viernes, octubre 17, 2008

Transportes Aparicio: 50 Grandes No Éxitos, de Juan Javier Salazar

Juan Javier Salazar es uno de los artistas que más aprecio en la escena local. Casi que no llego a recordar cómo me vinculé con su trabajo personal, mi primera hipótesis es que fue a través del ensayo de Emilio Tarazona "Iniciativas de monumentalidad y rituales de conmemoración: Un enfoque programático del no-objetualismo en el Perú", que probablemente leí en el 2002/2003, donde Tarazona describe y muestra dos obras que me parecieron fabulosas: un 'Conchal' realizado a modo de un mero amontonamiento de restos de cigarros, chapas de cerveza y desperdicios, y la ya mejor conocida intervención en la Plaza de Armas, donde el artista envolvió por completo la escultura de Francisco Pizarro. Entonces yo no tenía ni 20 años, y mis referencias mínimas sobre su trabajo eran a través del taller E.P.S. Huayco, del cual había podido leer algunos textos de Gustavo Buntinx. Particularme recuerdo uno titulado "La utopía perdida: Imágenes de la Revolución bajo el Segundo Belaundismo", donde se hacía un recuento del trabajo posterior de los artistas luego de la ruptura de Huayco en 1981.
Luego de leer y ver algunas de sus obras pude conocer a Salazar directamente, dentro de las tareas de organización del II Congreso de las Artes (2004), y al conocerlo ya la percepción que uno tiene sobre su trabajo cambia radicalmente. Y es que la producción de Salazar más que ser una sucesión de objetos materiales es un conjunto de historias y narraciones, su trabajo es esencialmente oral y con una particular dimensión performativa, cosa que creo no se puede decir de ningún otro artista del medio local. Es curioso pero cada una de sus obras que he visto en los últimos tres años me fueron narradas por él -o fueron narradas para un público numeroso- a modo de chiste, cada instalación es primero una broma corrosiva, una anécdota política, un cuento absurdo.
De hecho lo he oido también contando historias sobre mí, recordando cuando en 2006 en el marco de su exposición retrospectiva Juan Javier Salazar: Super-visiones. antes, durante y después (1978-2006), aprovechando que yo había recibido un poco de dinero por un trabajo de registro fotográfico, le dije que quería comprarle una de sus dos esculturas más grandes allí exhibidas. Y él, sin comprender bien a lo que me refería, y completamente sorprendido, me dijo: "¿¿Pero dónde la vas a poner??". Y a lo cual yo le respondí: "No tengo idea".

Juan Javier Salazar acaba de inaugurar en el Centro Cultural Ricardo Palma de la Municipalidad de Miraflores. Una exposición gestada cuando yo todavía estaba en Lima compartiendo funciones con R. Quijano, E. Tarazona y S. Lerner en la dirección de las Salas de Miraflores, y cuyo proyecto ahora culminado me da impotencia no poder ver. El título es "Transportes Aparicio. 50 Grandes No Éxitos", el cual deviene de uno de sus cómic bajo el mismo nombre, y cuyo juego de lenguaje ha sido recurrente en varias de las recientes piezas de Salazar. Otra de sus joyas es la empresa "Morales & Inmorales Contratistas Generales", con el lema: "construimos, destruimos y reconstruimos".


Como no tengo más información que la invitación mal escaneada que me manda el artista, cuelgo la nota de Maribel de Paz aparecida ayer en la revista Caretas -tomada del blog Zona de Noticias de Paolo de Lima-. Y si alguien tiene fotografías de la exposición por favor que me mande!
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Colisión con Ilusión


La veloz ironía de Juan Javier Salazar en nuevas indagaciones sobre la anormal normalidad peruana

Por Maribel de Paz*

La frase pareciera hecha para él, pero no lo es. Cuando el escritor neerlandés Cees Nooteboom se refirió en su libro El enigma de la luz a un "arsenal de delirios" no aludía a la obra del peruano Juan Javier Salazar, artífice del ochentero colectivo Huayco, sino al renacentista Pieter Brueghel. Sin embargo, deambulando por los pasillos vacíos de la galería del Centro Cultural Ricardo Palma en pleno Miraflores, el arsenal entero pareciera activarse ante el espectador, incluidos candelabros con tetas, billetes que solo sirven para pagarle a la Sunat, y un bus asesino de la carretera Panamericana. Entonces, el único visitante del lugar se acerca para consultar, en franca estupefacción, si el autor quizá sea uno de esos internos del Larco Herrera que pintan como parte de su terapia.

Ya más tarde, en el café de enfrente, Salazar, la barba que ya asoma, las uñas impregnadas de pintura, el habla imparable, dice que de loco, nada. Dice, también, que el arquetipo del artista demente es parte del problema del panorama cultural local. "Huayco instauró la idea de que ser artista plástico y pensar no era incompatible", dice y agrega que tiene una película titulada Nunca nos atraparán, y que en Italia han abierto los manicomios y los locos se han ido a sus casas porque está demostrado que no se curan, y que así Roma por fin se ha vuelto la ciudad de Fellini.


La muestra, titulada "Transportes Aparicio: 50 Grandes No Éxitos", en la que instalación, cómic, escultura y pintura se juntan para narrar la desvariada historia del Perú junto a la del propio artista, tiene ciertamente un componente renacentista. En el cuadro titulado "Camión frigorífico con 20 toneladas de pota colisiona con ómnibus interprovincial de pasajeros. 26 heridos, ni un muerto", Salazar ofrece su particular versión de "El Entierro del Conde de Orgaz", de El Greco. Allí, el supuesto conde en lugar de reposar en brazos de San Agustín lo hace sobre el poco celestial lomo de un calamar gigante. Y ahí, entre calamares, pollos y papel higiénico se asoman Alan García, Lady Bardales, Cipriani, Toledo y hasta Martha Hildebrandt. Salazar no abandona, pues, esa indagación alrededor de los mitos nacionales, entre cuyos hits se encuentran sus otorongos de peluche con forma de Perú.

Pero Salazar, quien desde hace dos años vive sin luz eléctrica en Cieneguilla, quiere hablar también de la coyuntura y de la creación del Ministerio de Cultura, que cree debería recibir el 7 por ciento del PBI: "la cultura es el motor excéntrico de una sociedad que tiene que producir cambios para renovar sus consumos en un sistema de mercado convulsionado, y la única manera de hacerlo con originalidad es trayendo un aire nuevo, un espíritu, un sabor que sea renovador". Y continúa: "la publicidad debería tener un impuesto que vaya directamente a la cultura, asociando la publicidad con la toxina, y la cultura con la antitoxina".

Finalizado el café, una vueltita más por la exposición advertirá que Salazar no es ciertamente el lazarillo que evitará que, cual ciegos del célebre cuadro de Brueghel, nos precipitemos al suelo en efecto dominó. Adentrarse en su exposición es salir de una realidad estridente para adentrarse en otra hecha de óleo sobre triplay. Sin manual de salvación a la mano. Así, la muestra se constituye en una versión de diario chicha donde se apelmazan todo el desgarro y la muerte juntos. "Pero con cuidado y cariño", precisa.

Y Salazar sigue hablando. Habla de su empresa Morales & Inmorales Contratistas Generales, cuyo lema es "construimos, destruimos y reconstruimos". Habla de un Perú donde "la pobreza no es un problema de falta de recursos, sino de falta de cariño y estupidez". Habla de la usura en los países desarrollados, de las mágicas semillas anticoagulantes de los Mochicas que les permitían beber la sangre de sus sacrificados. Habla de los escritores que anda leyendo, de Steinbeck y Kurt Vonnegut; del festival de performance en Cali a donde se va pronto; del workshop de art in process en Liverpool del que ha vuelto hace poco. Y entonces, resta una pregunta. ¿Por qué debería ir la gente a su exposición? "Porque es divertida, y porque tiene que ver con sus vidas y las amplifica en su percepción". Y entonces, rauda, llega la verdadera respuesta: "Porque es gratis".


* Publicado en
Caretas 2049.
En la foto: Salazar va en el CC Ricardo Palma de la Municipalidad de Miraflores (Larco 770). [Leyenda de Caretas]


[imagen 1: Juan Javier, Consulta, 2006]

2 comentarios:

El Editor dijo...

Miguel.
Juan Javier me contó esa anécdota cuando le compraste esa escultura, y luego de unos meses la vio en la exposición Urbe&Arte, en el Museo de la Nación.

Saludos
David

Anónimo dijo...

y quien o quienes curaron esta muestra?