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lunes, agosto 09, 2010

La anarquía de las maricas. Entrevista con Nazario

Casualidades de la vida, justo el fin de semana pasado estaba comentando con un amigo que una de las experiencias más interesantes de mi periodo en Barcelona, y en particular como parte del proyecto desarrollado con Beatriz Preciado en el PEI durante 2008 y 2009, fue precisamente la oportunidad de aproximarse a la experiencia contracultural y anárquica, franquista y posfranquista, de los 70 en Barcelona --y que, en alguna medida, debo decirlo aunque suene descabellado, me hizo pensar también inevitablemente en ciertos aspectos inexplorados de nuestros 80. Cuando pienso en esos 70 obviamente estoy considerando esas instancias de salto y transformación en los modos de pensar y hacer política: allí donde las gramáticas conjugaron la desobediencia social y sexual, entre la producción de cómics y fanzines, la arquitectura experimental y pequeñas comunas, entre los movimientos de liberación, las drogas y el rock, transitando por una reapropiación y resignificación corrosiva de ritos religiosos y códigos urbanos y barriobajeros como zonas vibrantes de resistencia e imaginación política. Allí donde las viejas militancias se confrontaron inevitablemente a modos altamente más promiscuos y peligrosos de entender la revuelta, los cuales transtornarán su guión ortodoxo, sus clásicas reivindicaciones y el horizonte mismo del proyecto emancipatorio. Sumergirme aunque sea parcialmente en esa experiencia durante estos últimos tiempos, atravesar esos cortocircuitos subculturales altamente politizados y férreamente corrosivos, es sin duda algo de lo cual no puedo dar aquí plena cuenta porque su entendimiento se ubica en la memoria del cuerpo, en las posibilidades del cuerpo de hacer política y alterar desde allí el entendimiento de las cosas --y cuyos efectos son imprevisibles en términos subjetivos. Hubo ciertamente un elemento clave en ese proceso de contaminación subjetiva del cual hablo y fue precisamente el encuentro amical con Nazario, un guerrillero rebelde de la pluma, travesti insumiso y acaso la bisagra crucial de la revolución marica y anarcoputa más furiosa y carnavalesca de la década. Describir aquellos encuentros aquí sería utópico (o inabarcable), tan solo baste decir hoy que era imposible ir a verlo y no salir otro.

Pero retomo mi primera línea: comenzaba este post hablando de casualidades porque precisamente el fin de semana pasado, ante la pregunta sobre ciertas experiencias para mí fundamentales durante mi paso por Barcelona, no pude evitar terminar hablado de Nazario y todas sus reverberaciones transmaricas con inocultable emoción, y ayer precisamente revisando la última edición del suplemento Soy de la revista Ñ me encuentro con una fantástica y sorpresiva nota sobre su trabajo y producción gráfica y performática (ver imagen de la tapa a la derecha), una experiencia estética que existe como reinvención permanente del cuerpo y del deseo.

Reproduzco la nota de Soy.
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La Anarquía de las Maricas

1971. En la España franquista, Barcelona empezaba a rebelarse, cobijando los primeros movimientos gays, feministas y libertarios. Y Nazario Luque, el primer historietista queer, empezaba a aportar en forma de viñetas y también con sus performances callejeras una estética anarcomaricona que desafía hasta hoy cualquier forma de regulación del deseo, cualquier límite a la orientación sexual y a la identidad de género. A punto de editar un libro que recopila una biografía que no reconoce tampoco límites con la ficción, abre las puertas de su casa sobre las ramblas barcelonesas para mostrar tanto su trayectoria de dibujante como las últimas orgías grabadas entre él, su compañero desde 1978 y algunos de los nueve amantes que comparten.

Por Diego Trerotola
desde Barcelona

En el corazón de la Barcelona actual, lustrada con esmero para ser una maqueta reluciente para turistas, todavía la Plaza Real –a un paso de la Rambla de estatuas vivientes, puestos de postales y souvenires kitsch–, irreductible a cualquier purga, funciona como una experiencia límite. Una fuente rodeada de palmeras y galerías dan la sombra justa para enrarecer el ambiente placero que, si bien tiene algo de escenario prefabricado con restó caza-euros de paseantes consumistas, también tiene bancos y columnas perfectos para que se instale y se esconda el dealer, el borracho, la gitana, el lumpen, la puta y demás merodeantes inclasificables. Sabiendo que iba para allí, alguien en un pub gay de la parte chic de la ciudad me había advertido que tuviese cuidado, que la cosa se ponía peligrosa, que se llena de drogones y “chorizos” dispuestos a lanzarse contra turistas. Cuando llegué a la Plaza Real alguien me recibió con cortesía, ofreciéndome hachís, una gran bienvenida que me aseguraba la calidez que buscaba. Así que elegí un banco con sol de primavera, que no era tan top como la luz púrpura que la canción de Cole Porter describe del verano español, pero casi. Me había reservado leer in situ el final de Plaza Real Safari, el libro que Nazario ilustró y escribió mirando por una ventana que ahora yo podía ver desde ese mismo banco donde leía. Y con Nazario, el historietista que había definido la contracultura española de resistencia libertaria, tenía cita una hora más tarde. La cita la había conseguido gracias a atreverme, unos días antes, a tocar el timbre del “corral de los maricones”, el piso que alguna vez Nazario había compartido con Ocaña, el pintor y performer ramblero travestido que hizo del strip-tease callejero un acto de provocación anarcomarica en la transición democrática. Había ido a la Plaza Real sabiendo perfectamente la dirección de su casa, pero una placa en el número 12, recordando el paso de Ocaña por ahí, igual hubiese delatado el lugar que definió la revolución cultural marica de los ’70. Mientras terminaba de leer el libro de Nazario, publicado cuatro años atrás, que describía esa misma plaza, en el banco al lado mío dormía una siesta de vino barato un croto gigantesco, mientras detrás los turistas con ropa de diseño picaban mariscos en un restó y sacaban fotos con cámaras pocket obscenamente caras. En las páginas del libro, Nazario define el doble filo de Plaza Real: “Para unos es un oasis en medio de la ciudad, un remanso de paz, un seno materno; para otros es lo más parecido al patio de la cárcel Modelo”. Esa dualidad de sofisticación y rusticidad, de tranquilidad y descontrol, es tal vez lo que define también el estilo artístico de Nazario, una frontera entre mundos atrapada en las viñetas de sus historietas, en las telas de sus cuadros.


Un barroco de trinchera

Cuando finalmente me recibe, Nazario Luque está fascinado frente a su computadora con las imágenes que capturó en su Sevilla natal, donde días atrás se había realizado una festividad para la que casi todos los habitantes del pueblo de su madre habían decorado las calles con un barroquismo artesanal. Las fotos eran estampitas recargadas de la fiebre andaluza por la alegría, por las flores y por la fiesta popular. Callejuelas cubiertas por artificiosas guirnaldas floridas enmarcaban el pueblito como el manto profanado de una virgencita de provincia, dándole un mismo halo de corrompida santidad paradisíaca. El brillo de la mirada de Nazario, su intensidad algo irónica, le adosaba un espesor marica a tanto adorno de papel, y cada vez que ampliaba con un clic alguna foto para mostrarla mejor en la pantalla, parecía que un documento rural se abría a una dimensión estética transformadora. A los 66 años, Nazario sigue probando nuevas formas de experimentación estética, recientemente comenzó a hacer ilustraciones a modo de collages digitales con fotos, pinturas e historietas, ensamblando fragmentos para crear una narrativa visual híbrida, como un puzzle abierto que no se deja resolver. Su estética mestiza, como él la denomina, nació profundamente híbrida, cuando llegó a Barcelona en 1971 y creó una comuna de dibujantes para comenzar a desplegar su mirada de la gran ciudad catalana con ojos de sevillano ardiente. “Me vine a Barcelona, como mucha gente, porque ésta era la ciudad más cosmopolita de España. Acá, en los últimos años de Franco, había montones de bares gays, había como veinte, más que en París. Estaba minado de bares gays con cierta tradición, a lo Genet, todo un ambiente de mariconeo, de travestis. Y Madrid, al ser la capital, siempre ha sido más facha que Barcelona, donde había una tradición anarquista durante la República. Aquí empezaron los movimientos de gays, el movimiento feminista y el libertario”, explica para entender el contexto donde Nazario comenzó su revolución gráfica a partir de historietas escatológicas y libertinas que, publicadas inicialmente en Francia o clandestinamente en la España franquista, se enredaron en las piruetas del barroquismo andaluz, la monstruosidad goyesca y el esperpento de Valle Inclán para poner sistemáticamente en ridículo a los “dos valores morales fundamentales instituidos en la sociedad española tradicional, la virginidad femenina y la abstinencia sexual”, como bien marca Eliseo Trenc. El primer historietista diverso de España desafiaría hasta hoy cualquier forma de regulación jerárquica del deseo, cualquier límite de la orientación sexual y de la identidad de género, para plantear su estética anarcomarica. Después vino el Almodóvar kitsch de Patty Diphusa con su desenfreno, pero antes de la movida madrileña, un sevillano con sandalias de plataforma verde loro, las uñas pintadas de violeta y una melena teñida se paseaba por las Ramblas barcelonesas y, en los tiempos libres, nunca como profesión ni como trabajo, dibujaba con la misma libertad con que se vestía para ir a yirar. De hecho, el personaje más popular que creó Nazario, su alter ego ramblero, se llama Anarcoma, es la improvisada detective travesti a la que le dedica dos álbumes de historietas, fue traducida a varios idiomas y sus aventuras todavía están entre las más sofisticadas formas del comic europeo. En el mundillo de Anarcoma –entre una trama que parece de ciencia ficción, con robots sexópatas y máquinas del placer– hay un espíritu de saga porno-documental, retratando la prostitución, la promiscuidad y la vida marginal de una Barcelona muchas veces silenciada. Anarcoma tal vez sea la máxima historieta trans: nadie a fuerza de trazos pateó más lejos esa barrera ridícula que quiere separar lo masculino de lo femenino, una androginia seductora se apropia de las aventuras de esa travesti amplificada como heroína magnánimamente vulgar, deseante, indestructible. También algunos relatos de Mujeres raras, libro misceláneo de Nazario, pueden competir por ser la más esperpéntica visión del cruce genérico, del mestizaje estético, sexual y conceptual, como aquella historieta titulada La hija de Copi, divertidas aventuras de una siniestra niña con “polla”, dedicada a la obra del genial escritor e historietista argentino Copi, quien se había comprometido a escribir el prólogo a uno de los álbumes de Nazario, pero su muerte se lo impidió.


La verbena de la maricona

La insubordinación genérica se tradujo no sólo en la obra de Nazario sino en su forma de vida, haciendo de su biografía un modo de celebratoria guerrilla maricona, de resistencia urbana a la higiene heterosexista que todavía quiere limpiar el espacio público de supuestas lacras, malos ejemplos para la ciudadanía. Recordó de aquellas épocas: “Ocaña llegaba a mi casa con un ‘Nena, ponte este vestido que a ti te quedará divino y yo me pongo este otro y nos vamos...’ a las fiestas de Gracia; a las Jornadas Libertarias; a presentar tal o cual festival o, simplemente, a dar una vuelta por las Ramblas y reírnos un rato con las mariconas amigas del Café de la Opera. Lo pasamos muy bien, incluso los tres días que nos tuvieron encerradas en la cárcel Modelo por hacer en las Ramblas lo que siempre hacíamos”. El incidente de la cárcel fue un 24 de julio de 1978, cuando Ocaña y Nazario salieron a celebrar travestidos la noche de la verbena de San Jaime, cantando en el Café de la Opera, cerca del lugar donde fue quemado un homosexual en la Inquisición, y la policía los reprimió brutalmente, acción que fue denunciada como “represión selectiva” a quienes “se salen de los bares y zonas que el sistema tolera” porque son “un rentable negocio”. Ideólogo del antisistema y el pensamiento libertario, Nazario es uno de los que todavía pone el cuerpo para transgredir el modo de funcionamiento y obediencia institucional que empezaba a imponer la cultura gay a través de la regulación de espacios, un orden siempre con fines económicos, donde se negocia el ejercicio de la libertad sexual en lugares con derecho de admisión: pubs, saunas, discos, un circuito cerrado donde se encierra el homoerotismo. Desde sus comics, pero también en su performance urbana junto a Ocaña, Nazario defiende la desregulación del deseo instalándose en la calle, en espacios públicos comunitarios, para transgredir el orden social impuesto a los maricones y tomando la Plaza Real como epicentro del intercambio plural. Su cuerpo debía ser político y hedonista, o no ser. La liberación báquica de la libido fue su premisa anarcomarica: Nazario dice ser tímido y necesitar el alcohol para desinhibirse. Prueba de ello es el video Actuación de Ocaña y Camilo, donde participa en una orgía borracha filmada para convocar a la primera Marcha del Orgullo en España, realizada en 1977 en Barcelona. La paradoja es que, a pesar de que Nazario y Ocaña habían comprometido el cuerpo hasta un exhibicionismo festivo y plenamente pornográfico para promocionar la marcha, los pioneros del movimiento gay catalán los traicionaron. “En la primera manifestación gay en Barcelona, el Ocaña se puso un vestido que usaba para salir a la calle, y cuando salimos a la Rambla los organizadores le dijeron que se quitara de la delantera de la manifestación porque querían dar una imagen de seriedad. Y creo que el comic de hoy también quiere dar una imagen de respetabilidad, que creo que realmente es una locura. El rollo de la mariconada ya no se ve serio para el lector de hoy”, recuerda Nazario. Esa transfobia que todavía parte del movimiento Glttbi tiene una forma de funcionamiento represivo: el travestido Ocaña no era digno de ser representante de la diversidad, no podía ser la cara de un movimiento.

Pito catalán

“La homosexualidad es tolerada y concedida cuando va acompañada de una expresión ‘artística’, puesto que en tal caso se liga a la esfera de lo imaginario, de la fantasía, a la sublimación, y no ataca directamente las relaciones reales habituales, consideradas ‘normales’. El homoerotismo puede ir bien en el cine, en los libros, en la pintura o en el comic, pero no en la cama y, sobre todo, ‘¡no en mi cama, por el amor de Dios y de la Virgen Santa!’”, sostenía Mario Mieli, activista pionero y fundador del movimiento de liberación homosexual en Italia. La cita de Mieli sirve para introducir un capítulo del álbum de Nazario, “Alí Babá y los cuarenta maricones”, una saga homoerótica en la Barcelona entre fines de los ’80 y principios de los ’90, cuando la crisis del sida se expandía en toda su dimensión. Sin embargo, parece que este tipo de tolerancia a la diversidad en el arte de la que habla Mieli no alcanza a Nazario, que es tan anarquista que sigue siendo perseguido por sus comics. En 2007, dos años después de la ley de matrimonio igualitario propuesta por el PSOE, el Partido Popular denunció que era “aberrante” que “Alí Babá y los cuarenta maricones” estuviese como lectura recomendada dentro de una Guía para docentes elaborada por el Comité Español de la Campaña Europea de la Juventud contra el Racismo, la Xenofobia, el Antisemitismo y la Intolerancia. Publicada en 1993, esa historieta de Nazario, en parte como campaña contra el sida, adquiría un nuevo carácter revolucionario por retratar la vida sexual de los maricones en toda su “promiscuidad”. Y no se renegaba de esa palabra tan usada para denostar los comportamientos sexuales libertarios sino que se la defendía con otra cita de Mieli que introducía el segundo capítulo del álbum: “Las ventajas de la gaya promiscuidad son varias, en primer lugar porque abre al individuo a la multiplicidad y a la variedad de las relaciones, y por consiguiente gratifica positivamente la tendencia de cada cual al polimorfismo y a la ‘perversión’, facilitando en consecuencia la buena marcha de cualquier relación entre dos personas (porque ni una ni otra se pegan desesperadamente al compañero, pretendiendo su renuncia a relaciones totalizantes contemporáneas con otras/otros)”. Mientras ciertos sectores del activismo, denunciados en su momento por Néstor Perlongher de este lado del mundo, se encerraron en la idea de monogamia e incluso en la castidad como supuesta forma de combatir el sida, las campañas de prevención dibujadas por Nazario, como también sus historietas libidinosas, proponía ideas que a la mayoría del mundo gay parecían asustar. Un slogan de Nazario podía ser “La pareja es bella, la promiscuidad también”, y varias pijas con preservativo ilustraban esa frase que informaba que, sea una práctica monogámica o no, es el saber cuidarse, pero nunca el miedo a la sexualidad plena, lo que nos seguiría permitiendo elegir la forma de belleza para nuestro goce polimorfo. Sin embargo, promiscuidad sigue siendo una mala palabra y, todavía, esa libertad de expresión sexual y genérica que existe como celebración vital en los comics de Nazario parece cada vez menos visible en la comunidad gay. “Está permitido el sexo, pero a escondidas, el desparpajo, la soltura de antes, de que había un tío en una barra sentado en un taburete y le cogías el paquete, le sacabas la polla y todo el mundo se reía mucho o ni se daban vuelta, hoy en día esto no se ve bien”, dice Nazario, en pareja abierta desde 1978 con Alejandro, con quien vive en Plaza Real y con quien comparte sus nueve amantes, la mayoría inmigrantes casados. El amor por el goce los une hace más de tres décadas, pero para ellos pareja y promiscuidad no son términos irreconciliables. Nazario me cuenta cómo sus amantes desfilan los fines de semana, y que algunos de sus partenaires incluso se dejan filmar sin mostrar el rostro. En el mismo monitor donde desfilaban las flores que adornaban un pueblo de Sevilla, ahora Nazario me muestra unos videos de las sesiones sexuales que registra con su cámara. En una le hace una mamada a un morocho de pelo en pecho, en otra lo penetran en cuatro: pequeños autorretratos en éxtasis sexual. No hay intenciones de provocación, Nazario me muestra las imágenes como si fueran viñetas en movimiento de una de sus historietas, donde a veces él también aparece como personaje. Es que la vida privada de Nazario nunca fue tal, por eso prepara ahora un álbum llamado Nazario íntimo, todavía más radical en la exposición de su vida como gesto político-libertario, que se editará posiblemente en el verano europeo, entre agosto y septiembre. Tal vez, en sincronía con el movimiento del post-porno, alguna de estas imágenes de sexo explícito también formen parte de su nuevo libro. Entre sus próximos proyectos se prepara una película sobre su vida y, en reciente viaje a Sevilla, se entrevistó con unos productores. Nazario quiere salir de la forma de documental biográfico tradicional para hacer una “mezcla entre la realidad y la ficción, entre el comic y la realidad”. Mientras continúa pintado acuarelas hiperrealistas de su entorno, la vida de Nazario está en plena expansión libertaria. Antes de despedirnos me enseña la ventana desde donde mira la Plaza Real todos los días, y desde donde también graba pequeñas situaciones con su cámara siempre alerta. En el alféizar hay un curioso muñeco: una iguana enroscada en un collar de perlas. “Es para espantar a las palomas de la ventana”, me dice, con media sonrisa. ¿Un espantapájaros glamoroso? Más bien, esa iguana de gala, mirando hacia la plaza, se me antoja la metáfora de que la mirada de Nazario, un bicho raro que asusta y divierte al mismo tiempo, siempre mantiene la misma elegancia imperturbable.

domingo, julio 04, 2010

Las políticas del sexo y del deseo. Entrevista con Beatriz Preciado - Leonor Silvestri

Es casi medianoche y en la muchas veces clausurada discoteca Cabaret Berlin de Barcelona, la antológica reina del underground de Nueva York, Lydia Lunch, se dispone a tocar con su banda. En medio del DJ set de la escritora Virginie Despentes (directora de la controvertida película Fóllame) y el humo (aquí todavía no está prohibido fumar en los espacios públicos), la filósofa española Beatriz Preciado, a la vez novia de Despentes y amiga personal de Lunch, se dispone a dar una entrevista a Ñ.

Preciado es indiscutiblemente la voz más destacada en lengua española de esa incatalogable óptica llamada "teoría queer": forma reapropiada de insulto originario (queer en inglés supo ser un adjetivo calificativo con carácter peyorativo) y especie de devenir epistemológico que aglomera a todas aquellas expresiones de género más radicales en torno a las políticas anti-identitarias que parecen increpar al mundo desde el ensamblaje arte y cuerpo.

Figura inconfundible de la movida nocturno-académica de Barcelona, a pesar de ser demasiado alta para haber nacido en España, su cuidado look andrógino se corresponde con esta ciudad donde grosso modo la mayoría de las mujeres van de cabello corto. Preciado, sin aires de divismo, es la autora del ensayo Pornotopía. Arquitectura y sexualidad en "Playboy" durante la Guerra Fría que ha quedado recientemente finalista del premio Anagrama de ensayo con la obra, en la que utiliza la popular revista de Hugh Hefner como arqueología de la producción "de afectos que garantiza el capitalismo" y como objeto de crítica cultural.

Estas son algunas de las nuevas modalidades en las que la teoría se aplica no tanto como set abstracto de prescripciones académicas sino como forma de articular posibilidades. Pero como quedará claro en la charla, Beatriz Preciado es un personaje conceptual al decir de Deleuze y Guattari en ¿Qué es la filosofía?: quien enuncia las respuestas se hará llamar "Beto" y contestará siempre en masculino en clara referencia a la idea butleriana de que uno se vuelve un género interminablemente, que nunca llega a cuajar en sustancia ontológica.

-¿Beatriz, Beto, B.P. en su libro "Testo Yonki", se considera un personaje conceptual?

-Mi postura proviene de una resistencia muy larga a las imposiciones de género. Nunca quise definirme como mujer. Me gusta jugar dentro de esa ambigüedad. He pensado en cambiarme de sexo pero ¿hacia qué sexo?; he pensando en cambiarme de nombre pero ¿hacia qué nombre? Prefiero una multiplicidad de identidades móviles. Sigo utilizando Beatriz Preciado para firmar porque la posición de "escritora-mujer-lesbiana" es menos habitual que una posición masculina en el discurso tradicional de la filosofía.

-¿Por qué esa resistencia?

-No hay un por qué antes de un cómo. Retrospectivamente puedo encontrar razones: porque era una normativa, una imposición que tenía que ver con la identificación de mi cuerpo como femenino, o porque todo lo divertido tenía que ver con la masculinidad (trepar árboles por ejemplo), y todo lo pasivo y encerrado tenía que ver con la feminidad. Mucho más tarde empecé a releer mi propia vida en términos de aquello que era del orden del placer y lo espontáneo.

-¿Se hace cargo de su alto perfil como ícono queer hispanohablante, casi un personaje pop?

-Por ser sincero, la primera vez que vine a Barcelona desde Estados Unidos, había pasado por París, y me di cuenta de que era la micro-comunidad queer trans-marica-bollera la que me estaba empoderando. No me siento creador de nada ni que yo haya inventado nada. Ese tráfico me hizo. Por otra parte, la literatura a veces no llega por las políticas de traducción. En los EE.UU. había un conjunto de minorías sexuales pensando estos temas desde la periferia de la universidad y desde su centro duro. Pero en Francia y España esos lenguajes no habían tocado suelo. De todas formas, cuando doy un curso o clase, se me va la olla, como si tocara la guitarra dos horas, y estás en ese otro lugar donde te transporta la energía colectiva. Eso implica que puedas pensar lo que no habías pensando antes. Pero luego sigues con tus complejos, historias, y demás.

-¿Es posible "ser" queer?

-Es imposible porque queer es un verbo, una acción, cuyo estudio parece estar relativamente a la moda en el contexto académico. Las mismas personas que jamás hubieran organizado un seminario universitario en torno a las maricas y las trans, lo organizan en torno a lo queer. Es una opacidad camaleónica circular que permite ciertas cosas en otros espacios. Su teoría vendría a funcionar como una critica reflexiva de los procesos normativos a través de las que se produce la identidad. Ser queer es una contradicción en términos. Y si pensamos cómo los movimientos queer emergieron habría que hablar de teorías putas o tendríamos que hablar de cuestiones de migraciones, racismo y colonialismo. Por ejemplo, la última comisión que se reúne para dictaminar si las mujeres pueden llevar el velo islámico en Francia –comisión en la que participan mujeres– decidió que el velo está prohibido en los espacios públicos como el transporte y los espacios administrativos. Es decir, una ley normalizadora que legitima el encierro de las mujeres no blancas e islámicas en el espacio de sus propias casas, y que erosiona las libertades que podrían tener en los espacios públicos. En toda Europa es increíble la crispación de islamofobia que viene de la tradición de izquierda que considera a las luchas de género y sexuales como burguesas, prescindibles y secundarias o la homosexualidad como degeneraciones burguesas. Hay una cuestión de antifeminismo y tradición colonial que no se ha debatido públicamente que hace que estemos en la situación catastrófica de este continente donde la izquierda sigue discutiendo en torno al trabajo y a la clase cuando socialmente el trabajo ha perdido la centralidad como motor de producción, y frente a las cuestiones relevantes como las cuestiones de postcolonización, biopolítica, cuerpo, migraciones, sexualidades es tan retrógrada y conservadora como la derecha.

-Este ejemplo ilustra por qué las sexualidades son un punto crítico en la política.

-La mutación de los procesos de gobierno social a partir del siglo XVIII hizo que el cuerpo estuviera en el centro de gestión de lo político. Una ficción histórica transitoria en relación con las formas de producción económica de gobierno de lo social que inventa un alma sexualizada, una subjetividad que tiene la capacidad de decir "Yo" e internacionalizar un conjunto de procesos de normalización que lo llevan a decir "soy homosexual" o "soy heterosexual". La sexualidad no es sólo un conjunto de regulaciones políticas sino que en el proceso de industrialización que sigue a la Revolución Francesa, la reproducción sexual se entiende como una de las maquinarias de lo social. Es necesario que el cuerpo social esté organizado reproductivamente, es decir la familia heterosexual. Esa es la fantasmagoría política en la que hemos estado viviendo. A mediados del siglo XX ha habido un quiebre, y toda sexualidad no reproductiva es objeto de control y vigilancia. El sexo es importante porque se convierte en uno de los enclaves estratégicos en las artes de gobernar. Pero eso que llamamos sexo no es nada estable sino un conjunto de constantes mutaciones históricas. Ahora mismo las minorías sociales y políticas están participando e interviniendo en los procesos de definición de las gramáticas de género, y eso me parece una exaltación política, algo nuevo y fascinante.

-¿No habría en ese optimismo una re-esencializacion de la sustancia de un sujeto?

-No, porque no son luchas basadas en identidades naturales ni siquiera sexuales, ni de pertenencia a una nación sino que son otra cosa, una transversal de minorías críticas. La dimensión ética no está diferenciada de la política. Las técnicas del yo son las mismas que las técnicas del agenciamiento colectivo. No es una alianza natural. Por ejemplo, migrantes y género no van separados. El pensamiento político hasta ahora pensado por la izquierda piensa en esas exclusiones. Pero yo me refiero a una alianza de malos sujetos de la izquierda, que debe ser pensada. La mayoría de feministas, gays, transexuales y transgénero radicales han sido expulsados de la izquierda, cuyo cuerpo ideal es viril, trabajador, reproductivo. Creo que la lucha es colectiva y que la redefinición del sexo y la sexualidad pasará por acuerdos colectivos. Hay otro lugar que se está reconfigurando desde las luchas que reclama un cuerpo que de alguna manera va más allá de los imperativos normativos de las leyes nacionales. Ese cuerpo se percibe como migrante, tránsfugo y no tiene ya lo que hemos llamado hasta ahora identidad en el sentido más administrativo, es decir, se trata de un cuerpo des-identificado.

-Es decir, no va a haber un sujeto revolucionario.

-No hay sujeto de la revolución, de eso estoy seguro. Pero la revolución y la guerra son constantes. No es un momento mesiánico que nos espere más allá para lo que hay que prepararse. La situación en la que estamos y construimos el género y la normalidad son la guerra total en el interior del cuerpo y frente a eso, la revolución es constante. Autores como Foucault –cercano a las políticas de izquierdas y que ha salido del carnaval gore de la revoluciones de izquierda– o incluso Deleuze y Guattari que agitan la revolución del 68, se van separando de esta noción de "revolución". Frente a esa situación postpolítica es absurdamente necesario pensar dónde está la revolución, cómo se produce, cuáles son las formas a través de las que actúa. La guerra no será después y la revolución no será mañana sino que la guerra es hoy y la revolución es ahora.

-¿Y cómo será entonces la discusión con el Estado?

-El Estado ha dejado de ser el estamento que define las normas disciplinarias, prácticamente se ha convertido en uno de los tentáculos del capitalismo neo-liberal privado. Estamos apreciando su privatización, por ejemplo, en Francia el síndrome de disforia de género (la disconformidad entre el sexo asignado al nacer y el percibido como propio), ya no es considerado como trastorno de identidad sexual. ¿Qué va a pasar ahora con todos los protocolos y los cambios de género? ¿Serán asumidos por la seguridad social? Hoy el Estado es uno de los múltiples aparatos junto con los postindustriales o los mediáticos que re-configuran el cuerpo. Por lo tanto, los movimientos de minorías sexuales no pueden estar sólo en diálogo y en lucha con el Estado que no tiene la centralidad que tenía. Es absurdo hoy tener como objetivo conseguir el matrimonio GLTB, frente a las complejidades de las configuraciones postcoloniales, de sexo, y raza. Es preciso atacar esa ficción del matrimonio desde otro lugar que no sea la legalidad.

Virginie Despentes termina su arrollador set, y Diana J. Torres, la joven artista promesa de esta región comienza su performance donde habrá elementos del gore del cine de terror, la pornografía mutante, y poesía pornográfica: G.G. Allen parecería ser "una mujer". Preciado, a quien ya ha venido a saludar todo el lugar, contesta la última pregunta sobre la noción de deseo y elección que hasta hoy han guiado luchas y reivindicaciones: "Obviamente no creo que pueda haber una verdad sexual escondida debajo de una gran capa de represiones sociales. No confío nada en el deseo, no creo en absoluto que haya un deseo anterior a un conjunto de normas o acuerdos sociales, sino que el deseo se crea en esa red de relaciones, del mismo modo que no hay una identidad que precede las interpelaciones normativas. Cuando digo deseo no me refiero a la noción psicoanalítica o inconsciente de deseo sino a cómo el placer y el cuerpo se estructura en una red de relaciones. Desaprender tus 'propios' deseos, aquello que culturalmente aprendemos a desear, es una especie de tarea muy larga pero fundamental."

[fuente: revista Ñ]

domingo, mayo 30, 2010

Ramón 99. Transmariconizando el Sur

A propósito del tramo final de Ramona, no tuve tiempo de postear aquí el anuncio de Ramón 99 (Buenos Aires, abril 2010). Una edición para la cual el investigador argentino Fernando Davis y yo fuimos editores invitados, y cuyo dossier se tituló Micropolíticas Cuir: Transmariconizando el Sur. Se decidió hacer un número cuir, ásperamente posfeminista y transmarica dada la urgencia de tal discusión en nuestra ramona amiga. En un desborde del habitual debate, el eje de este 99 fueron algunos flujos estéticos sexopolíticos recientes que nos permiten pensar como el cuerpo insurrecto está alterando las epistemologías tradicionales de la historia del arte, y el lugar y las gramásticas de las luchas sociales. Ramona cómplice se prestó para el cambio de sexo y voilà!

Con el 99 ramón cerró un ciclo regular de dossiers, y el próximo mes edita su edición n. 101, su número final luego de 10 años de producción crítica sostenida. Triste pero feliz, y más maricona que nunca, ramona sale a deambular por las calles. He subido el pdf a este link para su lectura y libre descarga. Cabe decir, no obstante, que muy pronto el archivo entero de Ramona estará disponible online y con un servidor de búsqueda estupendo. Espero lo disfruten, pirateen y circulen.

Escriben en esta edición: Silvia Delfino, Flavio Rapisardi, Elizabeth Vásquez / Proyecto Trvnsgén3ro, Beatriz Preciado, Fernanda Carvajal, Inti Guerrero, Mujeres Públicas, Pablo León de la Barra, Giuseppe Campuzano, Felipe Rivas San Martín, Elisa Fuenzalida, María Galindo / Mujeres Creando, Víctor Manuel Rodríguez, Miguel A. López y Fernando Davis.

Reproduzco el índice y el texto introductorio que escribimos con Fernando. Luego colgaré algunos textos del número. La presentación también se puede ver aquí.
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INDICE

Micropolíticas Cuir: Transmariconizando el sur

Presentación
Fernando Davis y Miguel A. López

Cuirizando la cultura argentina desde La Queerencia, Centro criollo de políticas de la diferencia.
Silvia Delfino y Flavio Rapisardi

Manifiesto Ecuatoriano del Octubre Trans
Elizabeth Vásquez

La convulsión coliza. Notas sobre las Yeguas del Apocalipsis.
Fernanda Carvajal

Transfeminismo y micropolíticas del género en la era farmacopornográfica
Beatriz Preciado

Flavio de Carvalho: el “Laboratorio de erótica” y su New Look
Inti Guerrero

Veladas paquetas queer georgé
Mujeres Públicas

Diálogo sobre el Museo Travesti del Perú. Chamanes, Danzantes, Putas y Misses: El Travestismo Obseso de la Memoria.
Giuseppe Campuzano y Miguel A. López

¡Mi Culo es Revolucionario! Sobre el Journal Gay Internacional, Publicación Mensual de la Liga Eloinista, numero 02, 1980.

Pablo León de la Barra

Bordes impropios de la política: la nueva escena de la Disidencia Sexual en Chile.
Felipe Rivas San Martín

En el post del Posporno. Epílogo a la historia de una hija desnaturalizada.
Elisa Fuenzalida

Estado Patriarcal y Estado Proxeneta: La puta no tiene clientes, tiene prostituyentes.
María Galindo. Mujeres Creando

Eroiticica o Los muchachos de Oro de Babylonests
Víctor Manuel Rodríguez

Proyecto Heteronorma
Mujeres Públicas



PRESENTACIÓN


Micropolíticas Cuir: Transmariconizando el Su
r

Fernando Davis [1] + Miguel A. López [2]

¿Qué gramáticas y formas de lo político ha desplegado la explosión mutante de sexualidades disidentes en el último medio siglo? ¿En qué formas estas subjetividades están resistiendo a su patologización estigmatizante y discriminación, pero también a la asimilación domesticadora de lo fronterizo, lo marginal y lo minoritario, por los nuevos aparatos de control mercantil? ¿De qué manera este repertorio de cuerpos insumisos está obligando a replantear las coordenadas canónicas de la historia del arte, sus epistemologías tradicionales y sus ordenamientos de saber / poder?

Este dossier propone discutir algunos de los flujos estéticos sexopolíticos más punzantes de América Latina, a fin de re-pensar los modos a través de los cuales estos han alterado el marco social donde se juegan y redefinen las subjetividades. En sus atrevidas fricciones y fugas de la norma, las diferentes experiencias poético-políticas aquí abordadas trastornan los métodos de acción, investigación y producción del saber en un continente marcado por su herencia colonial, sus procesos de modernidad interrumpida y sus recientes (e intensos) períodos de represión dictatorial y violencia política.

Uno de los primeros detonantes del dossier fue la pregunta por los procesos de apropiación, canibalización e intercambio local de los discursos post-identitarios desde la emergencia queer a partir de los años 80. Nos importa considerar las influencias y cruces transnacionales y las dinámicas de ocupación y confrontación directa, así como sus rabiosas resignificaciones locales y las elaboraciones autónomas de una multitud de desobediencias de género que, desde el arte y la cultura, vienen perturbando los procesos de normalización sexual y sus regímenes disciplinarios heterocentrados.

La noción de sur no designa aquí un “sur” geográfico, sino que hace referencia a sus consideraciones geopolíticas. Se trata de pensar cómo aquellas re-definiciones mutantes del cuerpo están instalando una colisión de saberes y de tiempos que nos permiten hacer circular el sentido de maneras que socavan la construcción humanista de la historia como destino común. Más allá de la tradicional mirada etnográfica lo que proponemos es una lectura performativa, una contra-cartografía transmaricaputa de las perspectivas, que nos permita establecer nuevos mapas de perforación de una historia del arte que ha sido también –qué duda cabe– un aparato de producción y sanción disciplinar del género. Muchas de estas relecturas reflexionan desde “espacios y cuerpos raciales / étnicos / sexuales subalternizados” [3] (cualquier análisis de los procesos que modelan la sexualidad debe enfrentar el hecho de que ésta es también una historia de los cuerpos colonizados), reconsiderando aspectos vinculados también a las distintas migraciones sociales y sexuales en territorios donde numerosos conjuntos de cuerpos ha sido constantemente despojados de su condición de humano o ciudadano.

Asimismo interesa pensar qué energías políticas fueron puestas en juego por aquellas iniciativas visuales, editoriales o performáticas que disputaron la esfera pública, advirtiendo cómo el cuerpo y ciertas formas de ocupar o incidir en dicho espacio generaron potentes enclaves de politización, de invención arquitectónica y de experimentación subjetiva. En un momento en el que la seudo-integración de gays y lesbianas en la sociedad heterosexual dominante se realiza a costa de la aparición de nuevos (y el fortalecimiento de viejos) procesos de estigmatización y exclusión al interior de los grupos minoritarios, revisar aquellas formas de resistencia sensible es también un intento por activar en el presente el voltaje revulsivo de las sexualidades insurrectas. Ciertamente estamos ante modos distintos (y altamente más peligrosos) de alimentar la imaginación política frente al hundimiento de las grandes ideologías mesiánicas y del modelo tutelar del marxismo ortodoxo que acompañó algunos de nuestros anhelos 'revolucionarios' continentales desde 1950 en adelante.

Ya en 1984, el poeta, sociólogo y antropólogo argentino Néstor Perlongher advertía de manera temprana una “normalización de la homosexualidad”, en correspondencia con la emergencia del “modelo gay”, al tiempo que hacía un llamado a “soltar todas las sexualidades, abrir todos los devenires”. Así, lejos de subsumir las singularidades en “una generalidad personológica: “el homosexual””, Perlongher apuesta por una sexualidad como “fuga de la normalidad, que la desafía y la subvierte”: “hablar del sexo de las locas es enumerar los síntomas –las penetraciones, las eyaculaciones, las erecciones, los toques, las insinuaciones– de una enfermedad fatal: aquella que corroe a la normalidad en todos sus wings”. [4] Sea este número cuir una excusa para liberar ese potencial político de vida: cuerpos deseantes, testimonios disidentes y nuevas formas de resistencia capaces de devenir laboratorios sociales (performatividades monstruosas, pedagogías aberrantes y éticas maricas) de experimentación sexual. Experiencias que están, a su vez, trasformando radicalmente el concepto de democracia, al devolver al espacio público aquellos cuerpos y voces que habían sido previamente expulsados y marcados como anormales o enfermos: un aspecto que se erige, sin duda alguna, como uno de los mayores retos políticos del presente.


1 Fernando Davis es investigador, curador independiente y profesor de la Facultad de Bellas Artes de la UNLP y de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA. Su investigación doctoral se centra en el conceptualismo platense de los 60 y 70. Es miembro de la Red Conceptualismos del Sur. Fue curador de la exposición Juan Carlos Romero. Cartografías del cuerpo, asperezas de la palabra (Fundación OSDE, 2009) y co-curador de Subversive Practices. Art under Conditions of Political Repression. 60s – 80s / South America / Europe (Württembergischer Kunstverein Stuttgart, 2009).
2 Miguel A. López es agitador cultural y político desde las artes visuales en Perú, desde 2003. Ha sido co-curador de diversas exposiciones en Lima y en el extranjero y sus textos han sido publicados en revistas como Afterall, Papers d”Art, Papel Alpha, Artecontexto, entre otros. Fue miembro del Espacio La Culpable. Integra la Red Conceptualismos del Sur.
3 Grosfoguel, Ramón. “La descolonización de la economía política y los estudios postcoloniales: Transmodernidad, pensamiento fronterizo y colonialidad global”, en Tábula Rasa 4, Bogotá, enero-junio, 2006, pp. 17-48.
4 Perlongher, Néstor. “El sexo de las locas”, El Porteño, n° 28, Buenos Aires, mayo de 1984. También publicado en Prosa plebeya. Ensayos 1980-1992, Buenos Aires, Colihue, 1997.

miércoles, mayo 12, 2010

Fragmento de 'Pornotopía' - Beatriz Preciado

Reproduzco un fragmento del libro Pornotopía. Arquitectura y Sexualidad en 'Playboy' durante la Guerra Fría, de la filósofo queer Beto Preciado, el cual fue finalista del premio de ensayo Anagrama, y que acaba de empezar a circular en librerías. El que se haya editado en Anagrama asegura una distribución más amplia que sus dos libros anteriores que difícilmente pueden ser hallado en América Latina (el primero, El Manifiesto Contrasexual fue editado en Opera Prima en 2002, y el segundo, Testo Yonqui, a través de Espasa Calpe en 2008). Aún no tengo el placer de tenerlo en mis manos y comentarlo, pero será muy pronto, espero. El fragmento ha sido tomado de la página de El Cultural.
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En plena guerra fría, el joven Hugh Hefner crea la que pronto se convertiría en la revista para adultos más vendida del mundo: Playboy. Lo que el público desconoce es su pionera labor como artífice de las casas del placer: Playboy no era simplemente una revista de chicas con o sin bikini, sino un vasto proyecto arquitectónico-mediático que tenía como objetivo desplazar la casa heterosexual como núcleo de consumo y reproducción proponiendo frente a ésta nuevos espacios destinados a la producción de placer y de capital. Esta es la reflexión que Beatriz Preciado propone en su nuevo libro, Pornotopía, finalista del Premio Herralde y del que a continuación ofrecemos un revelador fragmento.


7. La Mansión Playboy: La invención del burdel multimedia

El periodo de expansión global del capitalismo que siguió a la Segunda Guerra Mundial fue para Estados Unidos una bacanal de consumo, drogas e información. La economía de guerra que había conducido en Europa hasta el Tercer Reich y los campos de exterminio y en Estados Unidos hasta la bomba atómica, se había transformado en una economía de superconsumo. La sociedad norteamericana, confortablemente sentada en los salones de sus casas suburbanas, veía la tele mientras se comía los derivados de las tecnologías bélicas. La seguridad de la nueva vida que el capitalismo prometía residía en una pareja reproductiva, la propiedad privada de un recinto unifamiliar, un poco de césped, un interior doméstico con aire acondicionado, insecticidas, latas de conservas, plásticos, y un automóvil para desplazarse hasta las zonas comerciales.

Al analizar este periodo, Kristin Ross define como «privatización» el proceso por el que «las nuevas clases medias se replegaron en sus confortables interiores domésticos, cocinas eléctricas, recintos privados para automóviles; todo un mundo interior moldeado por una nueva concepción de la vida conyugal, una ideología de la felicidad ba sada en la nueva unidad de consumo de la clase media: la pareja, y la despolitización como respuesta al creciente control burocrático de la vida cotidiana». Es cierto que los esfuerzos de Playboy por reformular el espacio interior podrían interpretarse como parte de este proceso de privatización; sin embargo, sus finalidades y estrategias, paradójicamente, tienen muy poco que ver con esta noción de privacidad. Las fantasías de áticos urbanos y las mansiones Playboy representarán una alternativa radical a la vivienda unifamiliar de la década de 1950. Frente a la casa heterosexual como espacio reproductivo, Playboy va a dibujar una ficción erótica capaz de funcionar al mismo tiempo como domicilio y como centro de producción. Estos espacios Playboy no serán simples enclaves domésticos, sino espacios transaccionales en los que se operan mutaciones que llevarán desde el espacio doméstico tradicional que dominaba a principios del siglo xx hasta una nueva posdomesticidad característica de la era farmacopornográfica: un nuevo régimen de vida a la vez público y doméstico, hogareño y espectacular, íntimo y sobreexpuesto. Los espacios Playboy serán el síntoma del desplazamiento desde los interiores característicos de la modernidad disciplinaria (espacio doméstico, colegio, prisión, hospital, etc.) como cápsulas de producción de la subjetividad, hacia un nuevo tipo de interioridad posdisciplinaria.

Playboy y sus enclaves de invención de placer y subjetividad son cruciales en la transformación del régimen disciplinario en farmacopornográfico. El capitalismo farmacopornográfico podría definirse como un nuevo régimen de control del cuerpo y de producción de la subjetividad que emerge tras la Segunda Guerra Mundial, con la aparición de nuevos materiales sintéticos para el consumo y la reconstrucción corporal (como los plásticos y la silicona), la comercialización farmacológica de sustancias endocrinas para separar heterosexualidad y reproducción (como la píldora anticonceptiva, inventada en 1947) y la transformación de la pornografía en cultura de masas. Este capitalismo caliente difiere radicalmente del capitalismo puritano del siglo xix que Foucault había caracterizado como disciplinario: las premisas de penalización de toda actividad sexual que no tenga fines reproductivos y de la masturbación se han visto sustituidas por la obtención de capital a través de la regulación de la reproducción y de la incitación a la masturbación multimedia a escala global. A este capitalismo le interesan los cuerpos y sus placeres, saca beneficio del carácter politoxicómano y compulsivamente masturbatorio de la subjetividad moderna.

La Segunda Guerra Mundial, la extensión de la violencia como cultura del cuerpo y las transformaciones biotecnológicas habían contribuido a desarticular la red de percepciones y afectos que constituían el sujeto disciplinario. Sobre esta subjetividad maltrecha y postraumática vendrá a injertarse una nueva red sensorial y emocional facilitada por la economía de consumo y la cultura del ocio y el entretenimiento. La mutación farmacopornográfica comienza en el salón de cada casa.

Pronto, en medio de una guerra que cada vez parecía menos fría, el interior de la casa de Hugh Hefner atraerá una atención mediática sin precedentes. Exteriormente, nadie hubiera distinguido la Mansión Playboy entre otras casas señoriales del Gold Coast de Chicago de no ser porque la revista Playboy había abierto sus puertas a la mirada americana. Tras el frontispicio convencional de un edificio decimonónico se escondía el mayor polvorín sexual del mundo, o al menos eso era lo que la revista Playboy aseguraba.

En diciembre de 1959, Hefner compró una mansión señorial, de ladrillo y piedra, en el 1340 de North State Parkway, en el Gold Coast de Chicago, no lejos del lago Michigan. La casa había sido construida en 1899 por el arquitecto James Gamble Rogers, conocido por haber diseñado numerosos edificios institucionales, como la Universidades de Yale o Columbia, a finales del siglo xix, imitando las construcciones góticas europeas, utilizando acero recubierto de molduras y tratando la piedra con ácido para envejecerla. Pensada primero como edificio institucional y centro cívico, la casa, que había llevado hasta entonces el nombre de George S. Isham, había sido el centro de una vida social intensa a comienzos del siglo xx. Durante la Gran Depresión fue transformada en condominio de pisos, pero la segunda planta conservó su estructura para uso público, con su gran chimenea de mármol, salón de baile y cocina de hotel. Hefner decidió reformar sus casi 1.800 m2 y presentar la antigua casa en las páginas de la revista Playboy convertida no ya en un ático sino en un auténtico castillo urbano de soltero.

Los costes de las obras (3 millones de dólares) superaron con creces el precio de compra de la casa. Resulta interesante que, a diferencia de lo previsto en el diseño de Donald Jay para la primera casa Playboy, Hefner decidiera no tocar la fachada, que permaneció idéntica a la original. Los dispositivos de visibilización del interior previstos por Hefner era más sutiles y sofisticados que la fachada moderna de cristal transparente que los diseños de Mies van der Rohe habían popularizado en América. La revista, la televisión y el cine se convertirían en auténticas ventanas multimedia a través de las que acceder a la privacidad de la Mansión. Una vez más, Playboy ponía de manifiesto que lo específicamente moderno no era tanto la estética del cristal y el cemento como el despliegue de lo privado a través de los medios de comunicación.

viernes, abril 16, 2010

El Anagrama de Ensayo premia "el 'afterpop' y el 'pornopunk"

A propósito del post anterior reproduzco una nota en El País donde se anuncia al ganador y finalista del último premio Anagrama, entre las cuales está Beatriz Preciado. Pronto más comentarios. Reproduzco la nota.
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El Anagrama de Ensayo premia "el 'afterpop' y el 'pornopunk"


"Hoy es el día en que el afterpop y el pornopunk se encontraron". Así lo resumió el ganador, Eloy Fernández Porta (Barcelona, 1974), al hablar de la coincidencia entre su obra y la de Beatriz Preciado (Burgos, 1970), finalista en el Premio Anagrama de Ensayo cuyo fallo se dio a conocer ayer. Ambos trabajos, que se publicarán a principios de mayo, coinciden en su mirada generacional, en la manera ficcionada de escribir teoría y, en parte, en el tema del amor en la sociedad capitalista.

La ganadora lleva por título €®O$.La superproducción de los afectos (sic) y en ella Eloy Fernández Porta -autor de Afterpop y según Jorge Herralde "el ensayista más interesante de su generación"- aborda cómo en la sociedad actual es el entorno el que está sobrecargado de referencias subjetivas al mundo amoroso y afectivo, mientras que el individuo permanece cada vez más frío. Para explicarlo se sirve de diferentes ejemplos y técnicas con capítulos dedicados al análisis de elementos tan dispares como las series de la cadena Fox, las letras de grupos como Astrud o Los Planetas, las páginas web que organizan adulterios o el Ars Amandi de Ovidio, cuyo equivalente actual, dice Fernández Porta, sería 69 Love Songs de Magnetic Fields.

En Pornotopía. Arquitectura y sexualidad en 'Playboy' durante la guerra fría, de Beatriz Preciado, autora de Manifiesto Contrasexual, el foco se pone en la famosa revista erótica durante los cincuenta y, más concretamente, en su fundador, Hugh Hefner, en su famosa cama redonda, en su mansión y en toda la arquitectura real y mediática que rodea la revista.

Ocaña 1973-83: Accions, Actuacions, Activisme

Hace algunas semanas atrás, en La Virreina Centro de la Imagen en Barcelona, se inauguró la exposición Ocaña 1973-83: Accions, Actuacions, Activisme, curada por Pedro G. Romero con el apoyo de Beatriz Preciado y Carles Guerra. La exposición es la primera revisión retrospectiva de una década de producción cultural, visual y performática de Ocaña, el travesti andaluz que es uno de los catalizadores claves para pensar algunas de las transformaciones sociales y políticas del espacio público en Barcelona desde momentos inmediatamente previos a la caida de Franco y el llamado periodo de transición. La producción travesti de Ocaña, sus procesiones, sus pinturas y coloridos ensamblajes de vírgenes de papel, sus pequeñas fiestillas callejeras y su activismo marica señalan uno de los experiencias más intensas de actuación homosexual y libertaria poco revisada, atravesando por sus tempranos paseos por la Rambla, la marcha del Front d'Alliberament Gai de Catalunya en 1975 o las Jornadas Libertarias en 1977. Esta investigación recupera una serie de documentos, fotografías y videos inéditos de su trabajo. Una exposición necesaria de ver. Ocaña además ha sido referente indirecto de muchos proyectos de producción travesti y reflexión política, entre los cuales se cuenta sin ir muy lejos, por ejemplo, el Museo Travesti del Perú.


Recupero algunos documentos y artículos tomados de la Rosa del Vietnam que tiene, por cierto, una hemeroteca de Ocaña. Le agradezco también a Beatriz por el envío del pequeño boletín de la exposición. -
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OCAÑA 1973-83: ACCIONS, ACTUACIONS, ACTIVISME

jueves, enero 14, 2010

MANIFIESTO PARA LA INSURRECCIÓN TRANSFEMINISTA - Red PutaBolloNegraTransFeminista

Hablando de redes, manifiestos y cambios de año vía el blog de Beatriz Preciado --cuyos textos y entrevistas seguirán circulando por estas páginas-- me encuentro con el reciente manifiesto que hace circular desde España la Red PutaBolloNegraTransFeminista (The WhoreDykeBlackTransFeminist Network). Lo reproduzco íntegro, y con su versión en inglés. No hace falta decir que este blog también transfeminista suscribe cada una de sus letras y todos sus deseos insurrectos (incluso los que aún no han sido imaginados).
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Combatientes cubanos conocidos como “los barbudos” bajaron de las montañas y el 1º de enero de 1959 tomaron La Habana acabando con la dictadura bananera de Fulgencio Batista que había convertido Cuba en el “casino” de EEUU, y en eso: llegó Fidel y el triunfo de la revolución socialista cubana.

35 años más tarde, el 1º de enero de 1994, campesinos indígenas pertenecientes al Ejercito Zapatista de Liberación Nacional también bajaron de las montañas. Comenzando por San Cristobal de las Casas ocuparon muchas poblaciones del Estado mejicano de Chiapas coincidiendo con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio entre EEUU, Mexico y Canadá que condenaba a una mayor pobreza a las poblaciones indígenas. Bajaron del monte, tomaron sus objetivos y desencadenaron una de las revoluciones con mayor trascendencia de las últimas décadas del siglo XX. Hoy, 1º de enero de 2010, desde diferentes barrios, ciudades, culturas y mundos hacemos un llamamiento a la lucha transfeminista, a la conformación de manadas como unidades básicas de convivencia y organización y a la rebelión en las calles, en las casas y en los pueblos. Desde nuestras aceras y con toda nuestra pasión proclamamos a los 4 vientos el siguiente :


MANIFIESTO PARA LA INSURRECCIÓN TRANSFEMINISTA

Hacemos un llamamiento a la insurrección TransFeminista:

Venimos del feminismo radical, somos las bolleras, las putas, lxs trans, las inmigrantes, las negras, las heterodisidentes… somos la rabia de la revolución feminista, y queremos enseñar los dientes; salir de los despachos del género y de las políticas correctas, y que nuestro deseo nos guíe siendo políticamente incorrectas, molestando, repensando y resignificando nuestras mutaciones. Ya no nos vale con ser sólo mujeres. El sujeto político del feminismo “mujeres” se nos ha quedado pequeño, es excluyente por sí mismo, se deja fuera a las bolleras, a lxs trans, a las putas, a las del velo, a las que ganan poco y no van a la uni, a las que gritan, a las sin papeles, a la marikas…

Dinamitemos el binomio género y sexo como práctica política. Sigamos el camino que empezamos, “no se nace mujer, se llega a serlo”, continuemos desenmascarando las estructuras de poder, la división y jerarquización. Si no aprendemos que la diferencia hombre mujer, es una producción cultural, al igual que lo es la estructura jerárquica que nos oprime, reforzaremos la estructura que nos tiraniza: las fronteras hombre/mujer. Todas las personas producimos genero, produzcamos libertad. Argumentemos con infinitos géneros…

Llamamos a la reinvención desde el deseo, a la lucha con nuestros cuerpos ante cualquier régimen totalitario. ¡Nuestros cuerpos son nuestros!, al igual que lo son sus límites, mutaciones, colores, y transacciones. No necesitamos protección sobre las decisiones que tomamos en nuestros cuerpos, transmutamos de género, somos lo que nos apetece, travestis, bollos, superfem, buch, putas, trans, llevamos velo y hablamos wolof; somos red: manada furiosa.

Llamamos a la insurrección, a la ocupación de las calles, a los blogs, a la desobediencia, a no pedir permiso, a generar alianzas y estructuras propias: no nos defendamos, ¡hagamos que nos teman!

Somos una realidad, operamos en diferentes ciudades y contextos, estamos conectadxs, tenemos objetivos comunes y ya no nos calláis. El feminismo será transfronterizo, transformador transgénero o no será, el feminismo será TransFeminista o no será…

Os Keremos.

Red PutaBolloNegraTransFeminista


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Cuban fighters known as “the bearded ones” descended from the mountains and on the January 1st 1959 seized Havana ending Fulgencio Batista’s banana dictatorship that had turned Cuba into the U.S.’s “casino”, and with it: came Fidel and the triumph of the Cuban socialist revolution.

35 years later, January 1st 1994, agrarian peoples of indigenous origin members of the Zapatista Army of National Liberation also descended from the mountains. Starting with San Cristobal de las Casas they occupied many of the towns of the Mexican territory of Chiapas coinciding with the coming into effect of the North American Free Trade Agreement between the U.S., Mexico and Canada which condemned to even greater poverty the indigenous populations. They came down from the mountains, took their objectives and triggered one of the most significant revolutions of the XX century.

Today , January 1st 2010, from different neighborhoods, cities, cultures and worlds we call for a trans-feminist struggle, to the formation of packs as bacic units for coexistance and organization and rebellion in the streets, in homes and towns. From our sidewalks and with all of our passion we proclaim to the four winds the following:



MANIFESTO FOR THE TRANS-FEMINIST INSURRECTION

We call for trans-feminist insurrection:

We come from radical feminism, we are the dykes, the whores, the trans, the immigrants, the blacks, the hetero dissidents… we are the rage of the feminist revolution and we want to bear our teeth; out of the offices of gender and politically correct, and that our desire guides us continuing to be politically incorrect, bothering, rethinking and changing the signification of our mutations. Being just women isn’t enough anymore. We have outgrown “Women” as the political subject of feminism, and it is in itself exclusive, it leaves out the dykes, trans, the whores, the one who wear veils, the ones who earn little and don’t go to the university, the ones who yell, the immigrants without legal resident papers, the fags.

Let’s dynamite the sex and gender binominal as a political practice. Let’s follow the path that we began, “one is not born a woman but becomes one”, let’s continue unmasking the power structure, the division and hierarchy. If we can’t learn that the man/woman difference is a cultural product, just as the hierarchal structure that oppresses us, we reinforce the structure that tyrannizes us: the “man/woman” borders. Everyone produces gender, we produce freedom. Arguments with countless genders…

We call for reinvention based on desire, the fight with our bodies before any totalitarian regime. Our bodies are ours!, as well as their limits, mutations, colors and transactions. We don’t need protection over the decisions our bodies, we transmute our genders, we are what we want to be, transvestites, dykes, super-fems, butches, whores, transgenders, we wear veils and speak Wolof; we are network: furious pack.

We call for insurrection, for the occupation of the streets, to the blogs, to disobedience, to not ask for permission, to generate alliances and structures of our own: let’s not defend ourselves, make them fear us!

We are a reality, we operate in different cities and contexts, we are connected we have common objectives and we won’t be silenced now. Feminism will be trans-feminist or not at all…

We luv you.

The WhoreDykeBlackTransFeminist Network



Medeak, Garaipen, La Acera Del Frente, Itziar Ziga, Lolito Power, Las Chulazas, Diana J. Torres AKA Pornoterrorista, Parole de Queer, Post_op, Las maribolheras precarias, Miguel Misse, Beatriz Preciado, Virginie Despentes, Katalli, MDM, Coletivo TransGaliza, Laura Bugalho, EHGAM, NacionScratchs, IdeaDestroyingMuros, Sayak Valencia, TransFusión, Stonewall, Astrid Suess, Alira Araneta Zinkunegi, Juana Ramos, 7menos20, Kim Pérez (Cofunder of Conjuntos Difusos), d-generadas, las del 8 y et al, Beatriz Espejo, Xarxa d’Acció Trans-Intersex de Barcelona, Guerrilla Travolaka, Towanda,Ciclobollos, O.R.G.I.A, Panteras Rosas, Trans Tornados, Bizigay, Pol Galofre, No Te Prives, CGB, Juanita Márkez Quimera Rosa, Miriam Solà, Ningún Lugar, Generatech, Sr. y Sñra. Woolman, Marianissima Airlines, As dúas, Oquenossaedacona, Go Fist Foundation, Heroína de lo periférico, Lola Clavo, Panaderas Sin Moldes, Señorita Griffin, Impacto Nipón, Las Mozas de KNY, Kabaret Lliure de Mediona, Teresa Matilla

viernes, octubre 23, 2009

Conversaciones en torno a la Teoría Queer. Entrevista con Beatriz Preciado

Reproduzco una larga entrevista con la filósofo Beatriz Preciado, alguito antigua (2004) pero siempre pertinente de leer. La republico no solo porque me encanta leer a Beatriz y me siento particularmente afín a sus ideas--tampoco puedo negar que estos dos últimos años de diálogos y discusiones con ella han alterando sustancialmente mis modos de pensar políticamente la producción de discurso--, sino además porque varios de los aspectos de la conversación inciden en aspectos fundamentales que componen la linea editorial de este blog: las formas de producción de conocimiento, la escritura de historia, los espacios de imaginación radical, la hipótesis emancipatoria, la práctica estética, la educación y la academia... pero fundamental e indirectamente sobre los aportes radicales e instrumentos críticos invaluables que ofrece el discurso queer y posfeminista (así como poscolonial, posmarxista...) a cualquier intento de pensar críticamente el lugar de la visualidad y los modos de representación en el presente. allí precisamente donde se tensionan los cruces más significativos entre estética y política. La entrevista es buena por lo ágil pese a estar cargada en extremo de ideas no demasiado sencillas. Ojalá puedan leerla vale la pena.

La cuelgo también porque me la tropecé casi de casualidad mientras buscaba una versión digital de su último texto "Lisbeth Salander. ¿Icono antifeminista o heroína queer?", que leí hace dos días en la revista Parole de Queer y no pude. Si no lo encuentro por allí voy a tener que transcribirlo para colgarlo aquí, así que si alguien lo tiene ya, agradeceré el enlace.
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Conversaciones en torno a la Teoría Queer
Entrevista con Beatriz Preciado

El impacto que esta teniendo la Teoría Queer en las ciencias humanas y sociales es notable. Conceptos como los de performatividad, deconstrucción, transculturalidad o política de lo corporal encuentran en este marco interpretativo metacontructivista una mirada desafiante de los movimientos sociales, de los objetos concebidos como condensaciones políticas, de la reivindicación de la arquitectura de lo corporal como espacio de politización imprescindible en el que la sexualidad resulta ser un eje importante de reformulación. Aunque lo Queer tiende a la dispersión y se resiste, como casi todo movimiento heterogeneamente desidentitario a la calificación y a la filiación fácil, encontramos en propuestas como las de Beatriz Preciado un camino originalmente crítico que circula traficando entre Michel Foucault, Monique Wittig, Donna Haraway y Judith Butler… Beatriz Preciado es una ficción más del yo (como todos nosotros), es lesbiana antes que intelectual, y así gusta definirse ante una academia que no deja de mirarla con cierta extrañeza. Discípula de Jaques Derrida y Agnes Heller, es profesora de Teoría del Cuerpo y de Teoría Contemporánea del Género en la Universidad de París-Saint Denis, cuna del denominado postestructuralismo. Actualmente completa su doctorado en Teoría de la Arquitectura a la vez que disfruta del tremendo éxito de su publicación más reciente traducida al castellano como Manifiesto contra-sexual, editado en Opera Prima en el 2002 y traducido al menos a cinco idiomas. Esta conversación fue posible gracias a la participación de Beatriz Preciado en un curso de Verano de Adeje (Tenerife, Islas Canarias) organizado por la Universidad de La Laguna y el citado ayuntamiento en julio de 2004. El curso llevaba por título “Desidentidades y Teoría Queer” y fue dirigido por José Luis Castilla y José Antionio Ramos, un extraño tandem entre alguien dedicado a la sociología y alguien dedicado a la filología española.

José Luis Castilla es profesor del Dpto. Sociología de la Universidad de La Laguna (Islas Canarias) y autor de un estudio crítico en torno al concepto de poder en Michel Foucault que lleva por título Análisis del poder en Michel Foucault, publicado por el Servicio de Publicaciones de la Universidad de La Laguna (1999). Actualmente trabaja en un texto sobre el Multiculturalismo de la complejidad (pendiente de edición).

José L. Castilla: ¿Qué haces en términos intelectuales? ¿Disciplinariamente, dónde te ubicas, dónde sitúas tu trabajo en todo este asunto de los estudios culturales, el psicoanálisis, el postestructuralismo, la necesidad de concretarlo en efectos materiales…?

Beatriz Preciado: Yo creo que dónde estoy se explica por los lugares por donde he ido pasando, por desplazamientos forzados, no solamente nacionales sino en términos de disciplina también. Cuando acabé mis estudios de filosofía hice un master en bioética porque me interesaba para trabajar sobre el cuerpo y sentí que, en este país, cuando se hablaba de teorías del cuerpo, no tenía ningún referente en cuanto lesbiana, ni tenía ningún interlocutor, ni sabía exactamente con qué tipo de teorías e instrumentos aproximarme a este campo de análisis. Desde luego, no hubiera podido estar donde estoy sin hacer un recorrido que incluso ha sido un recorrido físico en muchos sentidos, y que ha supuesto el paso por los estudios culturales americanos, el feminismo, el postfeminismo americano y el postestructuralismo francés. Efectivamente, llegué a Estados Unidos en el 92 y me encontré con el boom de los estudios queer. Yo no era consciente de que eso estaba sucediendo, era una jovencilla estudiante y me encontré en un contexto en el que se estaban dando los debates entre Nancy Fraser y Judith Butler, en un contexto de emergencia y surgimiento de los estudios postcoloniales en la academia americana. Esto significó que de alguna manera se me vino abajo el edificio intelectual que había constituido toda mi educación filosófica en España y a partir de ahí tuve que empezar a hacerme todo un conjunto nuevo de instrumentos. Fue como comenzar en muchas cosas. Entonces yo creo que en parte el dónde estoy tiene mucho que ver con los estudios feministas y postfeministas, porque en parte yo me sitúo en ese momento de ruptura en el que la teoría queer rompió con el feminismo tradicional, y, sobre todo, con las nociones estables de preferencia sexual y de género, pese a que fuera una categoría construida con referencia a algo biológico y, por lo tanto, en un discurso más naturalista. Yo llegué en ese momento de ruptura y a partir de ahí, con esos útiles intelectuales, empecé a reconstruir mi propia tradición filosófica. Además, están los análisis postcoloniales, que tienen un método que no es el únicamente textual de la filosofía. Creo que eso es muy importante y, cuando volví a España sentí que al menos la teoría queer no se abordaba bien, porque todo el mundo pensaba que es simplemente una teoría del discurso y todo el mundo olvidaba que también es un análisis de la representación y que el texto del que estamos hablando incluye prácticas, técnicas, imágenes…

J. L. C.: …movimientos sociales…

B. P.: …movimientos sociales, artefactos, relaciones, etc. Es decir, que es mucho más complejo y por eso hablamos de la teoría queer como un corte transversal de disciplinas; no se trata de lo interdisciplinar, como se hablaba antes, sino que es un punto de vista eminentemente político. Es algo que tiene que ver con una reapropiación de una serie de microculturas que podríamos llamar los anormales, o si quieres, los oprimidos, o los puedes llamar en distintos lenguajes, los puedes llamar de maneras distintas. Es un proceso a través del que esas microculturas adquieren la posibilidad de ser sujetos de enunciación del conocimiento. Creo que es un proceso que todavía en este país no se ha dado exactamente y creo que hay barreras fundamentales, disciplinas… hay claramente límites disciplinarios que se verían amenazados por esa crítica responsable de la teoría queer. Por eso no es por azar que yo me sitúe en un departamento de teoría de la arquitectura y que lo que yo hago ahora tiene más que ver con un análisis del cuerpo y la sexualidad como tecnología en relación con la distribución y la segmentación en el espacio, por ejemplo. ¿Por qué?, pues porque progresivamente voy huyendo de esos análisis que desde mi punto de vista son excesivamente deshistorizados, abstractos y que han perdido toda conexión con los movimientos sociales y de la filosofía y me voy aproximando hacia análisis más materiales. Pero más materiales no en el sentido más marxista del término, sino en el de un metaconstructivismo, que es algo fundamental en la teoría queer, un nuevo tipo de materialismo: un materialismo inmanente que enlazaría con esa tradición de la segunda modernidad, no tanto la postmodernidad, como se ha hablado. Se trata de una segunda modernidad que es toda la modernidad que no pudo ser porque quedó excluida por un conjunto de procesos históricos y políticos, desde la colonización hasta el proceso de sexualización.

J. L. C.: ¿Y lo llamarías tardomodernidad, como han hecho algunos sociólogos?

B. P.: No, no lo llamaría tardomodernidad. No creo que sea una cuestión de tiempo, creo que tiene que ver con el mismo proceso y la misma tradición con la que se ha construido la modernidad. Es casi una contramodernidad o una modernidad que ha sido ocultada, sistemáticamente oprimida por una modernidad dominante. Es una manera absolutamente inmanente de pensar la materia, una tradición que vendría desde Leibniz y Spinoza, que tiene mucho que ver con cómo estamos pensando ahora mismo el cuerpo y la sexualidad en la teoría queer, que no tiene referencias a una ontología digamos del sujeto kantiano, ni tiene referencia a nociones de autonomía o de libertad, etc., sino que utiliza otras nociones, como, por ejemplo, las de pouvoir y puissance.

J. L. C.: ¿Cómo te sitúas ante la diversidad, la complejidad de la teoría queer? ¿Por qué es importante para los sociólogos esta teoría?

B. P.: Yo me sitúo de una manera muy curiosa, porque cuando llegué a Estados Unidos, la teoría queer estaba en pleno boom. Yo era discípula de la teoría queer, y, por tanto, como buena discípula, era crítica con un conjunto de problemas generados dentro de la teoría queer. Entonces, desde mi punto de vista, la paradoja es que a mi regreso a Europa se me leía como una teórica queer, cuando yo misma estaba tomando ciertas distancias en el interior de un paradigma que se está creando y que es muy complejo y que es excesivamente nuevo para decir que está cerrado, que es una teoría única y firme, y para identificarlo solo con el pensamiento de Judith Butler. Esto es un error absoluto, es algo tan absolutamente nuevo y no se puede intentar fijarlo y decir que es solamente teoría performativa. Yo creo que es mucho más amplio y, de hecho, está siendo sometido a constantes críticas que vienen desde los estudios de transgénero, los estudios de transexualidad, los análisis de la biotecnología que creo que ha sido uno de los grandes avances de la primera forma más conocida de la teoría queer, en tanto que análisis performativo. Desde mi punto de vista, ese análisis ha sido excesivamente lingüístico, ha trabajado con una noción de cuerpo más del siglo XIX que del siglo XXI y creo que necesitábamos aportaciones como las de Donna Haraway. Ella no viene específicamente de la teoría queer, porque no es una pensadora lesbiana, aunque sí que ha estado casada con un gay y, desde luego, eso es algo que la ha debido de dejar por ahí. En Europa pasó lo mismo, es decir, que aquí estamos haciendo política de identidad al mismo tiempo que estamos haciendo la crítica postidentitaria y, claro, de igual manera, cuando yo llegué a España -doce o catorce años después- se me leía como una teórica queer. Pero yo estoy también tomando distancias y trabajando un paradigma que está todavía en construcción, muy complejo y en el que hay muchas dudas. Yo creo que las aportaciones que vienen ahora, las críticas desde los queer deformes o con tipos de corporalidad que no corresponden a la norma, han sido un golpe fortísimo al que yo más o menos he articulado a través de nociones de género como prótesis. Creo que no hay todavía un paradigma absolutamente fijo, cerrado, sólido y que además luego se podría leer en términos de importación y exportación. Me da la impresión de que habría que ver la producción cultural en términos de globalización, es decir, que la teoría queer no se puede entender de otra manera: es un tráfico de movimientos sociales, un tráfico de referencias, de textos, de personas, de flujos, es decir ahí ha habido desde un mes, hasta viajes, hasta amantes, hasta hormonas, todo eso está ahí y eso es lo que constituye desde mi punto de vista la riqueza de la teoría queer: este vaivén casi único y genuino hoy entre movimientos sociales activistas muy radicales y academias muy sesudas.

J. L. C.: … Disculpa por la ambigüedad de los conceptos,¿te consideras una intelectual de izquierda?

B. P.: No me considero una intelectual, porque creo que es una categoría que no me corresponde. No creo en los intelectuales, es decir, no creo en el intelectual ni como emergencia de una masa que viene a iluminarla. Me corresponde más una noción como la de productor cultural o algo así.

J. L. C.: No me refiero al sentido elitista del intelectual, sino a un enfoque más gramsciano, más orgánico quizás…

B. P.: Sí, pero aunque sea una “intelectual orgánica certificada”, yo creo que no, que estamos en un momento en el que no necesitamos intelectuales, contrariamente a lo que pensamos. No necesitamos figuras de este tipo, no solamente de la élite, sino incluso aunque emerjan de lo popular, no. De hecho, la teoría queer muestra perfectamente que no es así como se produce el conocimiento. El conocimiento se produce en redes de intercambio y de comunicación y entonces yo me considero parte de una red de reapropiación del conocimiento, de un trabajo de lucha y de resistencia frente, por ejemplo, a distintas instituciones, como la academia. Yo, por ejemplo, en las instituciones españolas de producción de saber prefiero definirme como bollera que como intelectual, es mucho más reducido, mucho más radical y yo creo que eso es absolutamente necesario. Que alguien sea capaz dentro de esta institución de afirmar un tipo de práctica sexual, un tipo de posición política, eso viene a deconstruir esa institución. Si me considero como intelectual, yo estoy segura de que la institución me digiere y me acepta, incluso.

J. L. C.: ¡Pero no eres cualquier traficante…!

B. P.: Si lo intelectual me lo pones como un traficante, como aquel que hace un contrabando, yo veo mucho así la teoría queer, como un contrabando. En ese sentido de referencias y de prácticas, entonces a lo mejor sí, pero no… Y luego, de izquierda diría lo que dice Javier Sáez. Honestamente, creo que toda esa noción con la que he estado trabajando en Estados Unidos sobre la radical left… bueno, yo trabajé mucho con Agnes Heller, con ese tipo de gente que estaba trabajando en Radical Democracy y, efectivamente, es lo que es el postmarxismo y lo que es incluso el reciclaje de ciertas feministas en el postmarxismo, como puede ser Nancy Fraser… Yo creo que el movimiento queer no se sitúa ahí, curiosamente, y por eso es tan molesto para la izquierda y tan molesto para el postmarxismo, porque está poniendo en duda los conceptos mismos que forman la base del marxismo, que en el fondo tampoco son tan distintos de los conceptos de la modernidad a los que el marxismo pretende atacar. Son conceptos como los de formación del sujeto a través del trabajo, de distribución objeto-sujeto, de división sexual del trabajo… Ahí hay un conjunto de conceptos que no nos funcionan, de hecho yo creo que cualquier activista de los movimientos gay, lesbianos, transexuales, de transgénero sabe que en una reunión de izquierda no puede ser considerado como militante de izquierda, será toda la vida un gay. Yo creo que sigue habiendo la izquierda, desde luego, y lo veo constantemente hablando con gente que conozco muy valiosa, que está trabajando incluso en temas que tienen que ver con Negri con Hardt: una serie de nuevas lecturas críticas del marxismo. Pero me da la impresión de que sigue habiendo esta división entre opresiones constitutivas y opresiones secundarias o contradicciones fundamentales y contradicciones secundarias. Si quieres, el género, la sexualidad y la raza son opresiones secundarias y yo creo que lo que han puesto de manifiesto los estudios queer subalternos, postcoloniales es que la raza es constitutiva, es decir, es una noción mucho más constitutiva que la clase. De hecho, yo creo que el gran problema del feminismo marxista… que, bueno, representó un avance en su momento, y la críticas del feminismo al marxismo son cosas por las que yo he pasado y que me han afectado profundamente, pero no deja de ser una aplicación de la noción de clase a la noción de género, es decir, pensar que el género es una clase sexual. Es una cosa absurda, no es posible transcribir esa noción de clase en la noción de género. El género necesita un análisis diverso, y no me refiero a lo que se hace en España, que es una sociología comparativa del género: eso no son estudios de género. Yo creo que es fundamental que la sociología empiece a escuchar algo de este tipo. Hacer análisis de género no quiere decir que veamos cuál es la diferencia en la utilización de los ordenadores entre las chicas y los chicos. Hacer análisis sobre violencia de género es ver si las mujeres en el espacio doméstico tienen más autonomía o menos de la que tenían en los años 50. Yo creo que lo que cambia en los estudios de género, si fuéramos capaces de hacerlo así, es el método de análisis, es decir, no es que por primera vez nos preocupemos por las mujeres, de las que antes no nos preocupábamos. No, es el método mismo de análisis que pone en cuestión la posibilidad misma de hacer sociología tal como la hemos hecho hasta ahora. La sociología aparece como un instrumento de normalización de género ella misma, por ejemplo, dime una violencia de género y dice la sociología, ello. Pues bueno la cosa es darle la vuelta al paradigma, es decir, no la violencia de género, sino el género como violencia y ahí comienza todo un conjunto de otros problemas.

J. L. C.: ¿Y a partir de qué categoría se te ocurre que puede pensarse una sociología de estas características, aparte, por supuesto, de la crítica interna a la normalización?

B. P.: Yo creo que en muchos sentidos la teoría queer es una sociología, es otra forma de hacer sociología, una alternativa a la sociología y, por lo tanto, es un paradigma que podría ser un paradigma sociológico.

J. L. C.: Algún compañero mío podría decirte que tiene varios problemas con la teoría queer o específicamente con tus desarrollos… Primero, porque lo que haces es una descripción de narrativas, de articulación de narrativas en clave de cratología -ciencia del poder expresado un poco peyorativamente-, y superpuestas de dudosas referencias y construcciones históricas de cierta ambigüedad. De hecho, en esa línea se sitúan algunas de las críticas que recibió Foucault en su momento por utilizar métodos genealógicos y esas cuestiones… construyendo una teoría de la normalización muy potente, pero con poco espacio para explicar aquello que yo llamé autonomía pero que tú, a lo mejor, ubicas dentro del terreno difuso de ciertos espacios de autodeterminación que generan, con todas las comillas que esto pueda llevar en las sociedades occidentales, espacios de libertad, con todas las comillas insisto…

B. P.: Si te das cuenta, yo creo que hay mucha gente que sigue pensando que los estudios queer son Foucault, y los estudios queer han hecho una evaluación de Foucault y han hecho críticas fundamentales a Foucault. La primera es que él nunca hizo análisis en términos de género. Foucault utilizó la noción de sexo únicamente y además la utilizó como sexualidad y como práctica sexual cuando se refiere a la noción de identidad sexual partiendo de nociones médicas y no políticas y estamos trabajando con una noción que ya es política y que, por tanto, ya tiene una dimensión no sólo de normalización, sino de reapropiación, resistencia, construcción identitaria y algo muchísimo más positivo que lo que Foucault vio. Introducir esa crítica de género a Foucault ha generado todo un conjunto de problemas, porque Foucault dice siempre que va con sus análisis de la mujer como si supiera, pero de todas formas en los análisis sobre la masculinidad, date cuenta que Foucault sigue teniendo un planteamiento universal en ese sentido, no piensa los análisis de la masculinidad como análisis de género. En sus análisis del criminal o el perfil del masturbador, no se da cuenta de que hay una diferencia radical entre el perfil del masturbador y el de la masturbadora. Yo creo que eso ha sido un palo importante y, por no añadir el golpe a Foucault que han dado las críticas en términos de estudios postcoloniales. Efectivamente, hay una herencia foucaultiana [en los estudios queer], pero cuidado, es una lectura muy particular de Foucault, no es una lectura de Foucault en la que el poder es solamente un dispositivo de subjetivación y de normalización. Por ejemplo, en mi trabajo utilizo nociones distintas en las que a través de esa noción de tecnología, yo hablo de dispositivos, no sólo ya de resistencia, sino de producción de nuevas identidades que transforman una tecnología de control y dominación en algo que tu podrías llamar tecnología de liberación, si quieres. Yo creo que eso es muy importante, por eso creo en la importancia de las nuevas lecturas de Foucault que están haciendo ciertos autores como Lazzarato, que va a decir, bueno, esta noción de poder que utiliza Foucault es casi neoconservadora: políticamente nos lleva a la inactividad y nos lleva a la imposibilidad de cualquier tipo de agenciamiento. Los movimientos sociales que se reapropian del discurso de Foucault, desde mi punto de vista lo repolitizan. Políticamente, Foucault fue muy tímido, se atrevió a lo de las prisiones, pero tampoco se atrevió a más y cuando el FAHR, que era el Frente de Liberación Homosexual Revolucionario de París, estaba haciendo sus acciones en la calle, Foucault con aquello no quería saber nada. Cuando se hizo el número de diez mil perversos de Deleuze y Guattari, luego casi lo meten en la cárcel por el número y tal. En esta movida no estuvo precisamente Foucault, y se puede preguntar cómo es posible que en ese contexto intelectual aquellos que no son homosexuales estén ahí dando la lata y que Foucault esté en su casa preocupadísimo con la estética griega. Ahí hay un problema fundamental para abordar los verdaderos conflictos sociopolíticos de su momento.

J. L. C.: Estoy pensando sobre la marcha estrategias sociológicas para trabajar. Obviamente en todo abordaje sociológico debe estar la categorización, que es un arma de doble filo. Entonces, entiendo que una sociología de estas características tenga que recurrir a una lógica de no renunciar a los procesos de categorización, pero a su vez hacer permanentemente autocrítica de lo que constituye, de las divisiones que establece y de los espectros que genera…

B. P.: Por supuesto, yo creo que sí, por supuesto. Una de las críticas fundamentales de la teoría queer a la sociología, que además pertenece a las bases mismas de la teoría queer, es que la sociología no es un método descriptivo, sino que es un método performativo, que, por tanto, la sociología pertenece a esas tecnologías de producción del género de las que hablamos siempre. Antes de ponerse a elaborar un dispositivo de análisis sociológico hay que hacer una evaluación de los elementos de género, sexualidad, de raza y de clase que están operando ya dentro de la misma sociología. Está pendiente de hacer un proceso de crítica, y, desde mi punto de vista, ese proceso, quienes mejor lo han hecho son los estudios culturales ingleses. Creo que ese trabajo del que estamos hablando tiene que ver con una politización de la sociología, con una toma de conciencia por parte de la sociología de su propio carácter político.

J. L. C.: Se me ocurre otro reproche desde el ámbito de la sociología: se acusa en este caso a los estudios culturales, o al desarrollo postrero de los estudios culturales, de una cierta fragmentación, de pérdida de perspectiva del conjunto social, en el sentido de que las relaciones sociales son relaciones complejas de integración y parece que estudiar la sexualidad al margen del conjunto social, o al margen de visiones más globales del efecto de conjunto que se genera, puede producir más confusión y más ruido que clarificación teórica. Por otro lado, hay algunos sociólogos que piensan que estudiar los márgenes de lo social, entendido como aquello en lo que no nos gusta reconocernos y que nos cuestiona, nos abre nuevas perspectivas al ámbito de la investigación social. Entiendo que te quedas con la segunda…

B. P.: No, no me quedo con la segunda porque la teoría queer no es una teoría de los márgenes. Eso es fundamental. Mucha gente sigue pensando que la teoría queer es justamente analizar aquello que nunca hemos analizado, irnos al punto de vista de lo otro para, desde allí, adquirir una perspectiva nueva. Creo que no tiene nada que ver con eso. De hecho, se pone de manifiesto cuando desde otras disciplinas a través de un análisis queer se empieza a producir teorías, desde mi punto de vista, bastante totalizadoras, entendiendo el término positivamente, es decir, cómo utilizando la metodología de género, queer, postcolonial… ciertos autores y autoras van a producir de la producción misma de la modernidad. Puede ser el análisis de Homi Baba de la teoría de la cultura, que utiliza el método performativo para analizar la producción misma de la modernidad, textos de Fanon y de otra gente. Desde mi punto de vista, ahí se pone de manifiesto que la teoría queer no es un microanálisis. Para mí, la teoría queer es un golpe a los fundamentos mismos de todas las disciplinas, cualquier disciplina, incluso aquellas que pensamos como más duras, y esto los departamentos de Santa Cruz, Donna Haraway, todo este grupo de gente que trabaja sobre la producción del conocimiento y la producción misma de la ciencia lo han puesto muy bien de manifiesto. Incluso las ciencias duras, la medicina, la biología, la física, etc., están sustentadas sobre estos cimientos de sexo, de género. De nuevo sería considerar ese tipo de divisiones entre el centro y la periferia, o el centro y el margen o, por ejemplo, pensar que la clase sería constitutiva de un análisis, mientras que la sexualidad es periférica. Ése es el gran problema, qué ocurre cuando haces de la sexualidad el centro mismo del análisis. Resulta que es el análisis mismo de clase el que se te viene abajo, porque hay algo que tú no habías visto que hace que no puedas seguir utilizando las nociones de trabajo. Si se aplica a Adam Smith, a Marx, un análisis de sus textos desde un punto de vista de un capital sexual o de una economía política de lo sexual, la misma teoría del trabajo de Marx cae por su propio pie con esta crítica. Yo creo que es así, es darse cuenta de que no hay una centralidad en el análisis, como se quería y, de hecho, uno de los grandes problemas de los estudios de género al principio es que simplemente sustituyeron la categoría de clase por la categoría de género, pero un poco con la misma perspectiva, como el género como una clase sexual o como un producto de la división del trabajo, es decir, sustituir una noción por la otra. Yo creo que se vio muy rápido que ese tipo de análisis conducía a una serie de errores fundamentales y que acababan renaturalizando una serie de categorías. Hay gente que está trabajando en esta línea que llaman a esto Queer and Colour Aliance, es decir, del análisis de la raza y del análisis queer. Creo que la guerra viene por aquí y que en España todavía nos va a costar mucho asimilarlo. Los franceses tienen con Monique Wittig algo como el caso de la teoría queer: Tenían los textos originarios pero no tienen los instrumentos teóricos políticos para hacer una utilización disciplinaria de estos textos que les permitirían deconstruir sus propias instituciones. Entonces, bueno, ahí tienen los textos de Fanon, pero como un autor que lo tienen ahí, más o menos, en un departamento aislado, pero al que no han puesto ninguna atención.

J. L. C.: Una cuestión muy interesante es la división social del trabajo. Aquí hay una diferencia importante entre tu mirada y mi mirada, tus necesidades y las mías…. Me gustaría que me contaras qué relevancia le das a esta macrocategoría y cómo la integras en tus trabajos. Al fin y al cabo, la división social del trabajo es una construcción social en el sentido de que, como lo describía Gramsci, aquello de que lo importante no es si trabajas con las manos o si trabajas con la cabeza, sino la representación social de lo que es manual o intelectual, que es lo que la categoriza realmente.

B. P.: Sí, lo que pasa es que a este debate del trabajo he llegado bastante tardíamente y, curiosamente, yo empecé a dialogar sobre el trabajo con teóricos como Mauricio Lazzarato o como Antonella Corsani, porque es gente que leyó mi libro y que enseguida vino a tocarme así, en la espalda, y decir oye ¿cuando tú hablas de trabajo sexual, qué quieres decir exactamente?. A mí me interesaba utilizar esa noción de trabajo sexual porque tiene toda la conexión con cierto movimiento social de reconocimiento de la persecución como trabajo, que me parecía legítimo y que me parece fundamental y al que yo quería sumarme. Por otra parte, me interesaba porque viniendo justamente de ese análisis de las teorías modernas de la sexualidad, que son fundamentalmente económicas, del cuerpo, a mí me interesaba hablar también de la sexualidad como un trabajo. Estos teóricos que vienen de la economía me dicen, ¿por qué tú a esto le llamas trabajo? y ¿cómo estás pensando esa noción de trabajo?, es decir, ¿a qué te remite esa noción de trabajo?… Claro, ellos son tan críticos con Marx que piensan que uno de los caballos de batalla es acabar con esa noción de trabajo. Entonces, a través de conversaciones con ellos vi que efectivamente ahí hay un problema fundamental que, de hecho, incluso la noción misma de trabajo sexual no estoy tan segura que deba llamarse trabajo, sino a lo mejor deba llamarse servicio. No sé exactamente, pero, desde luego, hay algo en la noción misma de trabajo que es un problema y lo que no querría es hablar de división sexual del trabajo, porque división sexual del trabajo supone —lo vemos constantemente en los análisis, incluso en los análisis que se hacen utilizar metodologías, por otra parte, muy finas de análisis de la globalización—, que siguen tomando categorías biológicas, de hombre y mujer, que además se piensan en la totalidad del cuerpo como hombre y mujer. Creo que lo que yo estoy intentando hacer es, casi, en ese sentido, una microhistoria de los órganos. Date cuenta de cómo ha habido una especialización sexual de cada uno de los órganos, ya sea de la mano, del ano, del pene, del ojo, de la lengua, etc., y esa especialización hace que haya real y literalmente una transgenerización de cada uno de nosotros, es decir, que no se puede hablar de la división sexual del trabajo pensando que tú eres un hombre y yo soy una mujer. No, porque es que resulta que yo soy una mujer, pero que tengo una mano injertada de lo masculino, tengo un cerebro, es decir, que, en términos de políticas del cuerpo, ahí hay un proceso muchísimo más complejo que yo creo que el análisis marxista no contempla en absoluto. Entonces, no estoy segura de que esa noción del trabajo nos sirva para mucho y, de nuevo, todo lo que esto le favorece en el análisis marxista en los términos dialécticos, también. En el fondo, hay un gran problema del que sigue dependiendo la teoría queer: trabajar con nociones ya sea de transexualidad, homosexualidad, hombre-mujer, género-sexo y establecer dialécticas. Yo creo que la teoría queer no es dialéctica, que, por eso, al paradigma de la diferencia, de la diferencia sexual, opone eso que yo he llamado paradigma de la multitud queer, porque hay justamente una multitud. Una multitud que atraviesa. Cada uno de los cuerpos está atravesado por una multitud de generalizaciones que, además, pertenecen a dispositivos históricos de momentos diversos, que no tienen que ver unos con los otros.

J. L. C.: ¿Es decir, multitud es ruptura de binomio…?

B. P.: Absolutamente. Es ruptura de binomios y, además, es que la multitud es no sólo una multitud de prácticas, etc., no. Es que el cuerpo no es una coherencia, es una multitud. La nariz pertenece a un modelo de subjetivación del cuerpo bastante reciente, la nariz pertenece al individuo, pero resulta que los órganos sexuales han quedado totalmente apartados en un modelo del siglo XIX, en el que siguen perteneciendo al Estado, a la Iglesia, a Dios, etc.. Ese tipo de paradojas es lo que se da en cada uno de los cuerpos. La multitud queer no es que sea mucho, es que cada uno es ya producto de muchos dispositivos distintos y, por tanto, una multitud.

J. L. C.: Eso nos lleva a un debate muy interesante: el de la identidad y la desidentidad. Uno de los problemas que tenemos en la importación, más que la exportación, de debates intelectuales en España es justamente la imposibilidad de traducir los contextos de producción intelectual. En ese sentido, ¿cómo piensas tú las teorías de la integración de la desidentidad que parecen que se proyectan desde lo queer -aunque lo queer es también hiperidentidad- en relación a todo este clima de lucha contra las identidades que puede ser interpretado desde los demás puntos de vista un poco peligrosamente? Porque uno de los caballos de batalla, justamente, del pensamiento liberal es la lucha contra las restricciones internas, entonces, ¿cómo ves tú este problema?.

B. P.: Yo creo que en el contexto europeo actual es fundamental una política de identidad, siento decirlo, pero me parece fundamental. Creo que, en ese sentido, nosotros, casi, tenemos un privilegio. Tenemos la posibilidad de hacer política de identidad, pero con la ventaja de utilizar un aparato crítico y de análisis que nos advierte contra los peligros mismos de esos procesos identitarios. Ahí nos tenemos que mover. Y a lo mejor, es verdad que es un poco de malabarismo complicado, pero, en ese sentido, tenemos cierta ventaja con respecto a los primeros movimientos sociales americanos que se lanzan de lleno en un proceso identitario que, además, van a ser curiosamente recuperados por el mercado liberal, simplemente, como estilo de vida. Es decir, fenomenal la diferencia de identidades, perfecto, porque con esto tenemos nuevos mercados y nuevos estilos de vida, y hay una transición —como la que se da con el piercing— de lo político a lo estético y una estetización de ciertas formas de vida que ha hecho perder toda la rentabilidad política de todos los movimientos sociales. Yo creo que en Europa estamos en un momento, a lo mejor, privilegiado en ese sentido y, al mismo tiempo, yo creo que es muy importante establecer útiles políticos, intelectuales, porque, además, estamos en un momento fuertemente antiidentitario, no solamente en España. Incluso viviendo en un contexto francés, es increíble. En el contexto francés con respecto al español es más centralizado. Lo vasco y lo catalán tienen una respetabilidad identitaria en el contexto político español enorme, comparado con lo bretón en el contexto francés, que no tienen derecho ni a la palabra, están en una situación muchísimo más minoritaria que la de las minorías judías. Yo creo que a todo eso se suma, efectivamente, una ola de anti, de crítica contra lo musulmán y de interpretación de toda identidad como una identidad religiosa, que a mí me parece algo fantástico, que se da mucho en Francia ahora y que es, por ejemplo, hablar de las identidades sexuales como extremismo e integrismo, es decir, que ser lesbiana es ser extremista o integrista. A mí me gusta hablar del gueto, entendido mayoritario. Algo interesante de la teoría queer es hacer que la normalidad se dé cuenta de que ella misma es también una identidad, sólo que es la identidad dominante y, desde mi punto de vista, la identidad más oprimida, y que es precisamente ahí donde los procesos de subjetivación son más opacos y tienen menos posibilidad de resistencia y agenciamiento.

J. L. C.: ¿Insinúas acaso que la heterosexualidad puede estar más reprimida que la homosexualidad?

B. P.: Sí, en cierto sentido, sí. Insinúo que en la heterosexualidad el proceso de la normalización ha tenido éxito por completo. Efectivamente, ese proceso nunca es perfecto y la heterosexualidad no existe sino como una parodia político-social, representaciones; pero, es verdad, desde luego, a mí me parece un privilegio en muchos sentidos situarme como disidente sexual en un contexto en el que lo único que veo a mi lado es acorralamiento sexual, justamente la incapacidad absoluta de generar conciencia acerca de tu propio proceso identitario.

J. L. C.: Permíteme que te meta un poco el dedo en el ojo. Vamos a hablar de tu libro el Manifiesto contrasexual. ¿Leeríamos tu libro de la contrasexualidad más como un texto de un literato, como Proust o Cortázar o, más bien, como una propuesta programática y política fuertemente afirmativa?

B. P.: Yo leería mi libro como política ficción, de hecho me gusta pensarlo así. Cuando haces teoría desde el punto de vista lesbiano o de lo transgénero, que es quizás donde me sitúo más últimamente, te das cuenta de que primero careces de archivo por completo, porque eres producto de una historia de silencios, de borramientos, más que de marcas y de inscripciones. De esta forma, si pensaras en una reconstrucción de un archivo estás perdido. Entonces, yo creo fundamentalmente en esa tarea de producción de ficciones retrospectivas y de invención del archivo. En ese sentido, hay mucho de literatura. Para mí es una producción absolutamente imperativa. Incluso, inventarnos nuestra propia historia, porque nos ha sido expropiada y la única forma que tenemos de reproducirla es precisamente a través de la invención. En ese sentido, pues sí, hay algo de ficción, pero también hay muchas cosas que son muy fachas y lo tengo que reconocer. Siempre tengo como un delirio, un manifiesto se llama un manifiesto aunque yo me ría de mis propios delirios. Pero sí, siempre hay algo muy irónico, muy paródico, y, claro, ¿cómo puedes llamar manifiesto a estas alturas a un texto, no? Efectivamente, es un texto de ficción, pero de ficciones productoras de realidad en el sentido performativo. Me da la impresión de que así funcionan todos los textos de todas formas, así que no creo que el mío sea una excepción. Los trabajos de Cortázar o Proust son también un texto de cambio político, de la misma manera que Marx está absolutamente lleno de metáforas, de narraciones y ficciones.

J. L. C.: ¿Equiparables en última instancia…?

B. P.: Yo creo que no se trata de equiparables o no, sino que se trata de una cuestión de contextos y de estrategias. En un momento dado, la construcción de un concepto como, por ejemplo, el de género. Ese concepto aparece como un artefacto, un instrumento muy largo de dominación, que es la medicina, además en una de las medicinas más rancias y más normalizadoras, como es la de John Money. Pero es que ese concepto luego resulta que va a ser utilizado por las teorías del género como trampolín para hacer todo un conjunto de cosas. Yo creo fundamentalmente en la maleabilidad de los textos y de los conceptos, incluso dependiendo del contexto y también de sus estrategias, el conjunto de relaciones estratégicas en que lo sitúes.

J. L. C.: Me llama mucho la atención el que, siendo este tipo de estudios fuertemente antinormativos, hay una propuesta de manifiesto, incluso en alguna forma casi contractual de plantearlo. Y también me interesa que nos hables de los talleres queer, que son otra forma de conocimiento…. En el mundo académico, el conocimiento siempre lo traducimos en debates intelectuales sentados alrededor de una mesa o sencillamente textos manuales, revisiones fuertemente densas. Para algunos de nosotros, que venimos de los movimientos sociales, y en algunos casos ligados a la educación popular, sabemos que en los talleres se produce un conjunto de relaciones sociales y relaciones con la arquitectura y con los sujetos que transforma absolutamente nuestras formas de relacionarnos, generando un cocimiento muy nutritivo y orgánico, por aquello de que no es solo alta teoría generalizada, sino práctica en movimiento. Me gustaría que hicieras una valoración de esa diferencia de calidad, entre comillas, de conocimientos y de eso que llamas “terapia queer”, que parece un contrasentido, viendo la teoría queer.

B. P.: Esto de la terapia queer es muy nuevo y quizás todavía no debería haber hablado de ello, porque es de lo que estoy escribiendo ahora, y, todavía estoy en un terreno de arenas movedizas. Pero bueno, te respondo poco a poco. Lo del contrato es como lo del manifiesto: tiene su punto de ironía y de parodia. Es también un momento de toma de conciencia de cómo la sexualidad de todas formas siempre —ya no solamente me refiero a la sexualidad como práctica, sino identidad sexual, etc.—, siempre es producto de un contrato. Entonces, se trataba de llevar esa idea al límite y de proponer contratos alternativos. Este tipo de teorías no han surgido en la filosofía. Al menos para mí. Yo no las encontré en la filosofía. De acuerdo que a mí la lectura de Foucault me cambió la vida, como después la lectura de Monique Wittig, como la de Judith Butler… pero ese tipo de útiles que yo uso ahí no los encontré en la filosofía, los encontré, por ejemplo, en grupos de sadomasoquismo lesbiano en New York en los años 90. ¿Por qué?, pues porque ahí observé que había una cultura sexual absolutamente alternativa, absolutamente distinta, que proponía modelos de relación nuevos y que estaba deconstruyendo aquellas bases que incluso la filosofía no podía ni siquiera tocar. Entonces, la utilización del contrato viene de ahí, en realidad viene de las prácticas “sm”. Me parece que me muevo mucho con esa estrategia de transformación de la tecnología de producción de identidad o de liberación o lo que quieras. Porque, claro, en principio, el contrato aparece como un pin de la ley, la marca de la ley como una estrategia de control, pero yo lo que hago es darle la vuelta a eso. Por eso utilizo mucho esta diferencia entre poder y potencia. Ahí el contrato, de repente, se convierte en un instrumento de empoderamiento, no tanto de ese efecto del poder. Sigo insistiendo en esto porque si no se repite mucho, en España está esa tendencia a pensar que la teoría queer consiste en pensar “todo vale, en términos de sexualidad no hay géneros, no hay sexos y no hay normas”. Yo opino que hay una parte de la teoría queer que tiene que ver con la creación de la cultura sexual alternativa, la proposición de nuevas formas de vivir juntos, si quieres en un sentido ante lo social casi político, utópico: la proposición de un tipo de sociabilidad nueva. Eso no se puede hacer sin un conjunto de normas y hay normas, por supuesto que hay normas. Si no fuera así, no podríamos hablar de homofobia… La antinormalización es una brecha de la teoría queer, pero, tal como yo la trabajo, la queer no es una teoría anarquista, no es una teoría del individuo. De ahí justamente la importancia de esos procesos de agenciamiento colectivo a través de los que se produce el conocimiento y que no son la academia ni instituciones clásicas de enseñanza, sino que son esos talleres en los que yo he empezado a trabajar siguiendo el modelo de Diana Torr Ahí aprendí yo el feminismo de Estados Unidos, lo aprendí en los talleres “sm”, en los talleres drag king y me parece que es justo en ese espacio donde se puede producir teoría queer. El taller es un espacio de verdad de producción, luego la articulación de esa teoría quizá se produce en otro lugar; el hilado de la teoría se produce en otro sitio, pero los conceptos emergen en el taller. En los talleres es donde yo empecé a trabajar con eso que llamo terapia queer o terapia política queer. Me interesa la noción de terapia pero no aplicada al individuo y a lo psicológico, sino como una terapia sistémica, como una terapia política que tiene que ver con los momentos de antipsiquiatría o lo que fue la clínica de Laborde con Guattari. ¿Por qué?, porque te das cuenta de que en los talleres de drag king hay procesos de saneamiento político, curación política que no pueden darse en ningún otro espacio. Esa curación sólo se puede dar en un contexto de agenciamiento colectivo, en ese espacio y en ningún otro. No creo en la cura por la palabra. Los talleres drag king tienen una primera parte concebida y modelizada como un taller feminista de los años 70 y que retoma muchas de las estrategias que usaba la feminista Sara Chair y que llamó toma de conciencia. Para Sara Chair, la toma de conciencia es un proceso bien preciso y además un proceso que incluye una teatralización, incluye una representación del género, es decir, una parodia del género. Yo creo que ahí hay un momento de deliberación importante y de cristalización de estructuras sociales que aparecen como ficciones delante de ti que se caen, y ahí hay un momento de revelación sin querer y quizás una nueva teoría de la verdad dentro de la teoría queer. Cuando vives estos procesos te das cuenta de que los tienes que explicar. Entonces, yo utilizo ese tipo de técnicas de toma de conciencia de Sara Chair, y, luego, a partir de ahí muchas técnicas performativas que tienen que ver con la cultura drag king, drag queen y que hasta hace muy poco han sido consideradas como psicopatologías, es decir, que han sido ilegales. Sigue pareciendo muy curioso que los talleres drag king sean algo que se deba hacer casi de una manera, no clandestina, pero casi, y que no hay un taller drag king en todos los colegios elementales… ¿Cómo es posible que los niños cuando tienen 10 años no estén haciendo talleres drag queen o drag king? Eso sería, desde mi punto de vista, si hay una reducción que es posible, es ésa.

J. L. C.: Una pregunta un poco incómoda: alguien podría leer tu libro y pensar que es el intento de una lesbiana empoderada, hasta el punto de ser imperialista en su sexualidad, ¿que contestarías a ese tipo de afirmaciones?

B. P.: Yo creo que no. Me da la impresión de que no, porque justamente una de las cosas curiosas es que, normalmente, las lesbianas no me reconocen como lesbiana, porque yo soy siempre muy oveja negra de las lesbianas. La gente que más se reconoció en mi libro fueron los discapacitados físicos, los transexuales y los transgéneros y aquellas personas que justamente son altamente conscientes del carácter artificial de su sexualidad. Y yo creo que es por ahí por donde va el tema, y luego creo que hay todo un conjunto de transexuales disidentes que están hasta aquí de la heterosexualidad… Particularismo ninguno en ese sentido, crítica transversal.

J. L. C.: Bueno… ¿te gustaría hacerte alguna pregunta?

B. P.: ¿A mí misma?

J. L. C.: Sí…

B. P.: No sé, curiosamente ahora estoy trabajando en un libro nuevo que es una entrevista, en un libro que es una entrevista que yo me hago a mí misma. Es una larga entrevista que estoy trabajando a través de unos monólogos que hizo Jean Genet en los años sesenta y que me impactaron. Entre otros, L’enfant criminel, y que ha sido un revulsivo en estos últimos meses y a partir de ahí estoy trabajando en una idea de escritura como entrevista, porque también creo que en muchos sentidos la teoría queer es una teoría en diálogo, un perpetuo diálogo, que es algo inevitable. Estamos en un diálogo constante con todas las ciencias sociales, en un diálogo constante con el psicoanálisis, un diálogo con la medicina… Por primera vez, hay un conjunto de minorías político-sexuales que hablan. Creo que esa toma de la palabra en un momento, aparte de que podría ser, claro que sí podría ser, un golpe de estado, puede ser una forma revolucionaria. Creo que en la academia también es un diálogo, es un largo diálogo que hemos intentado oír, en el que las ciencias sociales, la psicología…, están atrincheradísimas.

J. L. C.: El contexto es endiabladamente difícil. Justamente, por el auge del teoconservadurismo. ¿Cómo valoras la actual coyuntura pensando además que estas políticas conservadoras califican toda disidencia, en especial en Estados Unidos, de “cultura de la queja”? Te recuerdo que en el Estado Español la impronta de las últimas reformas educativas generan un clima poco propicio para abrir brecha en “cuestiones torcidas”.

B. P.: Yo creo que políticamente estamos pasando por uno de los periodos más duros. De hecho cuando me fui de Estados Unidos hace cuatro años, fue porque ya no podía más. Después de haber pasado por un momento de gran gozo político, aquello se convirtió en una cosa horrorosa y, además, yo creo que, en términos de políticas sexuales, estamos viviendo un momento muy paradójico y muy conflictivo en el que tenemos que tener mucho cuidado, porque es un momento en el que después de una cierta lucha política el Estado se está volviendo a reapropiar. El Estado, por no decir el capital, el mercado, la globalización se están volviendo a apropiar de nuestras propias categorías, es decir, estamos en un segundo momento de resignificación y ahora es cuando la teoría queer se está llevando… Esto te vuelve como un boomerang, pero es que va y vuelve y todos aquellos conjuntos que nosotros hemos utilizado como crítica, ya sea los de género, sexualidad, no importa, esos conceptos nos vuelven ahora utilizados estatalmente a través de políticas legislativas y entonces ahí hay que ser muy cauteloso, ya sea en las políticas de violencia de género, ya sea en toda la legislación actual que tiene que ver con el matrimonio. A mí lo que me asusta es el conservadurismo, encima, que viene de los márgenes. En nuestros propios movimientos sociales, creo que es un momento de vida o muerte, me da la impresión. Hay que ser precisamente ahora muy reactivos, y yo veo cierto inmovilismo… Si se consigue el matrimonio… y tú dices bueno pero ¿cómo es posible si esto es el anti, lo opuesto a todo aquello por lo que hemos estado luchando durante años?, ¿no?, pues ¿cómo nos vamos a dejar llevar ahí?. Yo creo que políticamente es un momento duro y creo que es un momento, en España, de un gran desequilibrio entre el profesorado y el alumnado. Constantemente tengo alumnos españoles que me envían mails, me atacan, todo el mundo quiere que vaya a ver si puedo ayudarle a dirigir su tesis, a no se qué y lo que no encuentro son personas que ya están instaladas en la academia, por ejemplo, como tú, que son capaces de establecer un diálogo y creo que eso falta, que es terrible e injustísimo que ese conservadurismo llegue también a la universidad y que sobre todo está en la universidad.

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