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domingo, octubre 25, 2009

Incendio en Rio consume archivo de Hélio Oiticica, por Felipe Ehrenberg

OITICIQUIANA: Los griegos se referían a Helios como Panoptes
(aquel que todo lo ve). Helio quiere decir sol, lumbre, fuego...
Su nombre mismo sugiere incineraciones ¿Sentiríamos lo mismo si sus
cosas hubieran sido llevadas por las corrientes de una inundación...?

¡Qué susto, el incendio del legado de Helio Oiticica! ¡Qué pérdida tan lamentable!
Pero ¡cuidado!
Diariamente, aparecen más y más opiniones –impresas y digitales– respecto a esta ¿inesperada? conflagración, algunos muy sensatos, otros no tanto. Para no ir muy lejos, veo en este mismo ciberespacio (donde primero supe la noticia), cómo empieza a crecer... algo, ideas. Aún no surge ni el “cuáles ideas”, ni el “cómo ponerlas en práctica”.
Hay que pedirle cuentas a los funcionarios culturales en Brasil, en México, en toda Iberoamérica, por todos sus descuidos. Tienen que saber que se les irá a exigir de manera perentoria y constante que legislen para colocar la cultura y las artes lado a lado con la protección al medio ambiente. Sugiero entonces que vayamos rápido pero con tientos. En torno al resguardo de archivos, no podemos perder de vista que quienes guardan papeles son cronistas, no especuladores. Quiero decir, los conceptualistas de los 60s en adelante no han guardado con el afán del fetichista.
De Oiticia para acá, se fue enfatizando la diferencia entre “l’objet d’art” y “l’ouvre d’art”. Entre objeto y obra. A la hora de la hora, mantengamos esta diferencia frente a los ojos. Se pierde o se puede perder, por un lado, un caudal invaluable de documentación. Por el otro, hay que tener cuidado pues peligran obras, o lo que se ha vuelto cada vez más importante, vestigios de obras...
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Helio Oiticica era organizado y sistemático, como muchos otros creadores y pensadores nuestros, conceptualistas del sur como Clemente Padín... Paolo Bruscky... Beatriz González, Martha Menujin, Lygia Clark, Ulises Carrión, Carlos Zerpa, et al... Reunía con desmedido esmero todo y cualquier papel, documento, foto, recorte o vestigio que tuviera que ver no sólo con lo que creaba sino también –y esto es importante– con lo que pensaba y la manera en que concebía el universo: en la organización de todo archivo personal están reflejados los vericuetos mismos de la mente de quien almacena...
Creo que si Helio no hubiera muerto prematuramente compartiríamos hoy opiniones muy parecidas. Nada sorprendente. La vida –y muchos queridísimos colegas– me han enseñado que se guarda lo impensable, precisamente porque en nuestras sociedades ¡a nadie más se le ocurre nunca guardar "lo impensable"!
Estoy seguro que Helio almacenaba porque, como todos los guardadores contemporáneos que andamos vagando por el éter de la desmemoria, él ya presentía la imperiosa necesidad de cubrir vacíos. Estoy seguro que archivaba presionado (¿aterrado?) por las amnesias que en sus días empezaban a corroer a su Brasil, amnesias que igual corroen a México como a la América latina (incluyendo Haití y Quebec). Helio veía, como lo hemos visto tantos otros, como era desdeñada su producción y las ideas que la impulsaban por la crítica del momento (aún no surgían esos DJs de las artes plásticas llamados curadores). Veía que su pensar no producía eco en las consideraciones teóricas, filosóficas, de su momento.
Y seguramente también se dio cuenta de como la gente de nuestras clases medias, que ocupan posiciones determinantes en nuestras instituciones culturales, han ido cediendo ante el discreto encanto del olvido: de cómo aceptaron –y siguen aceptando– sustituir las memorias de nuestros riquísimos pasados por las efímeras experiencias (gas néon y pixeles binarios) que las deslumbran (happy hour... design... love you... hot sexy girls... brunch... latest news... house for sale... halloween... opening...).
Es sencillo detectar a los culpables: los universitarios y académicos de este sector medio son cómplices de la degradación del pensamiento. Son los que han permitido el desmoronamiento de los eslabones de la imaginaria cadena de eventos artísticos, creativos, de nuestro pasado inmediato y su capacidad para reflejar nuestro devenir. Son los que hacen caso omiso de la Guerra Fría que en los 50s se desencadenó sobre el mundo, ¡y que sigue aquí!, esa guerra que los tiene convencidos que la información es mejor que el conocimiento.
Vean si no: la jesuítica Universidad Iberoamericana, en la Cd. de México, es la única que maneja la carrera de Historia del Arte en el país. ¡Créanme! Sin embargo, hasta hace muy poco, su biblioteca no llegaba ni a los años 50, y ni siquiera se tomaban la molestia de guardar en sus propios archivos las tesis que año tras año le exigían a sus estudiantes para licenciarlos. Frente a tal pobreza de fondo y contenido, ¿cómo pretenden formar cuadros profesionales?, ¿cómo quieren que esos profesionales conozcan el pasado de su propio país, el distante y el cercano? (Me dicen que la situación "ha mejorado". Cruzo dedos porque sea cierto).
Ahora en México, acaba de abrir sus puertas el flamante Museo Universitario de Arte Contemporáneo, con todo y Arkheia, su centro de documentación. Ideado y construido por las mismas clases medias a quienes hasta hace poco les importaba un bledo los nuevos conceptos que se iban fraguando en nuestros suelos, el MUAC no tienen un centavo de presupuesto para reunir, rescatar y cuidar las memorias del arte contemporáneo. Típicamente, quienes dirigen nuestras instituciones ahora quieren que los artistas les donemos lo que antes rechazaban.
Lo malo es que si se siguen por ese camino, si siguen queriendo emular a la Colección Jumex (o las de Constantini o Cisneros, que son 100% privadas), sólo podrán acabar como “medio refrán”: con un ojo al gato, pero descuidando el garabato; con un ojo en el fetiche objetual (hoy más que nunca imperdonablemente eurocéntrico) y descuidando las propuestas del suelo propio.
Varias de las personas que me leen (mil gracias por su paciencia) saben de mis voluminosos archivos. Unos ya están resguardados en la Tate y en la Universidad de Stanford. Por el momento, el MUAC almacena en comodato otra respetable porción de mis documentos (incluyendo obras). Pero lo más sustancioso sigue en las cafetaleras humedades de Xico, zona de calores y lluvias torrenciales. Lo almacenado ahí ya representa un peso injusto en los hombros de mis hijos. Nada, ni candados ni seguros, protegen ese papelerío y esas obras de los pececitos de plata, de los hongos y los líquenes.
No me pregunten que irá a pasar dentro de poco... Puedo asegurarle a quien se interese que, cuando entregue yo el equipo, podrá hallar muchísima información en los espacios submoleculares de la memoria externa que acabo de comprar para mi compu ¡y en el Internet!
De hecho, tengo entendido que precisamente en el Internet hay mucha información producida por Oiticica y en torno a su obra. ¿Qué tal y se aboca alguien a reunir lo más posible en un mega portal/ museo, para la consideración y deleite del mundo?
Any bidders?
Con mil abrazos, desde las humedades paulistanas,
Felipe Ehrenberg


[publicado en su blog hace dos días]

martes, octubre 20, 2009

A sobrevivência de Oiticica, por Lisette Lagnado

La crítica de arte brasileña Lissette Lagnado, curadora de la 27º Bienal de Sao Paulo en 2005, escribe sobre el reciente incendio que acabó con un 90% del archivo de Hélio Oiticica en Rio de Janeiro y cómo ayudó a organizar el acervo de HO que preserva ahora una parte de los documentos destruidos. Publicado en la web de Trópico.
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"Subterrânea", texto escrito em estilo de manifesto por Hélio Oiticica, em 1969
Acervo Hélio Oiticica/Reprodução


A sobrevivência de Oiticica
Por Lisette Lagnado

Ainda não sabemos o que restou do incêndio que devastou a casa do irmão de Hélio Oiticica, no Jardim Botânico, no Rio de Janeiro, onde ficava guardado um acervo de mais de mil peças, entre obras e arquivo, além dos negativos de seu pai e fotógrafo José Oiticica Filho. O que eu sei é que recebi a notícia na manhã do dia 17 de outubro como uma notícia de morte. Foi assim que me dei conta que, até então, eu me relacionava com um artista vivo.

Quando Leonilson morreu em 1993 e um grupo de amigos tomou a decisão de fundar, em caráter de urgência, um lugar que pudesse receber eventuais interessados em sua obra, o Projeto HO (Hélio Oiticica) era a referência nacional como modelo de ação para cuidar da memória de um artista brasileiro.

Sem nenhum apoio da parte de instituições, todos nós, intelectuais ou artistas, acompanhávamos a vitória da prática do mutirão, uma das características mais extraordinária da organização social brasileira, essa forma de solidariedade baseada na conjugação de obrigação moral com recursos mínimos, que Antonio Candido consagrou nas linhas de "Os Parceiros do Rio Bonito".

Graças ao sentimento de luta por um patrimônio cultural, Lygia Pape, Waly Salomão e Luciano Figueiredo haviam conseguido levar ao mundo um acervo a ser decifrado. De fato, quando pedi ajuda à Pape, a grande retrospectiva “Hélio Oiticica” já havia passado pelo Witte de With Center for Contemporary Art (Rotterdã), a Galerie Nationale do Jeu de Paume (Paris), a Fundació Antoni Tàpies (Barcelona), o Centro de Arte Moderna da Fundação Calouste Gulbenkian (Lisboa) e ainda iria até o Walker Art Center, de Minneapolis, em 1994, até aportar no Centro que levaria o nome do artista no Rio de Janeiro, em 1996.

Portanto, Oiticica já havia sido consagrado internacionalmente quando Ricardo Ribenboim, diretor-executivo do Instituto Itaú Cultural, por sugestão do professor Celso Fernando Favaretto, me chamou para uma proposta de pesquisa e trabalho que mudaria minha vida. Ciente da importância de Oiticica não somente como artista, mas também como teórico, há exatos dez anos, em setembro de 1999, seu irmão Cesar selou uma parceria entre a família e o Itaú, no sentido de preservar os escritos do artista e disponibilizá-los progressivamente em um website.

Na qualidade de coordenadora desse arquivo, me coube ler e reler caixas de cadernos, fichários e notebooks, que foram levados até a avenida Paulista e armazenados no armário de uma pequena sala que se converteu no meu “ninho” até junho de 2002.

Lá, com a ajuda de quatro jovens pesquisadores, elaborei a ficha catalográfica que serviria de matriz para registrar o conteúdo de cada manuscrito, em sua maioria com diversas versões datilografadas e corrigidas pelo autor. O nome de “Programa Hélio Oiticica” foi escolhido para criar uma analogia entre o modo como o artista sistematizou os conceitos de seu “Programa Ambiental” e a navegação via internet, que permitia um passeio labiríntico, não-linear.

Tendo recebido o material sem nenhuma ordenação cronológica, o trabalho de sistematização levaria um tempo inestimável se tivesse de passar por uma leitura total até poder depreender quais seriam os campos a serem criados na ficha técnica. O método que inventei para o tombamento surgiu justamente a partir desse caos inicial. Ajudou-me a me libertar das periodizações que pautam toda e qualquer narrativa histórica.

Trabalhando com um arquivo ainda em estado bruto, era possível mergulhar imediatamente na simultaneidade de suas invenções, no sentido vital de uma escrita cuja originalidade se deve à motivação de um pensamento sempre “in progress”. Não obstante, era impossível evitar solicitações de exposições nacionais e internacionais, que interrompiam a rotina do trabalho, exigindo saídas de documentos que ainda não haviam sido tombados.

Na semana da saída de Ribenboim, que colocou toda sua habilidade diplomática a serviço desse projeto e me deixou trabalhar com a máxima liberdade na concepção de um software específico, recebi a visita da curadora Mari Carmen Ramírez, a quem mostrei o que vinha sendo feito em matéria de arquivo digital.

Responsável pela arte latino-americana no Museum of Fine Arts de Houston (MFAH) -o mesmo que comprou grande parte da arte construtiva e neoconcreta brasileira do colecionador Adolpho Leirner, não sem provocar gritos por uma “perda” em nível nacional-, Ramírez foi tomada de surpresa pela envergadura da iniciativa.

Em dezembro de 2006, após cinco anos de pesquisa para o catalogue raisonné do artista, o MFAH apresentou a mostra “Hélio Oiticica: The Body of Color”, que seguiria para a Tate Modern (Londres), como primeira etapa de um novo esforço de sistematização da obra do artista, em parceria com o Projeto Hélio Oiticica, mas já sem a presença de Lygia Pape e Waly Salomão.

No simpósio realizado no dia 2 de junho de 2007, em Londres, Mari Carmen Ramirez, também curadora e diretora do Centro Internacional para as Artes das Américas (EUA), deixou de comparecer à mesa. A sua justificativa para não abrir o simpósio de seu próprio trabalho foi publicada em Trópico (leia abaixo no Link-se).

O panorama é outro, se entendermos que os arquivos também foram destruídos pelas chamas. Qual será a reorganização de um legado que transcende a manufatura de objetos artísticos? Nunca gostei de me reler. No site do Itaú Cultural, reencontro uma frase que escrevi sem aviso prévio do destino: “Esses documentos foram trazidos para São Paulo para serem catalogados, digitalizados e tratados para que sua deterioração fosse retardada”.

Findo o contrato, além dos disquetes, que continham informações muito mais detalhadas e complexas do que a catalogação visível na internet, entregamos centenas de caixas novas, especialmente confeccionadas para acondicionar cada documento higienizado. Uma a uma, as páginas de todos os "NTBK" (notebooks), deixados sob a guarda do Itaú Cultural, foram intercaladas com folhas de pH neutro e recomendações para futuro restauro.

Se as condições materiais para quem ama e estuda arte já eram precárias, o incêndio abriu as portas da ficção para uma legião de admiradores do “além da arte” de Oiticica, que, vagando como “detetives selvagens” do escritor chileno Roberto Bolaño (1953-2003), escreverão textos assombrados por uma catástrofe.

No meu breve percurso como pesquisadora da arte brasileira, me vi estimulando os mais jovens a pensar sua própria produção e tomar notas, não somente do processo criativo, mas também do significado de sua inserção numa conjuntura histórica. Como poderia explicar a importância de resistir à devoração do mercado e a necessidade de dedicar, dentro de um ofício que tanto mudou dos anos 1960 até hoje, um tempo de construção cultural para um patamar diferenciado de reflexão?

Testemunhei situações muito diferentes quando precisei estudar Iberê Camargo, Mira Schendel, Arthur Bispo do Rosario, Raimundo Colares e, mais recentemente, Flávio de Carvalho, Lina Bo Bardi e Sergio Bernardes. Dessa minúscula lista, talvez só um deles esteja descansando em paz.



Publicado em 18/10/2009

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Lisette Lagnado
É crítica de arte e professora do Mestrado em Artes Visuais da Faculdade Santa Marcelina, integra o Conselho Consultivo de Arte do Museu de Arte Moderna de São Paulo (MAM-SP) e é editora de Trópico e da seção "em obras" desta revista. Foi curadora da 27ª Bienal de São Paulo e coordenadora do Arquivo Hélio Oiticica (Projeto HO e Instituto Itaú Cultural). Publicou "Leonilson - São Tantas as Verdades" (DBA), entre outros livros.

domingo, octubre 18, 2009

Un incendio destruye el legado del artista brasileño Hélio Oiticica

Así informa hoy El País de España sobre el incendio del acervo de Hélio Oiticica en Rio de Janeiro.
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Un incendio destruye el legado del artista brasileño Hélio Oiticica

Perdidas 2.000 obras, valoradas en 138 millones, de este clásico del siglo XX

por Francho Barón

La cultura brasileña quedó seriamente herida la noche del pasado viernes. El 90% del acervo del artista plástico Hélio Oiticica (1937-1980), uno de los fundadores del neoconcretismo brasileño, se convirtió en pasto de las llamas tras declararse un incendio en la casa familiar del barrio de Jardim Botânico, en la zona sur de Río de Janeiro. El fuego se tragó 2.000 obras de Oiticica, entre pinturas, material audiovisual, instalaciones, libros, proyectos y anotaciones del artista, todo ello valorado en unos 200 millones de dólares (unos 138 millones de euros), según estimaciones de la familia. En 2007 la Tate Modern de Londres le dedicó una retrospectiva.

Por el momento se descarta que el incendio haya sido intencionado. "Me siento fracasado, porque mi misión desde que me jubilé consistía en cuidar su obra", manifestó, destrozado, César Oiticica, hermano del artista, que cenaba en la casa en el momento del siniestro. La desafortunada pérdida incluye obras consagradas, como Bólides o los famosos Parangolés. Junto al poeta Ferreira Gullar y los artistas Lygia Clark y Amílcar de Castro, Oiticica alumbró el movimiento neoconcretista.

El acervo de Oiticica no estaba cubierto por ningún seguro y se encontraba circunstancialmente en la primera planta de la casa familiar, en un estudio equipado con dispositivos para controlar la humedad y la temperatura, sensores de presencia y antiincendios. De nada sirvió tanto aparataje.

"Es lo peor que le podía pasar a la cultura brasileña", se lamentó ayer César Oiticica ante la prensa local. Razón no le falta al hermano de uno de los exponentes más transgresores del arte contemporáneo brasileño, ya que las obras se encontraban almacenadas en el domicilio de Jardim Botânico tras una gresca por cuestiones de dinero entre los herederos de Oiticica y el Ayuntamiento de Río de Janeiro. Buena parte de las obras quemadas habían sido retiradas el pasado abril del Centro Municipal de Arte Helio Oiticica, donde se había inaugurado una gran retrospectiva del artista. El impago de cerca de 267.000 reales (cerca de 100.000 euros) a la familia provocó un duro enfrentamiento que acabó con la clausura anticipada de la muestra y el traslado de las obras a la casa donde se produjo el incendio.

La obra de Oiticica, marcada por una fuerte componente teórica, a menudo buscaba provocar la participación activa del espectador. Una de sus instalaciones más laureadas fue la bautizada como Penetrables, un laberinto elaborado con planchas suspendidas. El artista, que también inspiró con su obra el movimiento Tropicalia, impactó a la sociedad brasileña con la frase "Sea Merginal, sea héroe", serigrafiada en una bandera sobre la figura de un narcotraficante muerto.

sábado, octubre 17, 2009

Último minuto: Incendio destruye el acervo del artista Helio Oitica en Rio de Janeiro

Esta es una terrible noticia muy triste de comunicar. Hace pocos minutos se acaba de divulgar la noticia de un incendio en el archivo de Helio Oiticica en Rio de Janeiro, Brasil. Su archivo contenía documentos personales, cartas, escritos, pero también videos, fotografías y un conjunto númeroso de obras experimentales entre los que destacan los Parangolés, los Bolides, entre otros.

Las notas aún solamente circuladas en portugués señalan que el archivo, ubicado en Rio de Janeiro, se destruyó en un 90%, lo cual es terrible y devastador de oir. El archivo del artista era uno de los legados materiales más ricos existentes, y que haya desaparecido es una noticia terrible para las artes visuales, para la cultura, para la historia, para la memoria política, y para todos aquellos interesados en recuperar y repensar la experiencia radical de uno de los artistas más fuertemente vinculados con la experimentación cultural y la ruptura permanente.

Estoy devastado y muy triste. Reproduzco una de las primeras notas publicadas hace muy poco en Brasil. Aun no hay comentarios del tema en castellano.
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Incêndio destrói acervo do artista plástico Hélio Oiticica

Segundo irmão do artista, prejuízo pode chegar a US$ 200 milhões.
Fogo atingiu residência da família na Zona Sul do Rio.

Um incêndio atingiu a residência da família do pintor, escultor e artista plástico Hélio Oiticica, na Zona Sul do Rio, na noite desta sexta-feira (16). Segundo um irmão do artista, o acervo que estava na casa foi quase todo destruído pelas chamas e prejuízo pode chegar a US$ 200 milhões.

A casa fica no Jardim Botânico. O fogo atingiu uma sala do primeiro andar, justamente onde ficavam guardadas as esculturas, pinturas e instalações do revolucionário artista, considerado um dos fundadores do neoconcretismo.

Os parentes estavam no andar de cima quando sentiram um forte cheiro de fumaça. "Arrombei a porta para sair a fumaça e a gente entrar e ver o que era, mas já era tarde demais. Já estava pegando fogo em tudo", disse o irmão.

Segundo César, 90% das obras do irmão foram destruídas, um prejuízo estimado por ele em US$ 200 milhões. CDs e arquivos de computador que estavam em um outro escritório não foram atingidos pelas chamas.

A família não tem ideia do que provocou o fogo, pois sala tem controle de umidade e temperatura. "Eu sinto que fracassei, pois desde que me aposentei minha missão era cuidar da obra dele. Eu me sinto péssimo".

O artista

Hélio Oiticica é um dos mais importantes artistas brasileiros das décadas de 50 em diante. Participou do movimento neoconcretista ao lado de nomes como Lígia Clarke, Amílcar de Castro e Ferreira Gullar.

Nascido no Rio de Janeiro, em 1937, Oiticica fez parte de seus estudos e teve obras expostas em âmbito internacional. Entre seus trabalhos mais conhecidos estão os parangolés (espécie de capas coloridas, arte para ser vestida) e penetráveis (instalações). É autor da conhecida frase "Seja marginal, seja herói", que escreveu em uma bandeira sobre a foto de um traficante morto publicada em um jornal carioca em 1968, durante a ditadura, e foi um dos grandes inspiradores do movimento tropicalista com sua obra "Tropicália".

De 1970 a 1978, Oiticica viveu em Nova York, onde participou da mostra Information, realizada pelo MoMA (Museu de Arte Moderna).

Em 1981, um ano após a sua morte - em 22 de março de 1980 -, foi criado no Rio de Janeiro o Projeto Hélio Oiticica, para preservar a obra do artista. A Secretaria municipal de Cultura do Rio criou o Centro de Artes Hélio Oiticica em 1996. Além de obras do acervo de Oiticica, o espaço promove exposições temporárias de artistas nacionais e estrangeiros.

O museu de Inhotim, em Minas Gerais, também conta com obras de Oiticica, incluindo o penetrável "Magic square # 5" e uma versão da série "Cosmococa", feita com Neville D'Almeida.