas previas han sido esbozadas en escritos como: "Secuestros, politizaciones, analiticidades, mitificaciones. A propósito del arte conceptual en América Latina en los 60/70", Ramona 82, Buenos Aires, julio 2008, pp. 41-47 (dossier 'Vanguardias polémicas: la herencia de los sesenta' editado por Ana Longoni); "Robar la historia, traicionar el arte conceptual", Des-bordes #0, enero 2009 (ver online); y "Desclasificar el cuerpo (conceptual): Impugnar políticamente el conceptualismo latinoamericano", Artecontexto 24 / 4, Madrid, 2009 (dossier 'Contrageografías del arte conceptual' del cual fui editor invitado), así como en el taller "Historia y Montaje. Usar, rehusar y desusar la historia" que impartí en Lugar a Dudas en Cali, Colombia, en agosto de 2009. Hecho el recuento resulta interesante advertir los caminos imprevisibles de las ideas.

En esta edición de Afterall se incluyen además muy buenos textos y entrevistas de Elena Filipovic, Annie Fletcher, Roger Buergel, Pieter Van Bogaert, Lucy Reinolds o Sarah Lowndes, entre otros, se discute sobre el trabajo de filósofos e historiados tan relevantes como Carl Einstein o Georges Didi-Huberman, y de artistas como la cineasta y escritora feminista vietnamita Trin T. Min-ha o la directora norteamericana de cine experimental Babette Mangolte, entre otros. Y un último detalle que no quería dejar de comentar --y que quizá pueda parecer más anecdótico-- es el placer de trabajar con el equipo editor de Afterall (Pablo Lafuente, Nuria Enguita y Melissa Gronlund), más aún para un proceso de traducción tan complejo y extenuante. Es tan difícil encontrar buenos editores comprometidos con el intercambio crítico de ideas en un momento de velocidades hiperaceleradas, que realmente el elogio me parece merecido. Ojalá el texto permita colaborar en el debate sobre las historizaciones recientes del llamado arte (conceptual) latinoamericano y los dispositivos que ponemos en marcha al momento de emprender tales relecturas. El ensayo también se puede leer online. Reproduzco el anuncio de Afterall de e-flux.
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February 16, 2010














Afterall 23

Spring 2010

Babette Mangolte, Lidwien van de Ven,
Thea Djordjadze, Trinh T. Minh-ha


http://www.afterall.org



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Afterall announces the publication of the issue 23 (Spring 2010), which looks at issues of representation and the construction of visibility.

Miguel A. López discusses the processes of historicising Latin American art of the 1960s and 70s, and how current readings of key political events, such as the 'Tucumán Arde' episode in 1968, are questioning what has been placed under the geographical and art-historical rubric 'Latin American Conceptualism'.

In an analysis of the use of shadow in the film performances of British film-makers Malcolm Le Grice and Gill Eatherley, Lucy Reynolds relates British Expanded Cinema's attempt for a 'cinema without illusion' to the experiences of the uncanny and outmoded raised by pre-cinematic spectacles.

Looking at Babette Mangolte's filming of key performance pieces of the 1970s, and at Mangolte's own films and installation work, Barbara Clausen explores the relationship between performance and documentation forty years on. Mangolte and Elena Filipovic speak about Mangolte's involvement in the experimental theatre, film and dance scenes of 1970s New York, and her own films of that period, discussing what it means to represent the work of others.

Roger M. Buergel looks back at Lidwien van de Ven's document, her installation of photographs at documenta 12, in terms of their investment in both memory and perception. Annie Fletcher speaks to Lidwien van de Ven about her working method, her relation to media images of conflicts and politics, and her mapping of the field of the visible.

Sarah Lowndes looks at the processes of creation, ritual and translation in Thea Djordjadze's obliquely referential sculptures and installations, and Vanessa Joan Müller examines Djordjadze's questioning of categories and fixed temporal structures as means of understanding or 'reading' objects.

An van. Dienderen uses the ideas of the 'interval' and plural authorship to situate Trinh T. Minh-ha's films and books within the many worlds — post-colonial, feminist, independent film, artistic — into which her works cross over. Joshua Fausty asks, in a study of Trinh's critical writing, whether the essay form can offer new ways of describing the world.

In the back section, Claire Barliant surveys new strategies in art-making in the US in response to the housing crisis, while David Quigley looks at the early twentieth-century figure Carl Einstein to analyse how we write art history. Finally, Pieter Van Bogaert sets into contrast Georges Didi-Huberman's reading of images of the Holocaust with Renzo Martens's video Episode 3: Enjoy Poverty.


Issue 23 can be purchased in bookshops across the UK, Europe and America.
 For more information on
Afterall or to subscribe, visit our website: http://www.afterall.org.

Exclusive to our website, Afterall Online publishes new content twice a month. Recent posts include a discussion between the film-maker Duncan Campbell and Stuart Comer, a photo-essay on British radical printshops, and an essay by Nav Haq on the valuation of art.

Afterall Books' latest titles are Richard Long: A Line Made by Walking by Dieter Roelstraete and Marcel Duchamp: Étant donnés by Julian Jason Haladyn. For more information on the One Work series please visit http://www.afterall.org/books/one.work/

Afterall journal is published by Central Saint Martins College of Art & Design, London, in association with MuHKA, Antwerp and UNIA arteypensamiento, Seville.



[imagen: No Grupo (Maris Bustamante, Melquíades Herrera, Alfredo Núñez y Rubén Valencia), Cartel de la acción Montaje de Momentos Plásticos, presentada en el Primer Coloquio de Arte No-objetual y Arte Urbano en Medellín, Colombia, 1981. Impresión en offset en tres partes, 57 x 87 cm. c/u. Cortesía de Andrea y Neus Valencia]

miércoles, diciembre 02, 2009

Un arte impuro, por Fietta Jarque

Ad portas de la 'celebración' de los bicentenarios, el próximo 2010, no debe sorprendernos que gran parte (sino toda) la atención del aparato cultural español y de varios de los países de América Latina se vire hacia la 'revisión' de las políticas de intercambio entre estos dos continentes, que aún se encuentran en gran medida en el espectro del discurso liberal neocolonial. El suplemento Babelia le dedica un temprano especial al tema de los 'bicentenarios' que titula 'Inventar América', y se incluye allí un artículo sobre el 'arte latinoamericano' de Fietta Jarque, en donde aunque se recuperan voces interesantes como las de Medina, Buntinx o Longoni se termina afirmando a grandes rasgos y en un tono paternalista que "el arte latinoamericano llega a la madurez". El arranque está dado y será interesante ver qué operaciones y modos de representación intercontinental empiezan a configurarse a lo largo del 2010. El panorama debería ser más alentador que la desverguenza por las 'celebraciones' del Quinto Centenario en 1992, aunque no creo que demasiado.

Reproduzco el artículo en su integridad.

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Un arte impuro

por Fietta Jarque

Mestizo y cosmopolita, politizado y global sin perder ciertas señas de identidad, el arte latinoamericano llega a la madurez

La mescolanza del mundo global diluye las identidades. En el arte contemporáneo es fácil comprobarlo al recorrer cualquier feria que reúna artistas de distintos países. A simple vista es casi imposible determinar su origen. Pero existe un fenómeno llamativo. El arte de América Latina mantiene su distinción. Resulta sintomático, por ejemplo, que la Tate Modern creara en 2000 una comisión especial para adquisiciones de arte latinoamericano, o que las grandes casas de subastas internacionales dediquen ventas monográficas a los artistas contemporáneos de esa región. Hace poco más de un mes tuvo lugar la primera subasta anual de esta especialidad en Londres, en la firma Phillips de Pury, que vendió obras por un total de 1.846.600 dólares. Una suma no muy elevada, aunque ese es uno de los elementos atractivos para los coleccionistas actuales.

"Creo que ahora mismo la única región artística del mundo que tiene sustancialidad como tal es América Latina. Es el único territorio en donde los participantes del juego artístico comparten una serie de referencias y deberes comunes en términos históricos, sin que eso tenga que ver con el tema de la identidad sino con determinada dialéctica cultural", afirma Cuauhtémoc Medina, comisario mexicano que integró desde sus inicios el mencionado consejo de la Tate. La dialéctica cultural a la que se refiere está compuesta por una trama de instituciones museológicas, colecciones, mercados y departamentos de universidades que producen un fértil campo de estudio, así como un amplio circuito comercial y de representación. "En Europa no sucede lo mismo, no existe como región artística".

Algo parecido opina el galerista colombiano Fernando Pradilla. "Creo que ha llegado el momento del arte latinoamericano. Hasta hace poco, todo el espectro estaba en pañales, sólo en Buenos Aires y México tenían una escena fuerte. Pero últimamente los artistas están saliendo del mercado local. Hay una apertura de la región hacia el mundo, sobre todo porque ahí la crisis se ha sentido menos. Por otro lado, el arte latinoamericano ha llegado a un punto de madurez. Además, está más blindado contra la especulación porque sus precios son más razonables", afirma.

Pradilla tiene galería en Bogotá y en Madrid. La española lleva abierta ocho años y dedica un 80% de su programación al arte latinoamericano emergente. Una labor solitaria que busca recompensas a largo plazo. "España actúa como puente entre el arte latinoamericano y Europa", sostiene Pradilla. "Lo que distingue a estos artistas es que siguen teniendo cierto arraigo a su propia historia, un interés por las circunstancias políticas y sociales. Y donde más se nota es en campos como el vídeo y la fotografía. Los artistas españoles, por ejemplo, no reflejan su realidad".

Aunque, para la crítica de arte argentina Ana Longoni, es mejor no simplificar. "Atribuir un aditamento político o ideológico como condición inherente al arte latinoamericano presenta varios flancos débiles. Sobre todo asume la alusión política en el arte como resultado de las urgencias de situaciones de conmoción o crisis que solemos atravesar en América Latina como si Europa estuviera exenta de esas (u otras) perturbaciones y sólo pudiese producirse allí -en contraste- un arte puro".

De todas formas, hay que admitir que si hay una chispa que haya encendido una y otra vez el motor del arte latinoamericano es la política. "El arte, para mi generación, era un buen instrumento de subversión", dice el artista uruguayo Luis Camnitzer (1937) en su reciente ensayo sobre el arte conceptual en dicho continente, Didáctica de la liberación (Cendeac, 2009). A través de su experiencia, se ha decidido a reescribir un capítulo del arte latinoamericano aportando una óptica que lo distingue de lo sucedido dentro de ese movimiento en el resto del mundo. Como él, otros señalan hoy la necesidad de revisar y revalorar los aportes de artistas y movimientos considerados hasta ahora sólo a la sombra de lo acontecido en las poderosas capitales del arte.

Longoni forma parte de una plataforma de teóricos y artistas llamada Red Conceptualismos del Sur, para la investigación, rescate y puesta en red de archivos documentales con el objetivo de dar a conocer las experiencias que eclosionaron desde los años sesenta en América Latina, en las que se conjugaban de manera radical las dimensiones poética y política. "Entiendo el sentido de mi trabajo de investigación en torno a la articulación entre arte y política en Argentina y América Latina sólo en tanto parte inescindible de una serie de esfuerzos colectivos por revisar (y en muchos casos directamente exhumar) episodios y dimensiones que han quedado silenciados o banalizados no sólo dentro de los relatos canónicos de la historia del arte sino también en los de la historia política. En ese sentido, veo la necesidad imperiosa de una relectura -y la consiguiente reescritura a muchas voces- de la historia del arte", dice Longoni.

Otro factor que ha dinamizado la escena del arte latinoamericano han sido las bienales. La escasez de museos de arte contemporáneo en esos países hace que las bienales contribuyan a centrar la atención del público en un conjunto de exposiciones reunidas. Aparte de la de São Paulo (la más antigua del continente), hay intentos de diversificar los formatos adaptándolos a ideas más cercanas a las necesidades y características del arte de la región, como hace la de Porto Alegre y, en estos momentos, la Trienal de Chile. El comisario de exposiciones peruano Gustavo Buntinx participa en esta última con una exposición sobre su proyecto de un museo ambulante titulado Micromuseo. En él se propone un encuentro específico, local, entre el arte pequeñoburgués-ilustrado y el popular-emergente. "La Trienal de Chile expone planteamientos sobre los límites del arte como los sostenidos en Asunción por el Museo del Barro, por Ticio Escobar (crítico de arte y actual ministro de Cultura de Paraguay), quien es precisamente el curador general de esta trienal. Con ellas coincide en muchos puntos Micromuseo, en Lima, que reivindica una musealidad promiscua donde las obras llamadas artísticas coexisten con productos masivos u objetos reciclados, además de notables ejemplos de la múltiple creatividad popular. Una especie de museo mestizo donde las palabras artista y artesano se irán reemplazando por la de artífice con el fin de significar la crisis de esas y otras distinciones en una sociedad hecha de lo impuro y lo contaminado".

Quizá sea esa impureza el ingrediente que da su particular sabor a las expresiones artísticas de un continente tan lleno de contrastes como de coincidencias. Mezclado, atomizado, pero con fuertes lazos históricos. Desigual, contradictorio y a la vez misteriosamente homogéneo. El arte en América Latina se está poniendo de pie. Y tiene mucho que contar.


[imagen: Fernando Prats, Sismografía de Chile. 2009. Acción Chaiten, Mapa de intuición 30, still, exhibido en la Trienal de Santiago de Chile]

miércoles, junio 24, 2009

Contra el arte latinoamericano. Entrevista a Gerardo Mosquera

Como comenté en un post anterior el número 91 de la revista ramona ha editado un dossier titulado "¿Podemos seguir hablando de "arte latinoamericano"?, coordinado por el investigador argentino Juan Pablo Pérez Roca. Este número acompaña y avanza en algunas discusiones que desde la Red Conceptualismos del Sur -de la cual Juan Pablo forma parte- se han puesto en marcha desde el año pasado. Este número de ramona incluye colaboraciones de Nelly Richard, Suely Rolnik, Joaquín Barriendos, entre otros. Reproduzco ahora el primer artículo, una entrevista al crítico cubano Gerardo Mosquera, actual curador adjunto del New Museum of Contemporary Art, Nueva York.
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Contra el arte latinoamericano

La entrevista al crítico y curador cubano Gerardo Mosquera realizada a través del correo electrónico, tiene como eje central abordar y discutir las especificidades del arte contemporáneo e instalar un debate en relación a lo “latinoamericano” hoy; reflexiones que se desprenden en el recorrido desde las categorías modernas de principios del siglo XX instaladas en el discurso crítico de América Latina hasta la resignificación actual del mainstream por incluir en sus relatos curatoriales el lugar de legitimación de las periferias. (1)


Juan Pablo Pérez (2)


Juan Pablo Pérez: ¿Existe un arte latinoamericano? ¿Cuáles serían las estrategias para pensar la identidad, la singularidad del lenguaje artístico y las categorías modernas como la “antropofagia”, que fueron asumidas en toda América Latina como forma de esgrimir una resistencia político-cultural no occidental?

Gerardo Mosquera: El modernismo brasileño construyó el paradigma de la “antropofagia” para legitimar su apropiación crítica, selectiva y metabolizante de tendencias artísticas europeas. Esta noción ha sido usada extensamente para caracterizar la paradójica resistencia anticolonial de la cultura latinoamericana por vía de su inclinación a copiar –como es sabido, sólo los japoneses nos superan en esto—, así como para aludir a su relación con el Occidente hegemónico. El mismo carácter multi-sincrético de la cultura latinoamericana facilita la operación, pues resulta que los elementos abrazados no son del todo foráneos. Podríamos incluso decir que América Latina es el epítome de este tipo de dinámica cultural, dada su problemática relación de identidad y diferencia con Occidente y sus centros, en virtud de la especificidad de su etnogénesis y de su historia colonial. Así, la práctica de la antropofagia permitió al modernismo personificar y aun potenciar complejidades y contradicciones críticas en la cultura del Continente. Ahora bien, el paradigma va más allá de América Latina para señalar un procedimiento característico del arte subalterno y postcolonial en general.
Los pensadores de la llamada “Santa Trinidad” de la teoría postcolonial (Bhabha, Edward Said y Gayatri Spivak), en cambio, basan su reflexión en las tensiones culturales bajo el régimen colonial, principalmente británico, y las secuelas de la descolonización después de la Segunda Guerra Mundial. La situación de América Latina es muy diferente debido a que los colonizadores se asentaron y acriollaron, el régimen colonial concluyó temprano en el siglo XIX, y los intentos de modernización y el modernismo tuvieron lugar tras una larga historia post y neocolonial. Por otro lado, es necesario señalar que el material de base de estos importantes pensadores y, en general, de la teoría postcolonial, procede en su casi totalidad del mundo de habla inglesa, ignorando todo lo demás, incluida América Latina entera.
A partir de su lanzamiento poético, la metáfora de la antropofagia ha sido desarrollada después por los críticos latinoamericanos como noción clave en la dinámica cultural del continente. Por un lado, describe una tendencia presente en América Latina desde los días iniciales de la colonización europea; por otro, plantea una estrategia de acción. Su línea no sólo ha sobrevivido al modernismo peleador de sus orígenes: se ha visto impulsada por el auge de las ideas postestructuralistas y postmodernas acerca de la apropiación, la resignificación y la validación de la copia. La antropofagia fue incluso el núcleo temático de la memorable XXIV Bienal de San Pablo, curada por Paulo Herkenhoff en 1998.
El énfasis en la apropiación de la cultura dominante como expediente de resistencia y afirmación de los sujetos subalternos se manifiesta también en el término "transculturación", acuñado por Fernando Ortiz en 1948 para destacar el intercambio bilateral implícito en toda "aculturación" (3). Aunque el papel activo del receptor de elementos exteriores –quien los selecciona, adapta y renueva— había sido señalado hace tiempo por la antropología, la proposición del nuevo término por Ortiz introducía un planteamiento ideológico: enfatizaba la energía de las culturas subalternas aun bajo condiciones extremas, como en el caso de los esclavos africanos en Brasil, Cuba y Haití. La noción establecía una reafirmación cultural de lo subalterno al nivel del vocablo mismo, y a la vez proponía una estrategia cultural desde su paradigma.
Si bien la apropiación es un proceso siempre presente en toda relación entre culturas, resulta más crítica en condiciones de subalternidad y postcolonialismo, cuando hay que lidiar de entrada con una cultura impuesta desde el poder. En este sentido, se ha llegado a afirmar que las periferias, debido a su ubicación en los mapas del poder económico, político, cultural y simbólico, han desarrollado una “cultura de la resignificación” de los repertorios impuestos por los centros. Es una estrategia transgresora desde posiciones de dependencia. Además de confiscar para uso propio, funciona cuestionando los cánones y la autoridad de los paradigmas centrales.

JPP: ¿Cuál es tu lectura sobre la condición apropiacionista como representación de los latinoamericanismos a partir del interés del mainstream por legitimar de manera canónica una nueva estetización de la otredad, lo subalterno, marginal y periférico?

GM: Es necesario romper con la visión demasiado afirmativa que implican tanto la antropofagia como la transculturación y otras nociones basadas en la apropiación. Siguiendo la metáfora de la antropofagia, es necesario subrayar la batalla digestiva que la relación que aquella plantea lleva implícita: a veces las consecuencias son la adicción, el estreñimiento o, peor aún, la diarrea. Según ha advertido Buarque de Hollanda, la antropofagia puede estereotipar un problemático concepto de una identidad nacional carnavalizante que siempre procesa en su beneficio todo lo que "no es suyo". Aunque la antropofagia refiere a una "deglución crítica", en palabras de Haroldo de Campos, hay que estar alerta frente a las dificultades de semejante programa pre-postmoderno, pues no se lleva adelante en un terreno neutral sino sometido, con una praxis que asume tácitamente las contradicciones de la dependencia. Hay que tener en cuenta también si el grado de transformación que experimenta el devorador al incorporar la cultura dominante apropiada no lo subsume dentro de esta. Además, la apropiación, vista del otro lado, satisface el deseo de la cultura dominante por un Otro reformado, reconocible, quien posee una diferencia en la semejanza –que en el caso de América Latina crea quizás la alteridad perfecta—, facilitando la relación de dominio sin quebrar la diferencia con un Otro “inferior” que permite establecer la identidad hegemónica.
Pero este casi-Otro actúa a la vez como un espejo que fractura la identidad del sujeto dominante, rearticulando la presencia subalterna en términos de su otredad repudiada.
Antropofagia, transculturación y, en general, apropiación y resignificación se relacionan con otro grupo de nociones propuestas desde la modernidad para caracterizar las dinámicas culturales en América Latina, y que hasta han llegado a ser estereotipadas como rasgos-síntesis de la identidad latinoamericana: mestizaje, sincretismo e hibridación. Al igual que la apropiación, estas nociones responden a procesos muy relevantes en la interacción cultural de un ámbito tan complejamente diverso como América Latina, con sus contrastes de todo tipo, su variedad cultural y racial, su coexistencia de temporalidades múltiples y sus modernidades zigzagueantes han demostrado ser muy productivas para analizar la cultura del continente y sus procesos.
La cooptación amenaza a toda acción cultural basada en el sincretismo, a pesar de que éste, en menor o mayor grado, ha sido siempre una vía de resistencia y afirmación para los subalternos. En nuestra época global y postcolonial, los procesos sincréticos se definen como negociación básica de las diferencias y el poder cultural. Pero aquellos no pueden ser asumidos de manera acomodaticia, cual solución armónica de las contradicciones postcoloniales. Tienen que conservar el filo crítico. No hay sincretismo real como unión de antagonismos no contradictorios, sino como estrategia de participación, resignificación y pluralización antihegemónicas.
Otro problema es que los sujetos subalternos apropiadores reinscriben el modelo occidental del sujeto soberano de la Ilustración y la modernidad, sin que se discuta la falacia de estos sujetos centrados y, más aún, en qué medida los sujetos subalternos son ellos mismos un efecto del poder dominante y sus discursos. No quiere decir que se niegue su capacidad de acción, que los paradigmas apropiadores ponen en primera línea en un giro muy valioso en términos epistemológicos y políticos. Pero esta capacidad tampoco puede sobredimensionarse como una figura acomodaticia que resuelve los problemas de la subalternidad cultural por medio de una sencilla reversión. Es preciso transparentar la constitución de los sujetos subalternos y sus acciones, y analizar la apropiación de un modo más complejamente ambivalente.
Como paradoja, los paradigmas apropiadores, que se basan en la incorporación de diferencias, subrayan la oposición polar entre culturas hegemónicas y subalternas. Hoy parece más plausible ver el entramado del poder y las diferencias dentro de una relación dialógica, donde la cultura impuesta pueda sentirse como “propia-ajena”, según decía Mijail Bajtín hablando del plurilingüismo literario (4), es decir, asimilando lo extranjero como propio. Los elementos culturales hegemónicos no sólo se imponen, también se asumen, confrontando el esquema de poder mediante la confiscación de los instrumentos de dominación, y a la vez mutando de forma ambivalente al sujeto apropiador hacia lo apropiado, sus sentidos y discursos. Así, por ejemplo, el sincretismo en América de dioses africanos con santos y vírgenes católicos, hecho por los esclavos cristianizados a la fuerza, no fue sólo una estrategia para disfrazar a los primeros tras los segundos –para continuar adorándolos en forma trasvestida–, ni siquiera una mezcla sintética: implicó la instalación de todos a la vez en un sistema inclusivo de muchas capas, aunque de estructura africana.

JPP: A partir de un pasaje de tu texto “El Síndrome de Marco Polo. El mundo de la diferencia: Notas sobre arte, globalización y periferias” aparece como propuesta desde las periferias la readecuación al sistema global del arte: La expansión de la práctica artística en el Tercer Mundo, además de quebrar el monismo occidental, puede conllevar cambios estructurales. Pues entonces, ¿cuáles serían las estrategias para confrontar “estructuralmente” el centralismo dominante como forma de reactivar las producciones desde las periferias?

GM: Más allá de estas interpretaciones de los procesos culturales, persiste un problema quizás más arduo: el flujo no puede quedar siempre en la misma dirección Norte-Sur, según dicta la estructura de poder. No importa cuán plausibles sean las estrategias apropiadoras, implican una acción de rebote que reproduce aquella estructura hegemónica aunque la contesten. Es necesario también invertir la corriente. No por darle la vuelta a un esquema binario de transferencia, desafiando su poder, ni por establecer una “repetición en la ruptura”, según diría Spivak, que mantendría los antagonismos bipolares, sino para pluralizar dentro de una participación activa múltiple, enriqueciendo la circulación internacional. Puede apreciarse que no hablo de un pluralismo neutral, “multiculturalista”, donde las diferencias permanecen neutralizadas dentro de una suerte de bantustanes, relativizadas en relación con las culturas hegemónicas, ni tampoco en calidad de un surtido de opciones disponibles, intercambiables, listas para ser consumidas. Me refiero a una pluralidad como toma de acción internacional por una diversidad de sujetos culturales, quienes, al actuar desde sus propias agendas, diversifican productivamente, para todos, la dinámica cultural. Por supuesto, esta toma de acción se ve limitada o manipulada por las estructuras de poder establecidas y sus circuitos y mercados. Pero también puede, por un lado, valerse de ellos para intereses y fines propios, mientras que, por el otro, establece una presión general hacia el cambio.
Condicionados por toda esta constelación de procesos y situaciones, hoy se están produciendo reajustes en las ecuaciones entre arte, cultura e internacionalización, y estas, a su vez, contribuyen a aquellos movimientos. En un proceso lleno de contradicciones, el salto geométrico en la práctica y la circulación del arte contemporáneo por todos lados está empezando a transformar el status quo. Los artistas lo están haciendo sin programa o manifiesto alguno, sólo al crear obra fresca, al introducir nuevas problemáticas y significados provenientes de sus experiencias diversas, y al infiltrar sus diferencias en circuitos artísticos más amplios y hasta cierto punto más verdaderamente globalizados. El viejo paradigma de la antropofagia y las estrategias culturales de la apropiación y del sincretismo están siendo reemplazados cada vez más por una nueva noción, que podríamos llamar el paradigma del “desde aquí”. En lugar de apropiar y refuncionalizar de modo crítico la cultura internacional impuesta, transformándola en beneficio propio, los artistas están haciendo activamente esa metacultura en primera instancia, sin complejos, desde sus propios imaginarios y perspectivas. Esta transformación epistemológica en la base de los discursos artísticos consiste en el cambio de una operación de incorporación creativa (teorizada por la apropiación) a otra de construcción internacional directa desde una variedad de sujetos, experiencias y culturas.
En general, la obra de muchos artistas de hoy, más que nombrar, describir, analizar, expresar o construir contextos, es hecha desde sus contextos –personales, históricos, culturales y sociales– en términos internacionales. El contexto deja así de ser un locus “cerrado”, relacionado con un concepto reductor de lo local, para proyectarse como un espacio desde donde se construye naturalmente la cultura internacional.

JPP: ¿Queda claro que si ya no hablamos de lo “latinoamericano” desde una perspectiva esencialista y unívoca, sino que en tiempos de globalización es menester tener en cuenta la noción de identidad en un sentido claramente dinámico, migrante, deslocalizado, descentrado, qué cabida tendrían el legado modernista en su condición “peleadora”, fagocitante y aglutinador de ciertas prácticas artístico-políticas como sedimentación cultural de América Latina?

GM: La cultura en América Latina ha padecido una neurosis de la identidad que no está curada por completo, y de la que este texto mismo forma parte, así sea por oposición. No obstante, ya a fines de los años 70 Frederico Morais vinculaba nuestra obsesión identitaria con el colonialismo, y sugería una idea "plural, diversa, multifacética" del Continente (5), fruto de su multiplicidad de origen. Aún las nociones mismas de América Latina e Iberoamérica siempre han sido muy problemáticas. ¿Incluyen al Caribe anglófono y al holandés? ¿A los chicanos? ¿Abarcan a los pueblos indígenas que a veces ni hablan lenguas europeas? Si reconocemos a estos últimos como latinoamericanos, ¿por qué no hacerlo con los pueblos indígenas al norte del Río Grande? ¿Lo que llamamos América Latina forma parte de Occidente o de No Occidente? ¿Acaso contradice a ambos, resaltando el esquematismo de tales nociones? En todo caso, hoy Estados Unidos, con más de 30 millones de habitantes de origen “hispano”, es sin duda uno de los países latinoamericanos más activos. Dados el auge migratorio y las tasas de crecimiento de la población “hispana” (la migración sin movimiento), en un futuro no lejano podría ser el tercer país de habla castellana, después de México y España.
Sin embargo, la idea de América Latina no se niega aún hoy día, según hacen algunos intelectuales africanos con la noción de África, considerada una invención colonial. La autoconciencia de pertenecer a una entidad histórico-cultural mal llamada América Latina se mantiene, pero problematizándola. No obstante, el “What is Africa?” de Mudimbe aumenta cada día su vigencia transferido a nuestro ámbito: ¿qué es América Latina? Entre otras cosas, una invención que podemos reinventar. Ahora tendemos a asumirnos un poco más en el fragmento, la yuxtaposición y el collage, aceptando nuestra diversidad y aún nuestras contradicciones. El peligro es acuñar, frente a las totalizaciones modernistas, un cliché postmoderno de América Latina como reino de la heterogeneidad total.
Ahora bien, a pesar de la diversidad de América Latina, y de la tendencia a la balcanización en su historia, las afinidades geográficas, históricas, económicas, culturales, lingüísticas y religiosas que constituyeron la región, y su ambivalente posicionamiento ante occidente, han hecho que continuemos identificándonos como latinoamericanos. Se trata de una conciencia real que puede conducirnos tanto a la solidaridad como al provincianismo.
Durante los años 80 y parte de los 90 se pedía con frecuencia al arte de América Latina manifestar explícitamente su diferencia o satisfacer expectativas de exotismo. Con frecuencia no se miraban las obras: se pedían de entrada sus pasaportes, y se revisaban los equipajes ante la sospecha de algún contrabando desde Nueva York, Londres o Berlín. Como resultado, algunos artistas se inclinaron a otrizarse ellos mismos, en un paradójico autoexotismo. La paradoja resulta aún más aguda si nos preguntamos por qué el “Otro” somos siempre nosotros, nunca ellos. Esta situación fue motivada también por mitologías nacionalistas que expresaban un culto tradicional a “las raíces”, y por la idealización romántica de convenciones acerca de la historia y los valores de la nación. Con frecuencia el poder usa o manipula el folclorismo nacionalista como retórica de una nación supuestamente integrada, participativa, disfrazando la exclusión real de los estratos populares, en especial los pueblos indígenas. Al final, el culto a la diferencia circunscribe al arte dentro de ghettos de circulación, publicación y consumo, que de inmediato limitan sus posibilidades de difusión y legitimación, tanto dentro de circuitos “Sur-Norte” como “Sur-Sur”, al reducirlo a campos predeterminados.
Cuando en un viejo texto de 1996 decía que el arte latinoamericano estaba dejando de serlo (6), me refería a dos procesos que observaba en el continente. Por un lado, la superación de la neurosis de la identidad entre los artistas, críticos y curadores. Esto ha traído una paz que permite mayor concentración en la labor artística. Por otro, el arte latinoamericano comienza a apreciarse en cuanto arte sin apellidos. En vez de exigírsele declarar el contexto, se le reconoce cada vez más como participante en una práctica general, que no tiene por necesidad que exponer el contexto, y que en ocasiones refiere al arte mismo. Así, los artistas de América Latina, como los de África o Asia, están exhibiendo, publicando y ejerciendo influencia fuera de los circuitos ghetto.
La cultura de América Latina, y en especial sus artes plásticas, han jugado frecuentemente de rebote, devolviendo las pelotas que les llegaban desde las metrópolis, apropiando tendencias hegemónicas para usarlas desde la inventiva individual de los artistas y la complejidad de sus contextos. La crítica ha puesto el énfasis en estas estrategias de resignificación, transformación y sincretismo. La postmodernidad, con su descrédito de la originalidad y su valoración de la copia, nos ayudó mucho. Pero serían también plausibles desplazamientos de enfoque que discutieran cómo el arte en América Latina ha enriquecido las tendencias "internacionales" dentro de ellas mismas, como parte de un proceso de modernismos plurales e interactuantes.
Además, mi texto polémico refería a la problemática totalización que conlleva el término “arte latinoamericano”. Algunos autores prefieren hablar de “arte en América Latina” en lugar de “arte latinoamericano”, como una convención desenfatizadora que procura subrayar, en el plano mismo del lenguaje, su rechazo a la dudosa construcción de una América Latina integral, emblemática, y, más allá, a toda generalización globalizante. Dejar de ser "arte latinoamericano" significa alejarse de la simplificación para resaltar la variedad extraordinaria de la producción simbólica en el continente.
Resaltar la práctica en sí del arte como creadora de diferencia cultural confronta la orientación de los discursos del modernismo en América Latina. Éstos tendían a acentuar la dirección contraria, es decir, la manera como el arte se correspondía con una cultura nacional ya dada, que contribuían a construir y reproducir. Lo hacían, hasta cierto punto, para legitimarse en el cuadro del nacionalismo imperante, al cual tanto contribuyeron. Ahora los artistas, por el contrario, más que representar los contextos, construyen sus obras desde ellos. Las identidades y los ambientes físicos, culturales y sociales son ahora más operados que mostrados, contradiciendo las expectativas de exotismo. Suelen ser identidades y contextos concurrentes en la construcción del metalenguaje artístico “internacional” y en la discusión de temas contemporáneos “globales”. Sus intervenciones introducen diferencias anti-homogeneizantes que construyen lo global desde posiciones de diferencia, subrayando la emergencia de nuevos sujetos culturales en la arena internacional.


(1) Gerardo Mosquera: Curador independiente, curador adjunto del New Museum of Contemporary Art, Nueva York.
(2) Juan Pablo Pérez: Licenciado en Artes (FFyL-UBA) y Profesor Nacional de Bellas Artes (IUNA-Prilidiano Pueyrredón). Docente de Arte Contemporáneo (UNTREF-IUNA-IES). Becario del Centro Cultural de la Cooperación (Buenos Aires). Forma parte de la Red de Investigadores sobre Conceptualismo en América Latina.
(3) Fernando Ortiz, Contrapunteo Cubano del Tabaco y el Azúcar, La Habana, 1940 (publicado en inglés en Nueva York por Alfred Knopf en 1947).
(4) Mijail M. Bajtín, “De la prehistoria de la palabra de la novela”, en sus Problemas literarios y estéticos, La Habana, Editorial Arte y Literatura, 1986, pp. 490-491. Sobre toda la cuestión ver Gerardo Mosquera, Global Islands, en Okwui Enwezor, Carlos Basualdo, Ute Meta Bauer, Susanne Ghez, Sarat Maharaj, Mark Nash y Octavio Zaya (editores), Créolité and Creolization. Documenta 11, Platform 3, Ostfildern-Ruit, Hatje Cantz Publishers, 2003, pp. 87-92.
(5) Frederico Morais: Las Artes Plásticas en la América Latina: del Trance a lo Transitorio, La Habana, 1990, pp. 4-5. Primera edición 1979.
(6) Gerardo Mosquera: "El arte latinoamericano deja de serlo", ARCO Latino, Madrid, 1996, pp. 7-10.

jueves, junio 11, 2009

Ramona 91. ¿Podemos seguir hablando de 'arte latinoamericano'?

Ha salido hace varias semanas el n. 91 de la revista Ramona. Por cuestiones de tiempo no había podido repostearlo con el dossier "¿Podemos seguir hablando de 'arte latinoamericano'?", coordinado por Juan Pablo Pérez Roca. Reproduzco la carátula, el índice y el texto de presentación.
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índice



    EDITORIAL
    Latido latino

    INTRODUCCIÓN
    ¿Podemos seguir hablando de “Arte Latinoamericano”?
    Juan Pablo Pérez

    ENTREVISTA
    Contra el arte latinoamericano
    Juan Pablo Pérez

    Para evitar falsos problemas
    Suely Rolnik

    Derivaciones periféricas en torno a lo intersticial
    Nelly Richard

    La tierrita sagrada
    Juan Pablo Pérez

    La emergencia del arte “periférico-global”
    Joaquín Barriendos

    Conversaciones en un transatlántico: sobre la nueva Colección Fortabat
    Fermín Eguía, Roberto Amigo y José Fernández Vega

    RESEÑA DE LIBRO
    Por una nueva iconología
    Mariano Oropeza

    RESEÑA DE MUESTRA
    La apariencia de lo que no tiene apariencia
    Mara De Giovanni



EDITORIAL

Latido latino

En medio de los primeros festejos del Grupo Bicentenario Latinoamericano (el grupo que integran Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, México y Venezuela, en tanto países de América Latina que festejan doscientos años de sus revoluciones independentistas entre 2009 y 2011), invito a los intrépidos a probar una combinación de alto voltaje en el marco de un debate muy palpitante: el que se desarrolla hace unas décadas en torno a la posibilidad y las implicancias de pensar en un “arte latinoamericano” y en el que –como buena latin lover que soy– no he dejado de participar desde varias instancias como mis dossier de arte y activismo en Latinoamérica, mis colaboraciones en las discusiones de Documenta 12 magazines, mis números dedicados a la escena artística de distintos países y ciudades de la región (ramona México, ramona Lima, y muy pronto…ramona Brasil!).

“Periferia”, “tercer mundo”, “subdesarrollo/en vías de desarrollo”, “sur”, son etiquetas que la teoría política y cultural naturalizó de manera más o menos determinista y general con países, regiones, continentes y hasta hemisferios, que no participan de la hegemonía política y económica del orden mundial en un momento histórico dado. En algunos casos se ha intentado establecer además un correlato entre esas ‘ubicaciones’ en el ranking internacional y las formas de subjetividad que allí emergen, en términos de identidad y también en relación con las producciones culturales que esos sujetos ‘otros’ llevaban a cabo y que representarían su identidad y sus condiciones de existencia.

En este número reúno a reconocidas voces críticas que asestan duros golpes a esas posturas sustancializadoras del ser latinoamericano y proponen reflexiones originales en torno a la relación entre territorio, globalización y cultura. Por ese palpitar, Juan Pablo Pérez –docente e investigador en artes visuales, impulsor y editor de este dossier– instala una pregunta que recorrerá todas las intervenciones para pensar cómo se fue gestando, transformando y resignificando la idea de internacionalización del arte latinoamericano: ¿podemos seguir hablando de un “arte latinoamericano”? “Contra el arte latinoamericano” se manifiesta el crítico y curador cubano Gerardo Mosquera, en el primer texto del dossier: una entrevista exhaustiva en la que periodiza la exigencia de exotismo para con los artistas latinoamericanos y señala que desde hace una década el arte latinoamericano comienza apreciarse fuera de su ghetto, como una práctica general que no tiene por necesidad que exponer su contexto. En “Para evitar falsos problemas”, Suely Rolnik explica los alcances del concepto de “subjetividad antropofágica” como noción superadora de los binarismos centro/periferia, en tanto implica que lo que importa de las imágenes e ideas consumidas no es su origen sino qué tipo de fuerzas las invisten. En “Derivaciones periféricas en torno a lo intersticial”, Nelly Richard reflexiona sobre los conceptos de hibridez, traducción cultural y sur, para indicar que la relación adentro/afuera/entremedio de las instituciones sólo se convierte en micropolítica cuando somete sus enunciados locales al desmontaje de sus propias gramáticas de producción. En el artículo de Juan Pablo Pérez “La tierrita sagrada”, la propuesta es repensar los conceptualismos latinoamericanos de los setenta a partir del caso de Alfredo Portillos, en cuya obra encuentra distintos procedimientos de inversión y reposición de signos: una rebeldía de los símbolos que indaga los modos de reformular las identidades de América Latina. En el último texto del dossier, Joaquín Barriendos vislumbra la emergencia de un arte periférico-global en el cual existe se produce una ‘translocación estratégica’ que permita a las obras que se hayan vuelto objetos y conceptos globales la posibilidad de genera una mentalidad ‘geoestética’ necesariamente contestataria, crítica y reflexiva.

Sube la presión pero este número no afloja, porque a continuación del dossier entramos en otra polémica, que también pone en cuestión las ideas de representación y el problema de lo nacional, esta vez en torno a la apertura al público de la Colección Fortabat. Roberto Amigo, Fermín Eguía y José Fernández Vega conversan después de la visita al edificio y discuten fortalezas y debilidades de la infraestructura, la ausencia de curador, la organización del material, el gusto que se puso en juego en la adquisición, los artistas más representados y mucho más.

Pasen y vean…tengo una corazonada: ¡les va a encantar!

sábado, setiembre 06, 2008

Lecturas III - Ejercicio para pensar el Boom

Sigue la subida de escritos de un conjunto que he recopilado de diversas fuentes y que continuarán apareciendo en los próximos días. Son textos en su mayoría ya publicados en prensa escrita o en Internet -web, o circulando en forma de correo- cuyo nexo en común es reflexionar sobre la práctica artística y sus ramificaciones. Textos en formato de reseña, crítica, crónica con alguna peculiaridad que me interesa resaltar.
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La literatura latinoamericana le lleva varias décadas de ventaja al arte contemporáneo latinoamericano por lo que respecta a integración mercantil global -en todos sus grados, variantes y peculiaridades- y a las complejas relaciones centro-periferia que de esta se derivan. Tales relaciones significan desigualdades, implican diferencias y retos, ponen a circular imaginarios y propician polémicas, posicionamientos y reflexiones.

Esa ventaja y la misma naturaleza del medio escrito hacen que nuestros colegas literatos lleven más tiempo dándole vueltas a estos asuntos y siendo quizás más explícitos e incisivos que los artistas visuales a la hora de interrogarse sobre el impacto del mercado.

Ahora que parece ser un lugar común afirmar que el arte contemporáneo peruano vive en situación de pre boom, que se viene algo grande, que suenan nombres y que el mercado e instituciones foráneas están volteando sus ojos y chequeras hacia galerías, talleres locales y artistas en el exterior, proponemos un sencillo ejercicio a partir de los artículos que aparecen al final de esta introducción.

Éste consiste en comparar a los agentes, espacios, prácticas, posicionamientos, estrategias, dilemas e inquietudes del ámbito literario citados en los textos por sus correspondientes o aproximados en el ámbito artístico -aunque no lleguen a coincidir del todo-
, y pensar qué podríamos decir los artistas locales al respecto.

O dicho de otra manera ¿tenemos los elementos para enfrentar críticamente la bonanza que se supone está a la vuelta de la esquina, discutir sobre las fortalezas y debilidades de la escena local y no tragar entero cuando se afirma que no hay nada por fuera del mercado?
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Los siguientes artículos han sido publicados recientemente en el suplemento cultural Babelia del rotativo madrileño El País, donde aparecen agrupados en una serie llamada Crónicas de América Latina en la que escritores de diferentes países del área abordan semana a semana diversos asuntos culturales.

Como complemento para una reflexión más completa es bueno revisar la compilación de citas
que aparece en el blog local http://deapuntes.blogspot.com/ bajo el nombre Del "arte latinoamericano" y otros demonios.
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Muy lejos del 'boom'
Alejandro Zambra
Babelia, El País, 23/08/2008

Mi generación fue la última cuya formación literaria fue, fundamentalmente, nacional. Crecimos leyendo a los chilenos, a los chilenos muertos, para ser preciso. En mi casa, como en la mayoría de las casas de clase media, la biblioteca consistía únicamente en una colección de libros baratos que venían de regalo con la revista Ercilla, un semanario oficialista. La biblioteca Ercilla incluía varias decenas de títulos de color rojo para la literatura española y de color café para la literatura chilena y de color beige para la literatura universal. No había una colección de libros latinoamericanos. No había, para nosotros, literatura latinoamericana. Doña Bárbara y el Martín Fierro figuraban entre los libros de literatura universal y, si mal no recuerdo, la obra más actual de la literatura española era Niebla, de Unamuno. Mi generación creció creyendo que la literatura chilena era de color café, y que no había algo así como una literatura latinoamericana. Por eso siento tan lejana la experiencia del boom. Una de las mejores novelas que he leído es El coronel no tiene quien le escriba y una de las peores sin duda es Memoria de mis putas tristes. Pero discutir sobre el boom sería, para mí, tan estimulante como debatir si el conceptismo o el culteranismo.

Para quienes nacimos durante los primeros años de la dictadura, la adolescencia coincidió con el retorno de la democracia (de una democracia adolescente, por decirlo con elegancia). Fue entonces cuando llegaron o reaparecieron todos los libros: la literatura del exilio, la literatura latinoamericana y la literatura a secas. Leímos como pudimos, con ímpetu, sin horizontes definidos, sin miedo a la promiscuidad: Yukio Mishima fue nuestro Severo Sarduy, Macedonio Fernández fue nuestro Laurence Sterne, Paul Celan fue nuestro César Vallejo, Álvaro Mutis fue nuestro abuelito, Robert Creeley nuestro amigo mudo y Emily Dickinson nuestra primera polola. Y Borges fue nuestro Borges.

De ese completo desorden, de ese encuentro tardío proviene el paisaje vigente. Algunos nos cambiamos de país y regresamos más chilenos que nunca. Otros se quedaron en Chile para poder ser ingleses o gringos o suecos. No es broma: a muchos escritores locales les pareció una fatalidad que Roberto Bolaño fuera chileno. Tal vez lo que les molestaba era que no renunciara a su nacionalidad. No exagero si digo que la mayoría de los chilenos no quieren leer a los chilenos, mucho menos a los latinoamericanos. Quieren, en el mejor de los casos, leer a Sándor Márai. No sé si eso es malo. No he leído a Márai. Soy, seguramente, el único escritor chileno que no ha leído a Sándor Márai.

Chile es país de poetas y de best sellers: de gente que indaga en el lenguaje y de gente que replica un español desabrido y temeroso, un español que nadie habla. En Chile desconfiamos de la escritura, para nosotros persiste el divorcio entre la lengua hablada y la lengua escrita: son muchas las palabras que decimos pero no escribimos y sin duda son demasiadas las frases que escribimos pero no decimos. Contra ese divorcio lucharon Gabriela Mistral, Nicanor Parra, Enrique Lihn, Jorge Teillier o Gonzalo Millán; se atrevieron, cada uno a su modo, a escribir, a buscar un lenguaje chileno y a la vez personal. Violeta Parra se atrevió a descubrirlo, a crearlo y, por si fuera poco, a cantarlo. El gran tema secreto de la literatura chilena es ese abismo entre lo que se dice y lo que se escribe. Lo que Neruda inventó fue un balbuceo elegante, un fraseo literario que favorece el rodeo y la eterna divagación. Los poetas chilenos olvidaron hace rato a Neruda, pero los narradores no. Los narradores chilenos escriben -escribimos- para adentro, como si la novela fuera, en realidad, el largo eco de un poema reprimido. Habría que encontrar, tal vez, ese poema no escrito pero presente en las novelas chilenas. Habría que escribir el poema y algo más; algo que lo niegue.

En cuanto a mí, los libros que he escrito los imaginaba distintos. Pero yo no tengo mucha imaginación: tal vez tengo buena memoria o buena voluntad de memoria, o buena memoria involuntaria. Al escribir Bonsái o La vida privada de los árboles no sabía muy bien qué quería representar. Tal vez nada. Todo lo que puedo decir sobre esos libros es posterior a la escritura, y corresponde, más bien, a la primera y única vez que los leí ya terminados. En ambos libros obedecí al solo deseo de desplegar imágenes que me parecían válidas. Ahora pienso que al escribir esas novelas quería nombrar las vidas medianas y nada novelescas de quienes crecimos leyendo libros de color rojo, beige y café. Ahora pienso que deseaba, quizás, hablar de personajes que no quieren o que no pueden ser personajes, tal vez porque son chilenos. Quizás deseaba hablar de nuestro pobre pasado vegetal, de la impostura, de las frágiles nuevas familias, en fin, de la vida que, como dice John Ashbery, es "un libro cuya lectura alguien ha abandonado", y de la muerte, de los muertos ajenos y de los muertos propios.

Pero tal vez me lo invento. Tal vez me proponía nada más que descubrir, para mí, una prosa pasable. Tal vez hablé de lo que hablé porque no quería o no podía hablar de otra cosa o de otra manera. Toda literatura es, finalmente, una falla. Toda literatura es personal y nacional. Toda literatura lucha contra sí misma, contra lo personal y contra lo nacional, porque, como escribe Henry Miller al comienzo de Black Spring, "lo que no está en medio de la calle es falso, derivado, es decir, literatura".

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El escritor local y el mercado internacional
Ronaldo Menéndez
Babelia, El País, 06/09/2008

Qué significa escribir -y pretender publicar- en Latinoamérica, cuando lo que se quiere es salir de Latinoamérica y darse a conocer en el mercado internacional? (Léase, sobre todo, español). Del río Bravo a la Patagonia cada ciudad letrada tiene lo suyo. Las sucursales de Alfaguara o Planeta funcionan con mayor o menor incidencia, justicia o perversión. Y el alcance de las editoriales locales también varía según el barrio.

Durante más de siete años en que estuve estirando mis yacimientos de tiempo por toda Latinoamérica, entre escritores en ciernes, triunfadores y frustrados, fui aprendiendo algo acerca de ciertos mitos. Porque independientemente del color que tenga el problema y el cristal con que se mire, los escritores atrapados en nuestros países de origen levantamos mitos literarios acerca de cuáles son las alternativas para dejar de ser un autor local.

Podríamos alzar un muro de las lamentaciones con las dificultades de inserción del escritor que vive en Latinoamérica con respecto al campo literario español, pero la tarea se parecería a una inútil muralla china, un colosal y árido monumento del aislamiento. Otra cosa sería ponernos pesimistas (léase realistas) con respecto a los mitos donde cuelgan sus trabajos y sus días tantos jóvenes escritores del otro lado del Atlántico. Quizá una mirada desalentadora constituya el mejor estímulo para mirar hacia adentro, hacia la soledad del escritor de fondo, y no preocuparse demasiado por eso que llaman carrera, sobre todo cuando abundan tantos mitos, espejismos y falacias.

El primero y más sustancioso podría llamarse "el mito del príncipe azul-concurso internacional". Muchos escritores viven convencidos de que un concurso te salva y te instala en el paraíso, cual príncipe azul, y que si se tiene talento es probable ganar de un día para otro un concurso internacional por encima de 50.000 euros, capaz de abrir todas las perspectivas con el golpe de un solo cheque. Es una verdad tan dura como una piedra el hecho de que los premios -sobre todo los más cuantiosos- no suelen decidirse en el ámbito del azar y de la cualidad limpiamente literaria, sino en una acción conjunta, y muchas veces antihigiénica, entre las editoriales, los agentes, el marketing y los dueños del cotarro.

Pariente cercano del príncipe azul, está "el mito del editor-hada madrina": ser descubierto e instalado en el parnaso por algún editor que pasa por Latinoamérica a algún evento, feria del libro o cosa por el estilo. Como todo mito tiene sus raíces en la realidad: hay quien ha tenido la suerte de ser descubierto. Pero el campo literario español es tan multitudinario, complejo y competitivo que los resultados a mediano plazo dependen mucho más de la presencia del autor conjunta a la gestión del agente y del editor que al golpe aislado de una novela o un premio. Piénsese cuántos han pasado bombos y platillos a disolverse en la cotidiana nada editorial. Sería una especie de efecto Warhol: no más de 15 minutos (o meses) de suerte, si ésta no se ancla en la constancia de la gestión y en la suma paulatina de los lectores. Como dice mi amigo el editor Javier Azpeitia: cada lector es una conquista.

Éste sí que es romántico: "el mito de la búsqueda del templo perdido". O sea, mandar a ciegas a cuanta editorial exista, peregrinar al estilo del joven Hemingway o de Salinger de casa en casa, hasta que algún editor con visión de futuro apueste por uno. Quienes nos hemos buscado la vida en el prestigioso circuito de los lectores de editoriales, sabemos que cada mes llegan cientos de manuscritos a cualquier departamento de lectura. Entonces se lee poco y mal. Con editoriales grandes (e incluso no tan mastodónticas) mandar a ciegas, probablemente, significa no ser visto. Muchas suelen utilizar la figura del agente como filtro, no leen manuscritos que no vengan de las agencias o recomendados por alguien.

En el otro extremo está "el mito-enajenación de que el mercado corrompe la literatura", y la gran obra se hace en recalcitrante soledad por uno y para uno y viva Kafka. Se tiende a pensar que toda gran obra tarde o temprano va a ser descubierta y a triunfar. Quizá eso ocurría mucho en otros tiempos (aunque no estoy tan seguro, puesto que de lo no rescatado nada se sabe por definición). Siendo optimistas, no creo que muchos quieran hoy ser descubiertos demasiado tarde, a lo Compay Segundo. Además, suponer que una gran obra es por naturaleza sólo para minorías y reacia al mercado es como pensar que porque existe un sujeto que además de ser inteligente es tartamudo, para poseer una auténtica inteligencia es necesario andar tartamudeando por la vida.

Lo grave de fomentar estos mitos durante mucho tiempo es que suelen convertirse en fuente de angustia y automarginación. Por poner un caso, si un joven escritor talentoso de una esquina olvidada del mundo recibe en un año quince cartas-tipo con respuestas adversas a su obra por parte de las editoriales, puede sentirse muy mal pensando que a su literatura se le escapa algo.

Aunque hoy parece un lugar común, sienta bien volver a los orígenes siempre tan profilácticos: escribir sin olvidar que en este oficio existe la soledad del escritor de fondo. El mercado está ahí, y seguirá estando y comportándose según sus reglas, sin que importe lo que piensa alguien en el altiplano. Está claro que en toda periferia se levantan mitos con respecto al centro, pero quizá no está tan claro, aunque es una verdad incontestable, el hecho de que tales mitos sólo contribuyen a que la periferia lo sea aún más. Como decía Confucio: si el problema tiene solución, no hay que preocuparse, y si el problema no tiene solución, tampoco hay que preocuparse. -