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domingo, enero 31, 2010

Censuran dos obras del Salón Regional de la Zona Caribe en Colombia

Via Esfera Publica ha circulado la noticia de censuras en el Salon Regional. Copio la nota entera que pueden ver también aquí. Para más información sobre los salones y actividades ver aquí.
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Censuran dos obras del Salón Regional de la Zona Caribe

Camo Oh Sailor!

El pasado lunes, fecha en la que se esperaba que fuera abierta la muestra de HACER DEL CUERPO- 13 SALÓN REGIONAL DE ARTISTAS ZONA CARIBE en las instalaciones de la Fundación Universitaria Tecnológico Comfenalco, a donde por mutuo acuerdo fueron trasladadas las obras de diez artistas que se encontraban en un principio en la Institución Educativa Nuestra Señora del Carmen (y que por motivos académicos sólo prestó sus instalaciones hasta el 24 de enero pasado), fueron censuradas las obras de dos de nuestros artistas.

Las obras que, según el Rector de esta fundación universitaria el señor Claudio Osorio, propenderían al vandalismo y a la obscenidad son las del joven fotógrafo cartagenero Camo y el esquema instalado del Grupo Roztro. La fotografía de Camo, de la serie Oh Sailor!, que muestra un desnudo masculino sin ninguna intención lasciva y que según las directivas de esta institución afectaría la moral de las mujeres que asisten a esta universidad (en las que se incluyen señoritas de 16 años), fue retirada sin previo aviso a los curadores por trabajadores de la Universidad. Por su parte, la obra de Roztro Chasís de la Ética Contemporánea, que aborda el tema de los derechos fundamentales del hombre y los animales, incluyendo los tópicos de raza, género, sexualidad, cultura y (paradójicamente) libertad de expresión, comenzó a ser borrada en horas de la mañana también, sin haber sido notificado ni el grupo curatorial ni los artistas, gracias a que, según las directivas, “el dibujo parecía un esquema satánico, invocaba al vandalismo y al grafiti y era recurrente el tema del sexo”.

Roztro Chasís de la Ética Contemporánea

Es claro que este problema es un caso de censura, y que la Fundación Universitaria Tecnológico Comfenalco truncó lo que en un principio se había acordado. El Grupo Curatorial respeta las políticas que tenga cada institución, sin embargo, en miras del compromiso que se tenía, funcionarios de la Fundación debieron haberse dirigido a la muestra en la Villa Olímpica a tiempo, con el fin de alertar acerca de la inconformidad con las obras y no hacerlo justo en el momento del montaje, afectando la exhibición de los diez artistas que conforman este componente.

Es una lástima que por unas pocas personas se vea torpedeado el esfuerzo de más de un año de juiciosa investigación y que en ciudades como Cartagena (ciudad que ostenta ante el mundo una pluralidad cultural a través de sus fiestas y sus festivales) aun haya gente que se escuda en retrógados principios moralizantes, demostrando a su vez una completa ignorancia de las prácticas artísticas contemporáneas y rechazando lo que es natural: el cuerpo humano y su fisionomía, como si se tratase de algún demonio sacado de alguna caja de Pandora, y lo que es peor, desconociendo al cuerpo como elemento comunicador y provocador de relaciones. Las obras censuradas poseen una alta calidad formal y conceptual y son producto de las inquietudes de artistas que están inmersos en investigaciones claras y contundentes y que son producto del contexto en el que viven.

Negar el desnudo como tema y la pared como soporte es negar la Historia del Arte. Censurar las piezas y esquivar la discusión, impide que el público amplíe su mirada y que la sociedad siga consumiendo lo que lo aliena o lo que le imponen, minando sustancialmente el carácter crítico de cualquier individuo, sin importar la edad.

Es claro también que en Cartagena, a pesar de los esfuerzos de la administración local, falta aun bastante tela por cortar en cuanto al apoyo público a proyectos en los que se visualicen realmente los procesos plásticos de la ciudad y en cuanto a la creación de espacios (fuera de los muy poco peleados que existen) donde se puedan mostrar las manifestaciones plásticas contemporáneas y discutirlas de una manera abierta, esas pocas que se escapan del espíritu decimonónico conformista presente en esos grandes dinosaurios que promueven una cultura sesgada de la Región (que se deslumbran con lo que llega del foráneo, pero que igualmente le dan la espalda a lo propio o lo abordan de una manera irresponsable) y que han ralentizado la proyección de nuestros artistas. Está más que presente la crisis de nuestros museos y galerías y fuera de las murallas, como lo había anotado no hace mucho el Maestro Oscar Collazos en una columna de El Universal, no se han implementado lugares para que el arte llegue verdaderamente a las comunidades. Y mientras no existan espacios aptos para la exhibición de obras contemporáneas, más difícil se va a llegar a que la gente comprenda las verdaderas dimensiones que abarca el arte actual.

Esperamos que la coyuntura del Salón Regional de Artistas y del próximo Salón Nacional de Artistas sirva para abrir espacios no sólo de discusión y diálogo alrededor del tema, sino también de solución a los problemas que afronta esta ciudad en el campo de la Cultura.

Juan Fernando Cáceres

Director del Proyecto

13 SALÓN REGIONAL DE ARTISTAS ZONA CARIBE

lunes, octubre 19, 2009

Arte, pobreza, glamour y subastas, por Lucas Ospina


En una clase de economía un profesor hace el ejercicio de subastar un dólar. Las reglas para la puja son las siguientes: la participación es voluntaria, el precio base es de $100 pesos, la subasta se cierra si no hay ofertas mayores o cuando el valor ofrecido llega a 4.000 pesos (1 US$ = $1838.26), la oferta que más paga recibe el billete de 1 dólar, la segunda oferta más alta debe pagar también el valor ofrecido. ¿Qué sucede?

Al comienzo mucha gente quiere comprar un dólar por 100 pesos, las ofertas comienzan a subir con rapidez, a medida que se van a acercando a la tasa de cambio —la del mercado negro y la oficial— la mayoría de estudiantes abandona la subasta y solo quedan aquellos que estiman que todavía hay “algo” de ganancia en juego. Al final, casi siempre quedan dos jugadores que se embarcan en una guerra sin fin subiendo la oferta del otro hasta que llegan al precio tope, cada uno ha querido pagar más tratando de salvar del ahogado el sombrero, el comprador victorioso pierde dinero mas recibe el dólar, el perdedor se lleva el oprobio.

El juego carece de equilibrio, los jugadores pueden perder todo su dinero en beneficio del subastador, pero es un caso ilustrativo: el compromiso generado por una inversión previa hace que los jugadores se sometan a una escalada que los aleja del valor nominal, el billete se convierte en un fetiche, un indicador del mercado del ego que sirve para sopesar a los individuos, las naciones y los tiempos.

En otras subastas otros compradores compran arte: “No estamos aquí buscando baratijas. No sería sabio, estamos tan inmersos en Damián que no contemplamos que la venta sea mala. Intentaremos comprar algunas cosas, pero procuraremos que otros coleccionistas pujen alto.” Esto fue lo que dijo con orgullo uno de los tres miembros de la familia Mugrabi, en Londres, en septiembre de 2008, a la entrada de Sothebys, la casa de subastas, antes de que comenzara la venta en un solo tirón de 223 trabajos del artista Damián Hirst. Los auspicios no eran los mejores, horas antes había sido anunciada la quiebra de otra gran firma de Wall Street víctima del efecto dominó de la recesión económica. Pero los Mugrabi, propietarios por esos días de más de 150 piezas de Hirst, estaban tranquilos, “Ellos están tan investidos que no son el jugador, son el casino” dice un galerista de su cuerda (los Mugrabi cuentan con más de 800 “fichas” de Warhol). A la subasta le fue bien, el record de ventas de 200 millones de dólares superó el precio histórico para un solo artista que tenía la venta de 88 obras de Pablo Picasso vendidas en 1993 por cerca de 20 millones de dólares.

Hubo un momento en la subasta cuando la venta de una obra conocida como el “Tiburón” se estancó en 5.2 millones de dólares. El precio estimado estaba entre 6.5 y 9.8 millones de dólares. Un miembro del clan Mugrabi se levantó de su silla y miró hacia donde estaban los telefonistas que atienden a los compradores ausentes en la sala; de inmediato una nueva oferta llegó vía telefónica, luego otra y otra más, hasta que la pieza se vendió por 13.9 millones de dólares que con impuestos sumaron más de 17 millones de dólares. Nada mal para una pecera gigante con un tiburón disecado que debe ser guardado en una oscura nevera para que no se arrugue ni desintegre; más costoso que un zoológico de mar nuevo con una variedad de peces aceptable. Pero a los Mugrabi poco les importa tener piezas invisibles, les importa que los precios suban o al menos no bajen, además solo prestan obras de su colección bajo tarifa: “pero no mucho, uno o dos millones de dólares”, dice uno de ellos.

Las subastas de arte son algo extraño al medio artístico colombiano y las raras veces que suceden vienen investidas con un eufemístico eslogan de caridad social: la culpa del gasto suntuario en un país que se muere de hambre se elimina si es por una buena causa. Pareciera además que el arte por el arte no llama la atención; y la conjunción resulta de gran utilidad para las fundaciones que reciben las utilidades por la venta, después de todo las obras de arte son un tipo de mercancía con un precio aun más subjetivo y volátil que la cotización del dólar negro.

La singularidad de este tipo de subastas es que los beneficios se extienden no solo a los niños malnutridos y familias destechadas, sino que artistas, galeristas y coleccionistas también se ven favorecidos: la puja hecha no responde solo al valor del arte y así como en la subasta didáctica del dólar dos estudiantes se dejan llevar por una narración egotista de vencedores y vencidos, aquí la filantropía le suma aura a las obras, con buenas intenciones se rellena el cascarón —para muchos vacuo— del arte expuesto y además se cotiza un precio que sirve de referencia encumbrada para futuras transacciones.

Este fue el caso de “Subasta Conexión Colombia: el arte por una causa”, que se hizo el pasado 30 de septiembre en la Galería La Cometa y que fue, según lo anuncian sus gestores, “un evento organizado con gran dedicación. En esta edición, así como en la pasada, se subastaron obras de grandes artistas como Andy Warhol, Alejandro Obregón, Enrique Grau, Edgar Negret, Antonio Caro —conocido por ser el padre del arte pop en Colombia— y del venezolano Carlos Cruz-Díez. Además de obras de artistas jóvenes que, como dato curioso, fueron las que más pujas recibieron.”

De 65 piezas, 48 fueron terminaron entre el público y 17 superaron su precio comercial. A manera de cápsulas informativas los organizadores cuentan que “la obra más pujada de la Subasta fue “Expectations” de Miguel Ángel Rojas (el nombre de la obra seguro causó entusiasmo entre los compradores); que “Cow” de Andy Warhol “fue subastada en $30 millones de pesos” (tal vez el comprador vio la exposición monográfica de este artista en Bogotá); y que “Criaturas de la noche”, del artista Kevin Mancera, “ fue la gran sorpresa de la noche, al triplicar su precio inicial en la subasta para cerrar en $ 2’800.000” (una puja por la obra de un artista joven que comenzaba con un precio bajo pero que permitía un muñequeo chichipato, inducía a pavonearse en la esgrima filantrópica).

Gracias a la conexión que ha hecho la subasta del “arte por una causa”, una modalidad criolla de subasta se ha consolidado, carece de la magnitud agiotista de los Mugrabi y está más cercana al límite de los 4.000 pesos impuesto por el profesor de economía para su clase, pero es clara su sinergia: junta el hambre de muchos con las ganas de comer (bien y sin culpa) de otros. Pero no pensemos con alma de guerrillero y como dice el crítico Robert Hughes “el dinero hace a los artistas más bien que mal. La idea de que el agua fría, los mendrugos y los cobradores les beneficia está casi tan extinguida como la creencia en el poder reformador de los azotes”. Lo que aquí se señala es que la fortuna adversa de una cantidad ingente de personas ha generado un método efectivo para apreciar el arte, duplica y hasta triplica el precio de una obra en una sola noche… uno desearía que ese milagro se extendiera y mejorara en igual magnitud la calidad de vida de toda esa masa ingente de infortunados que lidian día a día con el “agua fría, los mendrugos y los cobradores”; este evento en algo ayudará, pero la suma recogida (800 millones) es mínima comparada con las pérdidas que la corruptela estatal colombiana genera (4 billones anuales). Este tipo de subasta es todo un referente para transacciones de arte y de estatus.



[tomado de su blog]