A propósito de su intervención en la pieza Monumentos vandalizables: abstracción del poder III de José Carlos Martinat en el MALI, el colectivo Contranaturas ha colgado en su blog una serie de fotos y un texto como testimonio, que aquí reproduzco. Para algunas otras opiniones sobre la obra en este blog ver aquí. .......
¿Institucionalizando el vandalismo político o haciendo del MALI un taller regio para ensayar graffitis?
El viernes 07 de mayo las Contras asistimos a la intervención de la obra de Jose Carlos Martinat, que consiste en vandalizar diversos edificios que son sedes de los poderes estatales (Palacio de Gobierno, Palacio de Justicia, entre otros).
Esta experiencia permitió a las Contras desplegar una serie de reflexiones en torno a la normalización de la práctica política de expresarse en las calles dado que llevar los graffitis a un museo (con normas y adecuaciones legales) implica colocar en cautiverio la voz de protesta que se gesta en las calles.
Asistimos entonces a la gentil invitación que nos hiciera el MALI y el artista para intervenir la obra de Martinat, a la cual nos acercamos siendo conscientes que la voz de protesta no se somete ni se dosifica, la voz de protesta debe estar visible en lo público creando conmoción y sismando el orden opresor.
Entendimos entonces que graffitear en un regio museo es un ensayo estético más no una acción política.
Mientras gran parte de las especulaciones mediáticas se están dirigiendo hacia la exposición de fotografías Portraits de Mario Testino y la megacomentada aparición de Kate Moss en el renovado MALI, un pequeño incidente ayer miércoles --día de la reapertura oficial del Museo de Arte de Lima-- resalta por su pertinencia. Una de las obras de José Carlos Martinat, Monumentos vandalizables: abstracción del poder III, es una escultura que representa y acumula modelos a escala de edificios que simbolizan los poderes (políticos, legales, económicos y culturales) del Estado, entre ellas el Palacio de Gobierno, el Congreso de la República, la Catedral de Lima, entre otros. La pieza se presenta en el espacio central del MALI como una instalación a 'vandalizar' libremente por todo aquel quiera intervenir sobre ella. El detalle: en la inauguración del MALI el actual presidente Alan García, invitado a la ceremonia, intentó 'vandalizar' la escultura poniendo una estrella (en representación del APRA, su partido político) sobre la escultura del Ministerio de Educación, y la imagen de un corazón rojo sobre Palacio de Gobierno. Con todas las cámaras de televisión sobre él, el gesto intentó legitimar y limpiar públicamente su política de Estado. El signo, sin embargo, fue rápidamente cubierto con una inscripción que tachó su famosa estrella con la palabra 'LACRA'. El hecho fue captado por las cámaras de televisión del canal 2 y difundido por televisión nacional (ver video abajo).
El debate se armó de inmediato. La escultura de Martinat evidentemente se construye como espacio de opinión y protesta pública sobre las 'arquitecturas' del Estado al interior del MALI. Luego del incidente los comentarios se interrogaban si efectivamente el poder Estatal, investido por el presidente, se 'apropió' o no de la dimensión crítica de la pieza al poner su firma como primera marca en la escultura. Yo opinaría lo contario. Es significativo que sea precisamente la marca del presidente (su propia firma devenida propaganda populista) la que se 'estrella' estrepitosamente contra un anónimo que sin demasiados esfuerzos nos recuerda que el gesto arrogante del poder es susceptible de ser abiertamente impugnado. Se podría pensar que la presencia del presidente como primer 'vándalo' (de juguete) de la obra anula efectivamente cualquier capacidad disidente posterior, pero yo intuyo que la figura es inversa, ya que allí el simulacro de la estrella del APRA --que el presidente pretende engrandecer-- se revela en su condición limitada y quebradiza. Me animo a pensar que si algo ha significado verdaderamente esa acción captada por las cámaras no tiene tanto que ver con la pregunta por la aparente pulcritud ideológica o de 'corrección política' de la instalación (si fue o no fue apropiada por el aparente 'poder' como si aquella 'pertenencia' o 'identificación' pudiera ser legislada), sino con lo que la circulación pública del propio gesto permite y lo que de discusión e imaginación política allí se despierta (ver por ejemplo imagen a la derecha realizada por Álvaro Portales y colgada hace poco en su blog). Que esa triste marca presidencial esté allí es profundamente simbólico ya que ha permite tirar abajo el consenso populista y falaz del autoritarismo que la sociedad civil desbarata en directo para la televisión nacional con el rápido movimiento de una mano.
Aun cuando la situación haya sido difícilmente prevista por Martinat, la instalación interroga el papel y el poder de las representaciones en la construcción de lo que podemos denominar lo público, y cómo esas marcas constituyen una pelea posible al nivel del imaginario colectivo. Al ofrecerse como espacio de 'vandalización' potencial sobre los símbolos del Estado la interrogante se extiende también sobre cómo se pueden configurar (o no) otras representaciones frente al poder hegemónico y si eso permite ensanchar los contornos de lo que parece posible de ser dicho o pensado en una situación determinada. En este caso el presidente la puso en bandeja. Es significativo como incluso en los momentos de mayor control a la presunción le puede salir el tiro errado.
Adicionalmente al video circulado por canal 2 (Frecuencia Latina) donde se recogen algunos comentrarios del presidente --quien actualmente tiene una moción de vacancia presidencial por incapacidad moral-- y su graffiteada, coloco abajo algunas imágenes de la instalación de Martinat en el MALI tomadas del blog de Pablo Leon de la Barra, y cómo informó hoy el diario Peru21 la noticia. .......
(aquí se pueden ver graffitis del presidente García en Monumentos vandalizables: abstracción del poder III)
Un invitado escribió con spray “lacra” sobre la estrella del Apra que el presidente dibujó en la ceremonia de reapertura del MALI.
La reapertura del renovado Museo de Arte de Lima, que se inauguró con tres muestras, entre ellas Portraits, del afamado fotógrafo peruano Mario Testino, estuvo marcada por un hecho singular.
En la ceremonia, el presidente Alan García pintó una estrella del Apra en la muestra “Monumentos vandalizables III”, obra de José Carlos Martinat que permite a los visitantes convertirse en grafiteros por un rato y pintar las edificaciones que representan el poder en el Perú.
Sin embargo, poco después, uno de los invitados a la reapertura del MALI se acercó al graffiti que el jefe de Estado había realizado y lo tachó inscribiendo sobre el dibujo la palabra “lacra”, hecho que fue captado por las cámaras de Frecuencia Latina que cubrían la ceremonia.
Investigador, artista visual y curador independiente. Es co-autor de "Post-Ilusiones. Nuevas Visiones. Arte crítico en Lima (1980-2006)" (Lima, Fundación Wiese, 2007). Co-curador de "Subversive Practices. Art under Conditions of Political Repression. 60s-80s / South America / Europe" (WKV Stuttgart, 2009); "Arte Nuevo y la Vanguardia. Disidencia, experimentación visual y transformación cultural" (Lima, Sala LMQG y RPB, 2008); "La Persistencia de lo efímero. Orígenes del no-objetualismo peruano: ambientaciones / happenings / arte conceptual (1965-1975)" (Lima, CCE, 2007); entre otras. Ha sido miembro del equipo directivo de las Salas de Miraflores y la Oficina de Artes Visuales. Integrante de La Culpable (2006-2008). Colabora con las revistas Ramona, Artecontexto y Afterall. Desde 2008 cursa becado el Programa de Estudios Independientes (PEI) del Museu d’Art Contemporani de Barcelona (2008-2009) Integra la Red Conceptualismos del Sur.