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miércoles, noviembre 25, 2009

El Inmenso Poder del Sinpoder Absoluto, por Gustavo Buntinx

Gustavo Buntinx vuelve a postear sobre el caso de Yoani Sánchez luego de que, en un acto tan cobarde como el anterior, su esposo fuera también amedrentado en el espacio público. Como se comentó algunos días atrás la propia Yoani fue secuestrada y golpeada por mantener un espacio de discusión independiente y crítico con el régimen a través de su blog Generación Y.

Reproduzco el post de Buntinx en su integridad.
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El Inmenso Poder del Sinpoder Absoluto: Una Solitaria Bloguera Desestabiliza a la Dictadura Cubana (Revolución en la Revolución 2)

por Gustavo Buntinx


Impresionante: la dictadura cubana no encontró mejor manera de responder al solitario reto de una discusión verbal en la vía pública que movilizando a sus propias organizaciones regimentadas para hostigar al disidente y reprimir cualquier posibilidad de intercambio libre o de debate.

Resumen: el 6 de noviembre, casi a vísperas del vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín, la bloguera cubana Yoani Sánchez fue brevemente secuestrada y golpeada por presuntos agentes encubiertos del régimen, en represalia aparente por el contenido crítico de sus comunicaciones electrónicas y en circunstancias en que se dirigía a una manifestación por la paz y la libertad de opinión (causas "contrarrevolucionarias" para el paraíso socialista). Como respuesta no violentas a esa agresión, informa el periódico español El País, Orlando Escobar, esposo de Yoani, "retó a un 'duelo verbal' al seguroso que golpeo a su mujer, un tal 'agente Rodney'. La cita era el 20 de noviembre a las 17.00 en la misma esquina de la ciudad [en que Yoani fue agredida], pero días antes fue convocado en el lugar un Festival Universitario del Libro y la Lectura. La cosa acabó como se sabe": es decir, con el espacio público bloqueado por cientos de secuaces del gobierno "que zarandearon al bloguero con saña e impunidad". Orlando Escobar, dicho sea de paso, es un hombre mayor que frisa ya los 62 años de edad.

Cuelgo abajo el video que registra parte de esos hechos. Particularmente revelador y patético allí es el lema coreado con insistencia por los agitadores oficiales: "esta calle es de Fidel". ¿Para convertir a un país entero en propiedad de un caudillo vitalicio (y de una dinastía familiar) es que se brindaron tan heroicamente tantas vidas ejemplares? La ilusión y la promesa revolucionarias parecieran hoy encarnarse más bien en quienes, como Yoani y su esposo Orlando, enfrentan desde la precariedad total a un poder totalitario que ni siquiera admite la posibilidad de una confrontación de palabras. Cualquiera sea el emblema bajo el que se justifiquen esas opresiones ellas identificarán siempre a un sistema fascista.

Fascista: atención a la otra, torpísima, consigna voceada a gritos por el capataz de esa manifestación "espontánea": "con este muro no van a acabar", en alusión evidente al Muro de Berlín cuya caída por la presión popular de las masas alemanas es una de grandes gestas liberadoras de nuestros tiempos. Bien podrían vociferar "vivan las cadenas".

Reitero la inquietud planteada en mi post del 11 de noviembre sobre el tema: ¿cuántos de los que hoy reclaman una transformación progresista en nuestras sociedades tolerarían no poder publicar siquiera un fanzine propio, no poder mantener sin graves costos y riesgos personales un blog crítico, no poder optar por más de una opción partidaria al momento de elegir y ser elegidos? Aunque se multiplican las respuestas personales a ese requerimiento, pocas de ellas optan por hacerse públicas. Destaco ahora la intervención de Miguel López, publicada el 14 de noviembre en su bitácora Arte Nuevo.

Estas y otras actitudes me despiertan la fantasía romántica de una nueva y distinta revolución en la revolución, por utilizar la frase de Régis Debray subvertida en el título del post mío anteriormente mencionado: una red crítica en la web que efectivamente contribuya a terminar con esta y otras tiranías que hoy tergiversan y empantanan las luchas legítimas por la emancipación y la ciudadanía total en América Latina. Hay un enorme aliento para ello en ejemplos como el de Yoani: la serena rebeldía de una cubana infinitamente débil, radicalmente digna, provoca el temblor y la agitación del aparato estatal en toda su omnipotencia y dogmatismo.

El inmenso poder del sinpoder absoluto.

sábado, noviembre 14, 2009

Secuestro estilo camorra, por Yoani Sánchez

Reproduzco íntegramente el post donde Yoani denuncia su secuestro y golpiza sufrida pocos días atrás. Mis comentarios pueden verse en el post anterior.
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Secuestro estilo camorra
por Yoani Sánchez



(Nota del editor del blog: Video de la manifestación a la que Yoani fue impedida de participar)

Cerca de la calle 23 y justo en la rotonda de la Avenida de los Presidente, fue que vimos llegar en un auto negro –de fabricación china– a tres fornidos desconocidos: “Yoani, móntate en el auto” me dijo uno mientras me aguantaba fuertemente por la muñeca. Los otros dos rodeaban a Claudia Cadelo, Orlando Luís Pardo Lazo y una amiga que nos acompañaba a una marcha contra la violencia. Ironías de la vida, fue una tarde cargada de golpes, gritos y malas palabras la que debió transcurrir como una jornada de paz y concordia. Los mismos “agresores” llamaron a una patrulla que se llevó a mis otras dos acompañantes, Orlando y yo estábamos condenados al auto de matrícula amarilla, al pavoroso terreno de la ilegalidad y la impunidad del Armagedón.

Me negué a subir al brillante Geely y exigimos nos mostraran una identificación o una orden judicial para llevarnos. Claro que no enseñaron ningún papel que probara la legitimidad de nuestro arresto. Los curiosos se agolpaban alrededor y yo gritaba “Auxilio, estos hombres nos quieren secuestrar”, pero ellos pararon a los que querían intervenir con un grito que revelaba todo el trasfondo ideológico de la operación: “No se metan, estos son unos contrarrevolucionarios”. Ante nuestra resistencia verbal, tomaron el teléfono y dijeron a alguien que debió ser su jefe: “¿Qué hacemos? No quieren subir al auto”. Imagino que del otro lado la respuesta fue tajante, porque después vino una andanada de golpes, empujones, me cargaron con la cabeza hacia abajo e intentaron colarme en el carro. Me aguanté de la puerta… golpes en los nudillos… alcancé a quitarle un papel que uno de ellos llevaba en el bolsillo y me lo metí en la boca. Otra andanada de golpes para que les devolviera el documento.

Adentro ya estaba Orlando, inmovilizado en una llave de kárate que lo mantenía con la cabeza pegada al piso. Uno puso su rodilla sobre mi pecho y el otro, desde el asiento delantero me daba en la zona de los riñones y me golpeaba la cabeza para que yo abriera la boca y soltara el papel. En un momento, sentí que no saldría nunca de aquel auto. “Hasta aquí llegaste Yoani”, “Ya se te acabaron las payasadas” dijo el que iba sentado al lado del chófer y que me halaba el cabello. En el asiento de atrás un raro espectáculo transcurría: mis piernas hacia arriba, mi rostro enrojecido por la presión y el cuerpo adolorido, al otro lado estaba Orlando reducido por un profesional de la golpiza. Sólo acerté a agarrarle a éste –a través del pantalón– los testículos, en un acto de desespero. Hundí mis uñas, suponiendo que él iba a seguir aplastando mi pecho hasta el último suspiro. “Mátame ya” le grité, con la última inhalación que me quedaba y el que iba en la parte delantera le advirtió al más joven “Déjala respirar”.

Escuchaba a Orlando jadear y los golpes seguían cayendo sobre nosotros, calculé abrir la puerta y tirarme, pero no había una manilla para activar desde adentro. Estábamos a merced de ellos y escuchar la voz de Orlando me daba ánimo. Después él me dijo que lo mismo le ocurría con mis entrecortadas palabras… ellas le decían “Yoani sigue viva”. Nos dejaron tirados y adoloridos en una calle de la Timba, una mujer se acercó “¿Qué les ha pasado?”… “Un secuestro”, atiné a decir. Lloramos abrazados en medio de la acera, pensaba en Teo, por Dios cómo voy a explicarle todos estos morados. Cómo voy a decirle que vive en un país donde ocurre esto, cómo voy a mirarlo y contarle que a su madre, por escribir un blog y poner sus opiniones en kilobytes, la han violentado en plena calle. Cómo describirle la cara despótica de quienes nos montaron a la fuerza en aquel auto, el disfrute que se les notaba al pegarnos, al levantar mi saya y arrastrarme semidesnuda hasta el auto.

Logré ver, no obstante, el grado de sobresalto de nuestros atacantes, el miedo a lo nuevo, a lo que no pueden destruir porque no comprenden, el terror bravucón del que sabe que tiene sus días contados.