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miércoles, enero 27, 2010

Cuauhtémoc Medina: "Bienales como la de Venecia se están aburguesando" - Miguel Fernández Cid

A propósito del reciente proyecto Dominó Caníbal del curador mexicano Cuauhtémoc Medina republicó aquí una entrevista aparecida en el suplemento español El Cultural.
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Cuauhtémoc Medina

“Bienales como la de Venecia se están aburguesando”


Tras aterrizar en 2008 como uno de los proyectos más ambiciosos de la nueva política cultural de Murcia para renovar la aburrida idea de bienal de arte, el 25 de enero se inaugura la segunda edición del PAC (Proyecto de Arte Contemporáneo) con nuevo comisario y formato expositivo. El mexicano Cuauhtémoc Medina, uno de los latinoamericanos de más prestigio en el mundo del arte, es el responsable de Dominó caníbal, proyecto que durante todo el año hará a seis artistas intervenir, destruir o reinventar la propuesta de su predecesor en la Sala Verónicas. Todo un reto del que hablamos con Medina, que hoy mantendrá en Murcia una charla abierta al público con Jimmie Durham, el primero en mover ficha en esta extraña partida.



El ritmo de trabajo de Cuauhtémoc Medina (Ciudad de México, 1965) es frenético. Nos atiende entre llamada y llamada: se ha acostado a las 4 de la mañana y aún tiene que dejar algún texto para su columna quincenal en el periódico mexicano Reforma, antes de coger el avión que le trae a Murcia, a inaugurar la segunda edición del PAC y la primera de las intervenciones de esta edición. Acostumbrado al debate, le gusta ir directo y suele responder incisivo: no es de los teóricos que se esconden tras un discurso retórico.

Le preguntamos por su propuesta, en la que, bajo el sugerente título de Dominó caníbal, plantea una sucesión de intervenciones en las que cada artista parte de lo realizado por el anterior. La respuesta es contundente: “La mecánica del proyecto en sí es algo que llevo varios años pensando. Tiene que ver con cierta insatisfacción por la forma en que eventos similares a una bienal proponen una retórica de diálogos, cuando en realidad son tan sólo una suma de despliegues de individualidades. Y, sobre todo, el proyecto deriva de la fascinación que siento por un tipo de dispositivo de colectividad en medio de las diferencias: las acciones del movimiento Popular Mechanics de Sergey Kuryokhin en la Unión Soviética de Bréshnev y la forma en que la antropofagia brasileña planteó que el arte del Sur debía reclamar el gusto caníbal por el robo de la cultura ajena. También es cierto que pensaba en los cuadros intervenidos de Asger Jorn en su etapa situacionista y el comportamiento de la escultura en transformación del Proyecto continuamente alterado diariamente (1969) de Robert Morris. Me interesa además mezclarlo con la mecánica del juego del dominó como objeto transcultural, tanto por las transformaciones que el juego significa en su paso desde China a Italia, a España y a América Latina, como por el hecho de que el juego implica actuar en un campo de tensiones definido por las jugadas previas”.

Lo profano entra en Verónicas
Cuauhtémoc Medina lanza un guiño a la primera edición del PAC, Estratos, que aglutinó actividades por distintos espacios de la ciudad: “Aunque no asistí, conocí el proyecto de Bourriaud, y admiro mucho el delicioso debate que provocó Lara Almárcegui en torno a su genial montaña de escombros”. El discurso de Dominó caníbal es distinto: “El proyecto está enteramente localizado en un espacio: la antigua iglesia de Verónicas, hoy convertida en sala de exposiciones. La implicación que tiene esa iglesia en la historia de la superposición del catolicismo sobre el pasado musulmán, y del arte contemporáneo sobre el catolicismo, seguramente será una parte importante a la que se aluda en el proyecto. En su primera jugada, Jimmie Durham lo discute al traer al templo de arte, que fue el templo de otra clase de religión, todo lo profano, lo que queda antes y fuera del templo”.

En su texto -afirmativo, directo, baudelairiano-, habla de la línea que va de la colonización a la globalización capitalista, pasando por el postcolonialismo, y su incidencia en el mundo del arte: “La mecánica del proyecto es tanto una crítica a la fragmentación de las bienales y su operación como festival en un tiempo concentrado, como a la idea de que un tema pueda servirle como paraguas. La selección de artistas está definida por la importancia que todos tienen en los debates de la condición postcolonial y los diversos modos en que se efectúa el canibalismo intercultural, pero el sentido en que cada artista ha de abordar el reto a la hora de hacer su intervención no es algo predispuesto”.

También hace referencia al Manifiesto Antropófago de 1928, del poeta brasileño Oswald de Andrade, y a los cadáveres exquisitos de los surrealistas: “Para mí, el Manifiesto Antropófago es un referente liberador porque implica romper con cualquier discurso identitario que busca una pureza nativista y, al mismo tiempo, convierte el estereotipo del salvaje caníbal en procedimiento de invención cultural. Como nací en México, siempre me ha asombrado el modo en que Andrade dinamitó la idea del nacionalismo cultural como posición latinoamericana. Mi fascinación en ese punto es muy concreta: concedo una gran importancia a esa genealogía porque se aparta de toda política identitaria de afirmación. Lo que me interesa de ese momento son las coaliciones revolucionarias, la importancia de la república española para quienes crecimos y pensamos desde México, el rol de Bataille y su relación con Alejo Carpentier, o el encuentro entre Trotsky, Breton y Rivera, la forma en que Glauber Rocha hablaba de Buñuel como el surrealista mexicano clave”.

Alternativa a la bienal
Cuauhtémoc Medina habla ahora de buscar una alternativa al modelo de bienales y proyectos específicos: “Estoy a favor de la violenta transformación que el protagonismo de las bienales ha tenido en las últimas dos décadas. Creo que, sobre todo, a partir del cambio de polaridad que introdujeron las bienales de La Habana, Johannesburgo o São Paulo desde los años 80, se hizo posible perturbar la centralidad que tenía el monólogo de algo que yo llamo el arte de la OTAN. También sé que las bienales son circos. Pero si no hubiera circos, los circuitos artísticos nunca hubieran querido tener nada que ver con los monstruos: con el arte problemático, politizado o hipercrítico, especialmente del Sur. Con mucho, la bienal es el modelo de exhibición que mejor ha representado la autoconciencia metodológica del comisariado contemporáneo. Lo que me inquieta es la posibilidad de que ese género pueda ir decayendo hasta convertirse en un estereotipo conservador y por eso es por lo que vale la pena participar en él desde un postulado crítico. Como todo dispositivo cultural, la bienal produce géneros de práctica artística y cómo se desempeñan los artistas ante esas distintas estructuras es un asunto crucial para quieres estudiamos y nos interesamos en el arte”.

¿El lado oscuro de la bienalización del arte?: “La pérdida de energía y la no inclusión de nuevos artistas, geografías y prácticas disidentes por la presión, en eventos como Venecia, a complacer al público. Lo mismo sucede en los museos o en las publicaciones que tienen que lidiar con el bendito dilema que plantea que haya hoy millones de personas interesadas en el arte contemporáneo. También la forma en que a veces de modo acrítico estos eventos siguen siendo usados como medio de publicidad de los países, como diplomacia cultural, para vender imágenes edulcoradas de situaciones complejas o inaceptables como la de las consecuencias y valores detrás de las políticas de combate a las drogas en México”. Consciente de que tiende hacia lo próximo, retrocede: “Bienales como la de Venecia se están aburguesando, pero esa es una condición que hay que tener en cuenta al pensar un proyecto para ese evento. El problema no es el contexto, sino la falta de compromiso político”.

El plato fuerte
Dominó caníbal se abre y cierra con dos artistas habituados a provocar diferencias en las exposiciones colectivas, muy próximos a Cuauhtémoc Medina: Jimmie Durham y Francis Alÿs. Sorprende (por inhabitual) que el comisario acceda a señalar qué le interesó de cada uno de ellos para incluirlo en su proyecto.
-Pensé mucho a quién invitar a la exposición. Era importantísimo que el primer invitado, que al final es también la víctima del sacrificio caníbal, fuera un platillo muy fuerte y valioso. Durham es uno de los artistas que más importancia ha tenido en la reflexión y el debate del arte del Sur y como es el maestro de la operación de perturbar la cultura como un trickster, es decir, el personaje de los mitos, como la zorra, el coyote o la zarigöella (que en México llamamos tlacuache) que derrumba los mecanismos del poder con un truco, era el ideal para poner al resto de los artistas una trampa. La siguiente, Cristina Lucas, tiene un reto espinoso, pero la forma iconoclasta de su feminismo le permitirá pensar cómo usar alguna clase de picota, como hizo al filosofar con el martillo sobre el Moisés de Miguel ángel. La sucesión de los demás artistas, espero, tiene también la apuesta de introducir diversas modalidades de crítica y canibalismo. Bruce High Quality Foundation es un colectivo que ha hecho de cierto parasitismo y de la invención de la personalidad artística un dispositivo para repensar cuál es la energía del agente artístico. Me imagino que Kendell Geers va a tener que negociar con el peculiar balance entre agresión y elegancia de su posición. Tania Bruguera no sólo es extraordinaria en retomar modelos históricos y presentes de todo tipo para repolitizarlos, sino que su cuestionamiento ético sobre el compromiso artístico esta vez se expresó en pedirme explícitamente que quería “devorarse a Kendell y pedir que se la comiera Rivane”: ya veremos qué quiere decir con eso... Rivane Neuenschwander encarna una continua reinvención de cómo involucrar la sutileza en el acto de cuestionamiento del rol del artista global, y seguramente marcará un cambio de temperatura y tono en la serie.

-¿Por qué Francis Alÿs para terminar el proyecto?
-Hacia 1991 Alÿs hizo una pieza casi desconocida en forma de un texto que operaba como el dominó, que también inspiró el proyecto. De él he tenido en cuenta su capacidad para transitar entre lo poético y lo político en contextos inesperados como una ventaja para completar el descuartizamiento. A todos se les mostró el espacio con planos e imágenes y se les comunicará del modo más detallado posible cada intervención de la serie, pero ni los artistas ni los organizadores sabemos cómo se desarrollará la partida. Cada jugador tendrá sólo entre seis y ocho semanas para reflexionar, regular y realizar su proyecto. Cada uno puede retirar, resignificar, reutilizar o reponer elementos de las jugadas previas, pero creo que ya son demasiadas erres para tener además reuniones...”

Entre España y América
La conversación prosigue y las opiniones se vuelven seductoras (“No creo que la respuesta a una crisis sea gastar menos, sino criticar más”), prosiguen sinceras (“Debo confesar que durante unos años me desesperaba un poco la falta de sustancialidad que uno sentía en el arte español”), esperanzadas (“Me parece importante que los artistas latinoamericanos en España se han convertido en una parte decisiva del arte local, como sucede con Alexander Apóstol o Carlos Garaicoa”). O rotundas, cuando habla del arte latinoamericano: “Lo que es importante es que el arte de esta región es parte del campo de fuerzas donde se define la cultura mundial hoy y quizá la única región geográfica cuyos debates y tendencias internas se están diputando todo el tiempo en el circuito global. Lo que quiero decir es que la pregunta de qué es el arte latinoamericano es una cuestión que concierne a un circuito que ya no es latinoamericano y esa es una victoria de la transformación del arte hoy”.

Cuauhtémoc Medina vive en México DF, donde es uno de los críticos más activos e influyentes. Comisario del pabellón mexicano en la última Bienal de Venecia, España no le es ajena: “Estudié en un colegio republicano español, el Colegio Madrid. Mi relación con España tiene que ver con el conflicto con la antigua metrópoli, pero también con el hecho de que yo puedo cantar el himno republicano”, dice.

Miguel FERNÁNDEZ-CID

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El efecto dominó
Con una presentación a modo de juego de relevos, el ciclo de exposiciones Dominó caníbal ocupará durante todo 2010 el espacio de la Sala Verónicas de Murcia, una antigua inglesia conventual del siglo XVIII, en la que cada uno de los siete artista que participan en el proyecto trabajará a partir de la propuesta del artista precedente. El norteamericano Jimmie Durham es el primero en abrir esta partida con una invasión en el espacio del templo cristiano de objetos y desechos hallados tras varias visitas a la región murciana. Trozos de cemento y vídrio, alambres, refrigeradores y barriles son el particular mapa del mundo con el que Durham cuestiona todo aquello que rechaza el espacio sagrado occidental. Un cadáver exquisito que mediante el residuo empieza hablando de exclusión y violencia y al que deberán dar réplica la intervención de la única artista española entre los seleccionados, Cristina Lucas (26 de marzo), el colectivo Bruce High Quality Foundation (21 de mayo), Kendell Geers (9 de julio), Tania Bruguera (24 de septiembre), Rivane Neuenschwander (12 noviembre) y Francis Alÿs (17 de diciembre).

martes, noviembre 03, 2009

Ramona 95. Bienales Internacionales en y desde Latinoamerica

Ya salió Ramona 95 cuyo tema central es sobre Bienales. Reproduzco el anuncio.
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INDICE
    EDITORIAL
    Veo, veo...

    BIENALES INTERNACIONALES EN Y DESDE LATINOAMÉRICA
    Introducción
    Cecilia Iida

    Entrevista a Llilian Llanes. Memoria y resistencia en los inicios
    de la Bienal de La Habana.

    Cecilia Iida

    Horror Vacui. Crítica institucional y suspensión (temporal) del sistema internacional del arte. Una conversación con Ivo Mesquita sobre la 28ª Bienal de San Pablo
    Joaquín Barriendos y Vinicius Spricigo

    Mirar el vacío: Una visión colectiva sobre la Bienal de San Pablo
    André Mesquita, Cristina Ribas, Euler Sandeville Jr., Flavia Vivacqua, Gavin Adams, Gisella Hiche y Graziela Kunsch

    Jerarquías Estéticas de la Modernidad/Colonialidad
    Joaquín Barriendos

    Reflexiones sobre los activismos artísticos y políticos latinoamericanos en el campo global
    Cecilia Iida

    REALIDAD Y REPRESENTACIÓN
    La construcción de mundos por imágenes
    Sofía Panzarini

    ENTREVISTA A OSVALDO ROMBERG
    Una resignificación permanente
    Julio Sapollnik y Mara De Giovanni

    RESEÑA DE LIBRO
    Una experiencia colectiva. Tucumán Arde y la vanguardia radicalizada
    María Rosa Gómez






EDITORIAL

Veo, veo...



“Mostrar”, “exponer”, “exhibir”, “presentar”, son acciones que las bienales internacionales de arte cumplen en grado superlativo desde que en 1895 abrió sus puertas la primera edición de la Bienal de Venecia. Desde aquel momento inaugural hasta la actualidad, estos mega eventos han crecido en número y relevancia en el campo artístico global, al punto de realizarse decenas de bienales internacionales por año y de ser consideradas citas insoslayables en el calendario de las artes visuales contemporáneas. Nada de esto ha pasado desapercibido a los críticos y teóricos del arte, que han sostenido vistosos debates antes, durante y mucho tiempo después de cada bienal, acerca de las propuestas museísticas y los proyectos pedagógicos de cada caso en particular o sobre los impactos en el mercado del arte que promueven en general. Así las cosas, había algo que me interesaba muchísimo pero que a partir del material actualmente disponible todavía no lograba vislumbrar: ¿cuáles son las posiciones críticas latinoamericanas frente a estos fenómenos, si las hay?
Afortunadamente, di con la docente e investigadora argentina Cecilia Iida, mi editora invitada, quien convocó a un grupo internacional de colaboradores y les propuso llevar adelante la escritura del dossier “Bienales internacionales en y desde Latinoamérica”. El dossier compila cinco intervenciones que, en su conjunto, producen una potente reflexión sobre las concepciones del arte que sustentan las decisiones organizacionales y curatoriales de estos encuentros bianuales.

En la entrevista que abre el dossier, la investigadora y curadora cubana Lilian Llanes da testimonio de su experiencia de quince años como directora de la Bienal de La Habana a la que concibió, desde una perspectiva tercermundista, como un foco de interés alternativo a los ya existentes, destinado a aquellos artistas que no entraban en los parámetros del establishment internacional. A continuación, encontrarán una conversación con Ivo Mesquita, el curador de la controvertida 28ª Bienal de São Paulo que tuvo entre sus iniciativas más discutidas la idea de dejar despojado de obras el segundo piso del pabellón y crear una gran plataforma para el encuentro, la reflexión y discusión sobre el sistema de las bienales de arte en el circuito artístico internacional. Para reproducir parte del debate que tuvo lugar a partir de esta propuesta radical, el dossier incluye también un texto colectivo de artistas, investigadores y activistas brasileños que instala la pregunta por rol que le toca ahora cumplir a la Bienal de São Paulo ante un nuevo orden profesional, técnico, económico, institucional que la misma Bienal ha ayudado a construir. Para cerrar la compilación, se incluyen dos artículos que enmarcan el problema en el contexto artístico global. En “Jerarquías estéticas de la modernidad/colonialidad”, el docente e investigador español Joaquín Barriendos propone un análisis de los dilemas descoloniales a los que se enfrentan los museos progresistas de arte, con especial interés en el proceso de reinvención de América Latina como “región geoestética emergente”. Y en “Reflexiones sobre los activismos artísticos y políticos latinoamericanos en el campo global”, Cecilia Iida estudia distintas acciones de artistas latinoamericanos activistas y plantea el interrogante por su recepción y posible incorporación al orden hegemónico vigente: ¿son leídas como prácticas de las resistencias o como resistencias que devienen funcionales al discurso dominante?

Voilà, amigas, todo a la vista.

sábado, junio 20, 2009

Bienales y peceras, por Lucas Ospina


En la ciudad de Luleå en el extremo norte de Suecia, a 90 kilómetros del círculo polar ártico, se inaugura este miércoles la bienal de arte “LAB 09”. El lunes a las siete de la noche hubo una charla abierta al público con el curador donde los artistas participantes describieron su trabajo a partir del tema de la convocatoria: “Riesgo”.

Un artista mejicano contrató a una mujer especializada en hipnotismo para hacer sesiones individuales a voluntarios que aceptan meterse en un cubo blanco donde hay un sillón, una silla y una cámara de video, luego, sobre una de las paredes de la cantera de sueño artificial, mostrará un video que dará cuenta de las experiencias.

Una pareja estadounidense investiga a un gran magnate sueco que logró tener a comienzos del siglo pasado el monopolio de la producción de fósforos en más de 37 países, hará un análisis a la psique sueca.

Para mostrar la fragilidad de la mujer, una rusa embarazada recreó una secuencia de la película ‘El Acorazado de Potemkin’ en la que un coche de bebé baja por una larga hilera de escaleras. Otra rusa toma fotos de gente bajo el agua porque “ahí no se puede respirar”, dice que eso hace que las personas sean como son; no ha encontrado colaboradores para su obra, a pesar del verano el agua está helada y todavía nadie se ha querido retratar.

Un surafricano dijo estar en contra del sistema político y va a esparcir litros de Coca-Cola en el suelo, como cuando ‘Los Trotamundos de Harlem’, un equipo de baloncesto acrobático, se presentaron en un salón de baile. Este episodio lo llevó a investigar también el Jazz, hará una acción que mezcla lo musical con lo deportivo.

Una brasilera está haciendo líneas con hilo negro de un lugar a otro de la sala, su trabajo no tiene un contenido definido y se llama “De todo el mundo para todo el mundo”.

Una polaca puso una centena de espejos alineados en cuadrícula sobre una pared, quiere hablar sobre la fragmentación del ser.

Un alemán instalará una pecera especial con unos peces que curan la piel de la gente a punta de pequeños mordiscos. Se inspiró en un revista médica. Admite que la eficacia no está comprobada porque lo que cura es la saliva y él no la ha visto, aunque sí muerden de una forma muy agradable, chupan. Trajo 40 especimenes y hay que comenzar pronto porque uno ya se comió a otro…

Y así, por horas, hablaron los artistas. En Luleå, en esta época del año no hay noche, el sol baja, toca el horizonte y sube, no se esconde, tal vez este día sin párpado hizo que la charla se extendiera más de lo planeado. El público eran los mismos artistas, los organizadores y un par de periodistas, una audiencia hipnotizada ante su propia presencia.

Las bienales son peceras para los artistas del mundo, sus pesquisas y divagaciones difícilmente podrían tener sentido en otro lugar.


[tomado del blog de Lucas Ospina]

miércoles, noviembre 19, 2008

6º Bienal del Mercosur / Entrevista a Gabriel Pérez-Barreiro

El último número de la revista catalana A-desk trae una entrevista de Martín Manen con Gabriel Pérez-Barreiro, quien fue el más reciente curador de la Bienal de Mercosur (2007) en Brasil. La conversación aborda temas que vinculan educación y arte en el marco del actual proceso de bienalización apoteósica, ya que es precisamente un hilo de énfasis pedagógico el que la Bienal de Mercosur decidió asumir para todas sus futuras ediciones, y que tuvo a Luis Camnitzer como reciente curador pedagógico.

Reproduzco la entrevista en su integridad.
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“La decisión de ocupar o no determinado edificio o espacio expositivo es una cuestión meramente técnica, por muy radical que pueda parecer al comienzo”
Entrevista a Gabriel Pérez-Barreiro
por: Martí Manen

Gabriel Pérez-Barreiro fue el comisario de la 6ª edición de la Bienal del Mercosur en Brasil, apostando por un modelo de bienal a largo plazo con una base educativa como eje vertebrador. Pérez-Barreiro es también director de la Colección Patricia Phelps de Cisneros de arte latinoamericano. Con Gabriel Pérez-Barreiro hablamos de la situación actual de las bienales y las ferias, de contenidos y formatos, así como del papel de la colección.

Martí Manen: La 6ª edición de la Bienal del Mercosur es un buen ejemplo de la voluntad para redefinir la temporalidad de las bienales. El proyecto educativo empieza mucho antes de lo habitual, y el propio display de exposición entiende que una visita necesita de sus momentos de pausa. Planteas la idea del evento como el momento de visibilidad dentro de un proceso que no se para. ¿Es posible que esto ocurra y, al mismo tiempo, que los curadores se encarguen de una edición en particular?

Gabriel Pérez-Barreiro: Sí, creo que sí. De hecho, la sexta edición de la Bienal del Mercosur (2007) se planteó con este propósito, es decir, con la idea de que estábamos trabajando cuestiones que iban mucho más allá de una u otra edición particular de la bienal, sino que iban al corazón de la misión de la Fundación Bienal y que ayudaran en las ediciones subsecuentes. Justamente uno de los problemas centrales que enfrenta cualquier bienal es ese ritmo esporádico en el cual se empieza siempre de cero, a las prisas, y reinventando todo. En el caso de la Bienal del Mercosur, tomamos la decisión de que la proyecto pedagógico sería el hilo conductor entre una y otra edición, lo cual no interfiere necesariamente en el trabajo de curaduría, e idealmente pasa a ser una ayuda. Y para la elección del curador, sí se tomó la decisión de que se daría prioridad a curadores con por lo menos un mínimo interés en la relación arte/público, y la convocatoria para la 7ª bienal se hizo con ese énfasis. Lo que hay que mantener es un equilibrio entre las prioridades permanentes de la Fundación Bienal, y la libertad que se debe dar a cada curador para explorar sus ideas. Creo que eso es algo bien factible. En otro nivel se trabajó mucho la parte de gestión para buscar un modelo sustentable y transparente para garantizar la supervivencia de la Fundación Bienal que no cuenta con fondos ni patrimonio propios.

MM: En el caso de la Bienal del Mercosur, se insiste en la responsabilidad social del evento, se potencia el programa educativo y se facilita el acceso a escuelas. De algún modo, la responsabilidad social deja vía libre para que los contenidos artísticos no puedan ser juzgados “artísticamente”. ¿Nos encontramos frente a un arma de doble filo? ¿Tenemos que replantear el papel crítico del arte en sí? ¿O el papel crítico y social se encuentra en la base estructural de cada evento?

GPB: Tu pregunta presupone una contradicción entre el esfuerzo educativo y el artístico. Creo que allí está la cuestión, pues muchas veces pensamos que arte y educación son conceptos enemigos, y que el énfasis sobre uno necesariamente limita la posibilidad del otro. Ahora, si pensamos el arte como un ejercicio de comunicación entre un artista y su público, y no como una expresión unidireccional de verdades esenciales, entonces el énfasis sobre esa comunicación no es un añadido, sino una responsabilidad central compartida entre el artista, el curador, el educador, y el público. Un poco fue esa la base que utilizamos en la bienal, y que fue plenamente desarrollado por Luis Camnitzer quien trabajó como curador pedagógico, diseñando los mecanismos de intercambio con el público.

MM: Las ferias y las bienales se van acercándose peligrosamente. Las ferias presentan programas, espacios y actividades que perfectamente podrían encontrarse dentro de una bienal y, por su lado, las bienales siguen los dictados de la economía del arte. ¿Nos vamos hacia un modelo mixto? ¿La bienal se convierte en la plataforma a utilizar para aquellos que no tienen espacio o palabra en el mercado?

GPB: Es interesante preguntarnos si existe alguien ‘fuera’ del mercado en este momento. Está claro que hay mucha gente sin acceso a los centros mercantiles del arte, pero creo que muchas veces es eso, un problema de acceso y no de contenido, y a largo plazo esos problemas de acceso se van resolviendo. La experiencia nos dice que cada vez que surge una forma de arte ‘no coleccionable’ o ‘anti-mercado’ como fueron en su momento el video o performance, el mercado inevitablemente encuentra la manera de codificarlo y procesarlo. Entonces creo que la pregunta es aún más complicada, pues las bienales no deben ser únicamente una pre-feria, presentando y organizando productos ‘globales’ para su consumo por un mercado central, y a la vez, por más conferencias, paneles y ‘project rooms’ que organice una feria de arte (como ARCO o Miami) no deja de ser un adorno para la operación central, que es vender más arte y más caro. Ante este panorama bastante desolador, nos cabe preguntar si puede existir otro modelo que articule el arte de otra manera que no sea como producto de consumo para un mercado (sea financiero o intelectual/personal). Creo que aquí es donde podemos pensar en una bienal que no acepte la lógica de consumo, no pensando que exista un arte fuera del mercado, o haciendo ‘statements’ simbólicos sobre arte y política, sino planteando otra relación con la sociedad, y tratando de crear un diálogo real entre arte y público. Eso es algo que al mercado no le interesa, y que lamentablemente a muchas bienales tampoco, pues heredan del mercado una actitud autoritaria y elitista (o demagógica) ante el público, como si no fuera algo relevante para el arte.

MM: La bienal y el vacío también se dan la mano. Sea el vacío objetual que puede sobreentenderse en la edición actual de la bienal de Sao Paulo, o sea el vacío irónico de la bienal del Caribe organizada por Maurizzio Cattelan y compañía. La edición fallida de Manifesta también apostaba por un ritmo donde la visibilidad era difícil. ¿Crees que es pertinentne esta renuncia a ocupar los espacios con lo que supuestamente toca?

GPB: Personalmente no creo que exista ese vacío, pues el mero hecho de señalarlo ya lo convierte en algo más que nada. La decisión de ocupar o no determinado edificio o espacio expositivo es una cuestión meramente técnica, por muy radical que pueda parecer al comienzo. Me parece que la pregunta más importante es qué se propone como sustituto, cómo trabajar el espacio que queda ‘liberado’ o desplazado. El puro acto de renuncia no me parece algo interesante por sí.

MM: Cambiando de tema, desde hace un tiempo eres el director de la Colección Patricia Phelps de Cisneros. Una de las colecciones más importantes de arte Latino. ¿Qué papel juega una colección en el entramado artístico hoy? La idea de colección está cambiando y, si veíamos que las bienales modifican su temporalidad, podríamos también observar cómo las colecciones apuestan también por otros tiempos, otros modos de hacer y, seguramente, buscan otro tipo de resultado. ¿Estamos frente a una nueva situación? ¿La colección y la figura del coleccionista vuelven a ser el mecenas que fue el gran museo hace no demasiado tiempo?

GPB: Es una pregunta bien compleja, pues existen tantos modelos de colección como bienales o museos. Lo que sí rescataría es que la colección particular puede tomar riesgos que pocas instituciones se permiten. Si pensamos en la importancia que tuvo Saatchi para impulsar al arte contemporáneo británico, o el de los Rockefeller para establecer el Museo de Arte Moderno de Nueva York, vemos que son iniciativas que el Estado seguramente no hubiera tomado por su cuenta. Sin embargo debe existir una sinergia entre lo privado y lo público, y en los mejores casos las colecciones desafían pero apoyan las instituciones a largo plazo. Las colecciones particulares más importantes en este momento son esas que consiguen ampliar los términos de discusión, y apoyar la generación de conocimiento sobre fenómenos artísticos menos conocidos o considerados por el mainstream. La flexibilidad de lo privado, y su capacidad de mayor apuesta y riesgo son actitudes que al final benefician a todo el sistema artístico.