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lunes, octubre 11, 2010

Un documento de sí misma - Gonzalo Galarza Cerf

Reproduzco una nota sobre la exposición retrospectiva Teresa Burga. Informes. Esquemas. Intervalos. 17.9.10, publicada ya hace varias semanas en El Comercio. La exposición va hasta el 17 de octubre en las salas del ICPNA de Miraflores, y hasta el 7 de noviembre en las salas del ICPNA de San Miguel. La nota es de Gonzalo Galarza Cerf.
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ANTOLOGÍA. “Teresa Burga. Informes. Esquemas. Intervalos.17.09.10”

Un documento de sí misma

RESCATAR LA OBRA Y FIGURA DE TERESA BURGA TOMÓ A EMILIO TARAZONA Y MIGUELPEZ CUATRO AÑOS. EL RESULTADO LO VEMOS EN DOS EXPOSICIONES QUE EVIDENCIAN LA AUDACIA Y ENTREGA DE UNA MUJER CLAVE EN EL ARTE PERUANO DE LOS AÑOS 60, 70 Y 80

Por: Gonzalo Galarza Cerf
Domingo 19 de Setiembre del 2010

La imagen detalla casi exhaustivamente a la persona: aparece Teresa Burga (Iquitos, 1935) de frente y de perfil. Sus datos. El día en que se hizo el autorretrato: 9 de junio de 1972. Los otros índices de perfil hechos con lápiz sobre papel. El levantamiento topográfico de su rostro resuelto con operaciones logarítmicas (antes de estudiar Arte en la PUCP se graduó como arquitecta en la UNI). Al costado, las mismas imágenes de su cara cubiertas con papel milimetrado: cotas que nos indican la distancia de su nariz a los ojos y más detalles de estudio. La pieza se llama “Informe de rostro” y es, conjuntamente con las otras dos (informe de corazón y de sangre), una de las obras conceptuales más paradigmáticas del arte conceptual peruano para los curadores de “Teresa Burga. Informes. Esquemas. Intervalos. 17.09.10”.

Dicen Emilio Tarazona y Miguel López: “Se junta en ella una obsesión en el tiempo por crear documentos no solo en el dibujo sino también un documento de sí misma a través de todas las vías posibles de representación no subjetiva. Hay una suerte de desconfianza en su trabajo con la representación, por eso hay como un guiño con la serie Lima imaginada. Es una especie de cerrar los ojos y buscar otros medios de representación mucho más veraces de la imagen que te bota la realidad. Además en su obra hay un rechazo a la tradición expresionista del arte de esos años”. Es curiosa esa obsesión por la objetividad y el registro de sí misma como estudio para alguien que tras su aparición en el año 65 y su última muestra del 81 con un comprometido y crítico proyecto titulado “El perfil de la mujer peruana” (hecho con Marie-France Cathelat, en el que participaron especialistas de distintas áreas y que tuvo como resultado un libro y una exposición) desapareció de la escena hasta hacerse completamente invisible.

Eso fue lo que encontraron Tarazona y López hace cuatro años: un vacío. Cuando se les ocurrió trabajar sobre la artista peruana apenas la conocían. Burga empieza a exponer en el 65, con grabados sobre su “Lima imaginada”. Previamente había hecho pintura expresionista y después había girado hacia el arte pop con el grupo Arte Nuevo, que encabezaba la vanguardia peruana de ese período. Después parte a EE.UU. a estudiar gracias a una beca y cuando vuelve se entrega al conceptualismo.

“Su obra ha estado casi oculta durante esas décadas y poder recuperarla es también intentar decir que es necesario volver a esos años y repensar en cómo se ha escrito la historia del arte durante todo ese tiempo y ver qué se ha privilegiado”, apuntan los curadores.

Reconstruir la memoria de Burga incluye haber recuperado dibujos, fotografías, partituras, videos, objetos pop, instalaciones, slides, planos y estadísticas. Piezas agrupadas en dos salas y que evidencian su exploración sobre los límites del lenguaje y ese obsesivo registro del tiempo en el proceso de creación. ¿Por qué, tras dos estallidos en los 60 y 70, y esa exposición en los 80, desaparece? “El resto de su obra más conceptual y experimental no tenía un soporte. Y hasta hoy no lo tiene. Es demasiado atípico”, resuelven Tarazona y López, quienes han rescatado a la persona y a la artista comprometida.


MÁS INFORMACIÓN

Lugar: Galería del Icpna. Dirección: Av. La Marina 2469 y Av. Angamos Oeste 120, Miraflores. Horario: de mar. a dom. de 11 a.m. a 8 p.m. Entrada: Libre.

sábado, julio 28, 2007

Alrededor del artículo 'La persistencia de lo efímero' de Gabriela Germaná

Reproduzco en el post anterior el artículo -publicado en la revista Arte Marcial- de la historiadora Gabriela Germaná sobre la exposición La persistencia de lo efímero, que curamos hace pocos meses en el Centro Cultural de España. Lo posteo para agradecer el hecho de escribir sobre la exposición, aprovechar para comentar algunas de sus ideas y enmender un par de pequeños errores -comprensibles dado que obras prácticamente no vistas en los últimos 30 años-.

En cuanto a los errores cabe aclarar que los "muñecotes tremebundos" son de Gloria Gómez-Sánchez y no de Luis Arias Vera. En relación a Autorretrato (1972) la reconstrucción parcial de algunos elementos faltantes de la instalación se realizó el año pasado y no este, el 9 de junio de 2006, a 34 años exactos de su realización original -era muy importante para nosotros mantener cierta coherencia conceptual y realizarlo el mismo dia y mes de su producción originaria-. Y una última correción sería decir que la obra conceptual de Gloria Gómez-Sánchez de 1970 no tiene título, y que la frase 'El espacio de esta exposición es el de tu mente, haz de tu vida la obra' es el cartel que ella colgó en la Galería Cultura y Libertad junto con las paredes blancas completamente desnudas.



Me parece significativo que Teresa Burga haya sido uno de los puntos de mayor interés para Germaná -y para muchas otras personas que han tenido la amabilidad de comentar al respecto-. Definitivamente el trabajo de Burga, absolutamente olvidado e ignorado en las últimas décadas, marca una aproximación local inusual al conceptualismo desde un espíritu casi científico y racional, con diálogos con la ingeniería, la matemática y la arquitectura. Burga privilegia el levantamiento sistemático de datos como una manera de interrogar los sistemas tradicionales de lectura e interpretación, tan dentro como fuera de la práctica artística. Muchos de sus proyectos iniciales beben tanto del horizonte del conceptualismo linguístico norteamericano -Kosuth, Barry,Wiener- con quienes tuvo contacto directo e indirecto durante sus años de estudio en EEUU desde 1968, y así también de una reflexión sobre la representación de la mujer dentro de un marco social ampliado -desde su ambientación en 1967 o por ejemplo la pieza conceptual Perfil de la mujer peruana de 1981-. Y de hecho Burga conecta de un modo particular la escena de los sesentas y de los ochentas, lo cual no ha quedado del todo evidente en esta oportunidad dado que esta primera exposición tenía como objetivo principal hacer visible una cantidad de experiencias relegadas por la historia del arte reciente, para luego ya entrar a hacer interpretaciones más complejas y específicas. (Aprovecho incluso para adelantar que Emilio y yo estamos trabajando en una exposición retrospectiva sobre Teresa Burga, para mediados del próximo año, que definitivamente permitirá encender estos debates).

Para mí siempre ha resultado indicativo ver que figuras han sobrevivido como grandes presencias de la plástica local, ya que ello marca de modo directo el sesgo con el cual se ha mirado y escrito la práctica visual. Que la pintora abstracta Julia Navarrete -que es prácticamente de la misma generación que Teresa Burga- sea el referente plástico de aquella generación dice mucho, demasiado, sobre la ausencia de un horizonte crítico desde el arte. No es gratuito tampoco que la Facultad de Arte de la Universidad Católica siga relegando al pensamiento al último peldaño dentro de una educación ¿artística? que se sigue revelando como solipsista y lamentablemente endogámica.



Hacer esta exposición implicaba de algún modo poder inscribir otras coordenadas que excedieran a la abstracción, al expresionismo o al surrealismo pictórico tan visto de aquellos años. Coordenadas que tengan una semilla reflexiva sobre el ejercicio mismo del arte, que sean capaces de extender e invisibilizar sus soportes, de ampliar sus significados, y de fundir, aunque sea por unos pocos instantes, el ámbito del arte a la vida misma. Que permitan cuestionar, indagar, interrogar, irrupir, como base fundamental de toda creación. Y una cosa que yo quisiera creer que permite esta exposición es una puesta en cuestión del modo en el cual se ha escrito la historia del arte peruano, hacer evidente sus omisiones, sus ausencias, y qué implica todo ello.

La pregunta final de Germaná sobre las maneras adecuadas de presentar cada obra sigue latente, y ella fue definitivamente la tarea más complicada a nivel curatorial -y que motivó que Emilio y yo tuvieramos largas y extensas discusiones-. La opción de optar por una reconstrucción y/o por simplemente el registro tenía que ver con la capacidad que nosotros advertíamos para devolverle, en uno u otro caso, la mayor cantidad de su sentido crítico inicial. El peligro era siempre despojar involuntariamente esa cualidad conflictiva original desde la cual se insertaron en su contexto. ¿Cómo reinscribir entonces estas prácticas desmaterializadas sin traiciar su condición radicalmente efímera? E incluso más profundamente, ¿por qué habría de ser recuperado tal experiencia en relación a aquella otra?

Por otro lado, el acompañamiento textual tenía el claro compromiso de no desprender aquellas imágenes de la circulación interpretativa de la investigación. Y es que las imágenes -y a veces ni siquiera los objetos- son suficientes para entender la potencidad y densidad disruptiva de cada experiencia. Piénsese en la Fuente de Duchamp: ¿acaso en las reproducciones autorizadas recientes logran inscribir de modo cabal el asalto que significó su aparición primera en 1917 en la exposición de la Sociedad de Artistas Independientes, de la cual fue rechazada? Ello implica siempre una negociación con el significado y lo que se pierde y se gana con cada elección.

Digamos entonces que una de las primeras cosas que intentamos evitar es la fetichización gratuita de elementos que minen y horaden su drástica emergencia política. No obstante, las decisiones sobre reconstruir o recuperar determinadas piezas tiene también el carácter de la pertinencia histórica y discursiva. Es decir, para tales exposiciones o momentos históricos parece más necesario poner determinados sentidos en juego. Lo importante para nosotros en esta oportunidad era identificar qué cosas pueden ser dichas, de qué manera y en qué contextos.
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[imagen 1: Vista de instalación Autorretrato [1972] de Teresa Burga / imagen 2: Obra sin título de Gloria Gómez-Sánchez [1970] / fotografías: Miguel López]

Algunas vistas de la exhibición pueden ser vistas aquí, aquí y aquí.
Otros artículos sobre la exposición pueden verse aquí, aquí, aquí y aquí.