Mostrando las entradas con la etiqueta arquitectura. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta arquitectura. Mostrar todas las entradas

miércoles, mayo 12, 2010

Fragmento de 'Pornotopía' - Beatriz Preciado

Reproduzco un fragmento del libro Pornotopía. Arquitectura y Sexualidad en 'Playboy' durante la Guerra Fría, de la filósofo queer Beto Preciado, el cual fue finalista del premio de ensayo Anagrama, y que acaba de empezar a circular en librerías. El que se haya editado en Anagrama asegura una distribución más amplia que sus dos libros anteriores que difícilmente pueden ser hallado en América Latina (el primero, El Manifiesto Contrasexual fue editado en Opera Prima en 2002, y el segundo, Testo Yonqui, a través de Espasa Calpe en 2008). Aún no tengo el placer de tenerlo en mis manos y comentarlo, pero será muy pronto, espero. El fragmento ha sido tomado de la página de El Cultural.
...........

En plena guerra fría, el joven Hugh Hefner crea la que pronto se convertiría en la revista para adultos más vendida del mundo: Playboy. Lo que el público desconoce es su pionera labor como artífice de las casas del placer: Playboy no era simplemente una revista de chicas con o sin bikini, sino un vasto proyecto arquitectónico-mediático que tenía como objetivo desplazar la casa heterosexual como núcleo de consumo y reproducción proponiendo frente a ésta nuevos espacios destinados a la producción de placer y de capital. Esta es la reflexión que Beatriz Preciado propone en su nuevo libro, Pornotopía, finalista del Premio Herralde y del que a continuación ofrecemos un revelador fragmento.


7. La Mansión Playboy: La invención del burdel multimedia

El periodo de expansión global del capitalismo que siguió a la Segunda Guerra Mundial fue para Estados Unidos una bacanal de consumo, drogas e información. La economía de guerra que había conducido en Europa hasta el Tercer Reich y los campos de exterminio y en Estados Unidos hasta la bomba atómica, se había transformado en una economía de superconsumo. La sociedad norteamericana, confortablemente sentada en los salones de sus casas suburbanas, veía la tele mientras se comía los derivados de las tecnologías bélicas. La seguridad de la nueva vida que el capitalismo prometía residía en una pareja reproductiva, la propiedad privada de un recinto unifamiliar, un poco de césped, un interior doméstico con aire acondicionado, insecticidas, latas de conservas, plásticos, y un automóvil para desplazarse hasta las zonas comerciales.

Al analizar este periodo, Kristin Ross define como «privatización» el proceso por el que «las nuevas clases medias se replegaron en sus confortables interiores domésticos, cocinas eléctricas, recintos privados para automóviles; todo un mundo interior moldeado por una nueva concepción de la vida conyugal, una ideología de la felicidad ba sada en la nueva unidad de consumo de la clase media: la pareja, y la despolitización como respuesta al creciente control burocrático de la vida cotidiana». Es cierto que los esfuerzos de Playboy por reformular el espacio interior podrían interpretarse como parte de este proceso de privatización; sin embargo, sus finalidades y estrategias, paradójicamente, tienen muy poco que ver con esta noción de privacidad. Las fantasías de áticos urbanos y las mansiones Playboy representarán una alternativa radical a la vivienda unifamiliar de la década de 1950. Frente a la casa heterosexual como espacio reproductivo, Playboy va a dibujar una ficción erótica capaz de funcionar al mismo tiempo como domicilio y como centro de producción. Estos espacios Playboy no serán simples enclaves domésticos, sino espacios transaccionales en los que se operan mutaciones que llevarán desde el espacio doméstico tradicional que dominaba a principios del siglo xx hasta una nueva posdomesticidad característica de la era farmacopornográfica: un nuevo régimen de vida a la vez público y doméstico, hogareño y espectacular, íntimo y sobreexpuesto. Los espacios Playboy serán el síntoma del desplazamiento desde los interiores característicos de la modernidad disciplinaria (espacio doméstico, colegio, prisión, hospital, etc.) como cápsulas de producción de la subjetividad, hacia un nuevo tipo de interioridad posdisciplinaria.

Playboy y sus enclaves de invención de placer y subjetividad son cruciales en la transformación del régimen disciplinario en farmacopornográfico. El capitalismo farmacopornográfico podría definirse como un nuevo régimen de control del cuerpo y de producción de la subjetividad que emerge tras la Segunda Guerra Mundial, con la aparición de nuevos materiales sintéticos para el consumo y la reconstrucción corporal (como los plásticos y la silicona), la comercialización farmacológica de sustancias endocrinas para separar heterosexualidad y reproducción (como la píldora anticonceptiva, inventada en 1947) y la transformación de la pornografía en cultura de masas. Este capitalismo caliente difiere radicalmente del capitalismo puritano del siglo xix que Foucault había caracterizado como disciplinario: las premisas de penalización de toda actividad sexual que no tenga fines reproductivos y de la masturbación se han visto sustituidas por la obtención de capital a través de la regulación de la reproducción y de la incitación a la masturbación multimedia a escala global. A este capitalismo le interesan los cuerpos y sus placeres, saca beneficio del carácter politoxicómano y compulsivamente masturbatorio de la subjetividad moderna.

La Segunda Guerra Mundial, la extensión de la violencia como cultura del cuerpo y las transformaciones biotecnológicas habían contribuido a desarticular la red de percepciones y afectos que constituían el sujeto disciplinario. Sobre esta subjetividad maltrecha y postraumática vendrá a injertarse una nueva red sensorial y emocional facilitada por la economía de consumo y la cultura del ocio y el entretenimiento. La mutación farmacopornográfica comienza en el salón de cada casa.

Pronto, en medio de una guerra que cada vez parecía menos fría, el interior de la casa de Hugh Hefner atraerá una atención mediática sin precedentes. Exteriormente, nadie hubiera distinguido la Mansión Playboy entre otras casas señoriales del Gold Coast de Chicago de no ser porque la revista Playboy había abierto sus puertas a la mirada americana. Tras el frontispicio convencional de un edificio decimonónico se escondía el mayor polvorín sexual del mundo, o al menos eso era lo que la revista Playboy aseguraba.

En diciembre de 1959, Hefner compró una mansión señorial, de ladrillo y piedra, en el 1340 de North State Parkway, en el Gold Coast de Chicago, no lejos del lago Michigan. La casa había sido construida en 1899 por el arquitecto James Gamble Rogers, conocido por haber diseñado numerosos edificios institucionales, como la Universidades de Yale o Columbia, a finales del siglo xix, imitando las construcciones góticas europeas, utilizando acero recubierto de molduras y tratando la piedra con ácido para envejecerla. Pensada primero como edificio institucional y centro cívico, la casa, que había llevado hasta entonces el nombre de George S. Isham, había sido el centro de una vida social intensa a comienzos del siglo xx. Durante la Gran Depresión fue transformada en condominio de pisos, pero la segunda planta conservó su estructura para uso público, con su gran chimenea de mármol, salón de baile y cocina de hotel. Hefner decidió reformar sus casi 1.800 m2 y presentar la antigua casa en las páginas de la revista Playboy convertida no ya en un ático sino en un auténtico castillo urbano de soltero.

Los costes de las obras (3 millones de dólares) superaron con creces el precio de compra de la casa. Resulta interesante que, a diferencia de lo previsto en el diseño de Donald Jay para la primera casa Playboy, Hefner decidiera no tocar la fachada, que permaneció idéntica a la original. Los dispositivos de visibilización del interior previstos por Hefner era más sutiles y sofisticados que la fachada moderna de cristal transparente que los diseños de Mies van der Rohe habían popularizado en América. La revista, la televisión y el cine se convertirían en auténticas ventanas multimedia a través de las que acceder a la privacidad de la Mansión. Una vez más, Playboy ponía de manifiesto que lo específicamente moderno no era tanto la estética del cristal y el cemento como el despliegue de lo privado a través de los medios de comunicación.

domingo, noviembre 02, 2008

Leyendo El Capital de Marx con David Harvey / Después del neoliberalismo...

David Harvey es, qué duda cabe, uno de los geógrafos y pensadores marxistas más significativos del último medio siglo. Su producción amplísima -y sigue creciendo- da cuenta de sus múltiples esfuerzos por intentar repensar formas de construcción del espacio público en el actual contexto de globalización, asumiendo críticamente la dimensión económica capitalista que ordena de forma sumisa las nuevas estructuras y relaciones sociales en el espacio cotidiano. ¿Cómo resulta posible imaginar otra ciudad, o esa posible 'revolución urbana' -para tomar una idea Henri Lefebvre-, en un marco postindustrial capitalista extremo como el presente?
Poco antes de viajar a Buenos Aires tuve precisamente mi primera clase con Neil Smith -compañero de trabajo de Harvey- y una de las primeras cosas que contó fue que en una reunión con varias otras personas, hace varios años, la doctora en biología y filósofa marxista feminista Donna Haraway -sobran presentaciones- había dicho que, llegado cierto momento, ya parecíamos haber olvidado cómo sería pensar el mundo más allá del capitalismo (“...we have largely lost the ability to think what a world beyond capitalism might look like.”). Neil partió de una constatación que para él resultaba profundamente dura. No se trataba únicamente de que un modelo económico neoliberal sea el que ordene ahora la construcción urbana del planeta, sino de cómo tal naturalización genera estragos en el pensamiento y ya la posibilidad misma de pensar otros órdenes parecía empezar a desaparecer. Eso probablemente podrá sonar un inicio extraño para un curso sobre Procesos Urbanos, pero para Neil estaba clarísimo lo necesario de considerar cómo se construye políticamente -cotidianamente- esos espacios urbanos, e imaginar y observar qué tipo de respuestas están siendo necesarias y posibles frente a esa hegemonía neliberal que ha empezado a resquebrajarse hace tiempo y que ahora atraviesa, tal vez, su más decisiva crisis.

Aprovechando el pequeño comentario comparto un par de cosas. Hace algunos meses atrás me enteré, vía el blog YPSite, que se habían subido a la web los videos de las clases de la Universidad de Nueva York donde el geógrafo David Harvey analiza El Capital (Volume 1: A Critique of Political Economy) de Marx. Es una excelente idea esto de subir los videos -aunque lamentablemente están todos únicamente en inglés ya que son videos grabados en la propia clase-. Dejo aquí el primero de ellos donde, a modo de presentación del curso, Neil Smith entrevista a Harvey quien recuerda su primera aproximación al libro, quizá algo ingenua, a fines de los 60s (pensemos además que ese es el contexto temporal del libro Para leer el Capital que publica Althusser en 1969), y luego en el video se hace la introducción sobre Marx y sus influencias filósoficas y políticas al momento de su escritura, y ya sobre el libro mismo.




El segundo detalle es el Seminario que está organizando Neil Smith en el MACBA para fines de mes titulado Después del neoliberalismo: ciudades y caos sistémico, como parte de mi programa de estudios (PEI), y que tendrá pensadores sobre arquitectura y urbanismo tan decisivos como Mike Davis, Andrew Ross, Raquel Rolnik, ente otros. Copio la presentación y estructura del Seminario, y más info puede verse aquí.


Después del neoliberalismo: ciudades y caos sistémico
Seminario dirigido y moderado por Neil Smith

Utilizando la oportuna frase de Habermas sobre el modernismo, podríamos empezar considerando que hoy el neoliberalismo «ha muerto pero sigue vigente», y que ello tiene ciertas implicaciones en nuestra forma de entender el cambio y el proceso urbanos. La oposición antiglobalización que surgió a finales de la década de los noventa y principios del siglo XXI, la implosión de la innovación neoliberal que se inició con la crisis económica «asiática» de 1997 a 1999, el colapso económico en Argentina y finalmente la crisis en la zona central de Estados Unidos tras la recesión del 2007 y la consiguiente crisis financiera global son los signos del fracaso del neoliberalismo. En realidad, en los últimos años no han surgido nuevas ideas neoliberales; el proyecto se ha quedado estancado, ha perdido impulso, ha empezado a atrofiarse y, finalmente se ha estrellado. En el mejor de los casos, es tan solo un vestigio geográfico y programático de un proyecto anunciado hace más de 25 años. Sin embargo, el neoliberalismo ha dejado (y sigue dejando) a su paso una estela de destrucción, tanto en los barrios pobres de todo el mundo, como en el medio ambiente o entre los marginados por razón de clase, género o raza o por pertenecer a un pueblo indígena.

¿Qué repercusiones tiene para la ciudad la atrofia del neoliberalismo? Aunque la crisis de las ciudades neoliberales es evidente hoy, por ejemplo, en la crisis de las hipotecas subprime en los Estados Unidos, la consiguiente crisis financiera global y la nacionalización directa o indirecta de los bancos, la crisis causada por el neoliberalismo es más ostensible en la geografía social global de las ciudades, desde São Paulo hasta Shangai, desde el Raval de Barcelona hasta los barrios bajos de Lagos. Los proyectos de desplazamiento urbano masivo de China son quizá las actuaciones pioneras de este cambio, pero hay muchos y variados ejemplos. El predominio de esta lógica neoliberal en la planificación y el desarrollo urbanos es una garantía de más empobrecimiento para muchos. Sin embargo, para otros, la ciudad neoliberal es un filón de opulencia, que quizá donde mejor se expresa es en la globalización del proceso de gentrificación. La falta de una alternativa general a un neoliberalismo atrofiado, junto a la creciente oposición, apunta a un futuro caótico de neoliberalismo resistente entremezclado con intentos de opciones alternativas y oposición frontal.

Este seminario examinará la apariencia, la forma y los procesos de la ciudad «después del neoliberalismo» y atravesará los contornos del caos y la reconstrucción que ayudan a rehacer el espacio urbano. Nos centraremos en varias ciudades concretas, utilizando sus experiencias de neoliberalismo urbano –en su prevalencia y su atrofia–, así como en lo que puede aportarnos el futuro de la ciudad.

-
Programa

Viernes, 28 de noviembre, de 18 a 21 h

Neil Smith: Introducción
Eyal Weizman: La arqueología futura de la ocupación suburbana
Turno de preguntas y debate

Sábado, 29 de noviembre

Sesión de mañana, de 11 a 14 h


Miembro del Observatorio Metropolitano: La ciudad global, polarización social y metástasis urbana: el caso de Madrid
Raquel Rolnik: Confinamiento o conflagración: metrópolis brasileñas al límite
Turno de preguntas y debate

Sesión de tarde, de 16 a 20 h

Andrew Ross: Shangai al límite
Mike Davis: ¿Quién construirá el arca?
Turno de preguntas y debate

viernes, julio 18, 2008

Interrupciones y ausencias

Dos exposiciones inauguradas hace poco tiempo. Tiempos Interrumpidos de Ricardo Yui en la Alianza Francesa de La Molina (Javier Praso Oeste 5595), y Presencias Inadvertidas - Ausencias evidentes curada por el arquitecto Víctor Mejía en las Sala El Ojo Ajeno (28 de julio 815) y en la Sala Raúl Porras Barrenechea en Miraflores. Ambas tiene como soporte principal la fotografía y constatan un proceso de transformación del espacio público y de la ciudad durante las últimas décadas: la primera a través de la aparición de nuevos edificios en Lima, y la segunda con la desaparición de una serie de salas de cine reemplazados ahora por los nuevo 'multicines' en diversos centros comerciales de la ciudad.
.......