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jueves, febrero 26, 2009

Políticas del pop / Entrevista con Andreas Huyssen

La nueva edición de invierno de la agenda (Ag) del MACBA publica una entrevista con Andreas Huyssen, uno de editores fundadores de la revista New German Critique, y desde hace varios años profesor de Literatura Alemana y Literatura Compara de la Universidad de Columbia. El trabajo intelectual de Huyssen parece no demandar demasiadas presentaciones, sus reflexiones han sido profundamente influyentes en la revisión de la noción de modernismo y posmodernismo, la memoria cultural y el trauma histórico, archivos, la noción de cultura, globalización, entre otros. Y entre sus libros destaca el imprescindible Después de la Gran División: Modernismo, Cultura de Masas y Posmodernismo [1986]; Present Pasts: Urban Palimpsests and the Politics of Memory (2003), entre otros. Sobre este último tema hace relativamente poco el Fondo de Cultura Económica de Argentina publicó su libro, En busca del futuro perdido. Cultura y memoria en tiempo de globalización, que recopila diez ensayos altamente recomendables.

En la entrevista del MACBA, Andreas Huyssen responde algunas cuestiones sobre las posibilidades de repensar el pop en el presente. La reproduzco tomada de su web.
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Políticas del pop


Entrevista con Andreas Huyssen

Pregunta: ¿Cuál es el verdadero debate del pop art hoy día para usted? ¿Considera que todavía cabe desarrollar una teoría de la sensualidad y la fantasía en el capitalismo?

Respuesta: En lo que respecta a tu segunda pregunta, mi respuesta es un sí rotundo. Pero estoy harto de que nos perdamos en la teoría. A fin de cuentas, ya no podemos invertir intensas fantasías emancipadoras en una teoría sobre la sensualidad, como se hizo alrededor de 1968. Tanto la sensualidad y la fantasía como la subjetividad y los imaginarios de todo tipo están siempre sujetos a la educación y la manipulación, los medios de comunicación visuales y verbales, así como a las mediaciones, y ahora también a Internet y al frenesí de la omnipresencia de las redes. Esto no es siquiera una cuestión sobre las artes. El efecto de los nuevos medios en la interacción social, en las relaciones íntimas y afectivas, así como en la cultura política, tiene que entenderse más allá del binomio del triunfalismo de Internet, por un lado, y el pesimismo del desánimo cultural, por el otro. Plus ça change, plus c’est la même chose… Como siempre, el diablo está en los detalles.

Los comentarios siguientes no deben tomarse de forma categórica, ya que no estoy seguro de lo que hoy día constituye el verdadero debate del pop art, en caso de que lo haya. Pero primero retrocedamos en el tiempo. El pop surgió en espacios periféricos de la escena del arte metropolitana, sobre todo, pero no únicamente, en Nueva York.

The Factory de Warhol, que para mí es el ejemplo emblemático del espacio de contestación a la estadounidense, fue una iniciativa cool, profundamente paródica, que desafiaba y a la vez reinterpretaba las nociones tradicionales de producción y recepción artística, tal como habían sido codificadas por el dogma del tardo-modernismo de la Guerra Fría. Pese a que esa época ha pasado a ser historia, en vez de desechar el pop de Estados Unidos como producto sintomático de la mercantilización de los mercados del arte de aquel país, debemos guardar en mente su genealogía y sus efectos. El pop fue todo menos una ciega manifestación de la cultura del producto. En Estados Unidos, el pop art contribuyó significativamente a una transformación cultural, que ahora se conoce con el nombre de posmodernismo crítico (que se opone al posmodernismo de «todo vale»). Y en esta transformación, el cambio de énfasis de la producción al consumo, del artista como productor al artista como agente (The Factory de Warhol), del creador al espectador, de la obra de arte al texto y la ejecución, del significado a la significación, de la originalidad a la repetición, de la heterosexualidad compulsiva a los estilos de vida alternativos, de la alta cultura a la cultura de las masas. El pop fue una iniciativa multimedia que no se conformaba con reproducir productos, contribuyendo a lo que Debord y el movimiento situacionista tachaban de cultura del espectáculo. El pop más bien practicaba una versión estadounidense del détournement [desviación] situacionista, reproduciendo la reproductibilidad y penetrando, de esta manera, en el corazón mismo de la cultura capitalista del producto, en la etapa inicial de la publicidad, la televisión y el marketing. No obstante, reproducía esta reproductibilidad con una diferencia, que sigue siendo la manzana de la discordia. Umberto Eco escribió en una ocasión: «Ya no se sabe si estamos escuchando la crítica al lenguaje consumista, consumiendo lenguaje consumista o consumiendo lenguaje crítico como lenguaje de consumo.» Y en realidad ya no se sabe. Tal vez estemos haciendo todo lo mencionado por Eco al mismo tiempo, pero no lo sabríamos sin el pop. En pocas palabras esta es la importancia histórica del pop art.

Todo lo anterior no ha perdido su pertinencia hoy día, pese a que no podemos conformarnos con repetirlo simplemente. Los entornos vividos de medios de comunicación y grandes centros comerciales, turismo y voyeurismo, saturación informativa y transferencias de cultura transnacionales han cambiado significativamente durante las últimas décadas. Ahora que Jasper Johns, Andy Warhol y Roy Lichtenstein son figuras canónicas, puede que valga la pena fijarse en otros artistas de la década del pop de Europa o América Latina cuyos impulsos pop se mezclaron con el conceptualismo, los happenings, el compromiso político y el arte de la performance. Después de todo, las prácticas relacionadas con el pop fuera de Estados Unidos —por ejemplo, en Europa y América Latina— siempre estuvieron más directamente implicadas en la esfera política, teniendo en cuenta el legado vivo de la vanguardia histórica, que se introdujo tardíamente en Estados Unidos y, en gran medida, después de la década pop. Este cambio de perspectiva a favor de varias periferias puede resultar aún más beneficioso, en un momento en que las sociedades desarrolladas de consumo y de medios del mundo occidental están entrando en un periodo de crisis económica que probablemente sea prolongada y exacerbada y que requiere reflexión, no sólo en torno a los imaginarios atractivos/repulsivos del consumo, sino respecto a las estructuras, en gran medida invisibles, del capitalismo financiero mismo. Todavía no sé exactamente cuáles son las estrategias estéticas de que disponemos. Pero, al mismo tiempo, ya no basta fijarse únicamente en el mundo occidental. Hoy día existen fenómenos que podemos llamar pop de China y pop de la India, alimentado cada uno por tradiciones icónicas muy distintas, reaccionando de manera creativa a la emergencia explosiva de la cultura del consumo y la nueva riqueza, negociando relaciones estructuralmente diferentes con el Occidente capitalista.


P: ¿Cómo debemos interpretar políticamente el pop art hoy? ¿Cómo se articula una crítica del arte como producto de consumo en la era del arte relacional, el trabajo inmaterial y el capitalismo cognitivo que estamos viviendo? ¿Qué aspectos críticos del pop respecto al de consumo de masa permanecen válidos?

R: Ya en 1938 Adorno afirmaba que toda forma de arte, tanto culto como popular, se había mercantilizado bajo el capitalismo. Lo anterior ya no es ninguna novedad. La historia de las vanguardias muestra que la mercantilización y la musealización son la finalidad de todo el arte «exitoso», por más que busquemos tendencias opuestas, transgresiones y resistencias al mercado del arte. ¿Dónde se encuentra la frontera entre la transgresión y el espectáculo? Es hora de que dejemos de esperar que el arte cambie al mundo. Y también es hora de que dejemos de considerar que el capitalismo es el que despoja al arte de un cometido tan noble y admirable. El metalamento sobre la mercantilización del arte, según Adorno, es obsoleto. La mercantilización es un concepto demasiado global y abstracto para comprender las formas en que las prácticas artísticas concretas funcionan en los mercados y submercados actuales. Por otra parte, la crítica política de la creciente integración vertical de las empresas de la industria cultural y la utilización excesiva de la especulación artística de los últimos años es más necesaria que nunca. Dichas críticas tienen que actuar desde el interior, sin sentimientos de vergüenza ni de culpa. No existe lugar que esté a salvo fuera de la red mercantil.

Pese a que no basta con imitar el pop para desarrollar dichas críticas, los impulsos del pop actúan cuando los artistas se enfrentan con la iconografía de la vida cotidiana, desarrollan estrategias de détournement, experimentan con nuevos medios digitales —que posiblemente reestructurarán de nuevo lo que entendemos como arte—, o cuando intentan trabajar al margen del sistema de las galerías y los museos para alcanzar el estado inevitablemente de éxito y de cooptación. En este punto el ciclo empezará de nuevo. Después de todo, el pop agudizó nuestro sentido de la repetición inevitable, aunque sea repetición con una diferencia, y, de esta manera, terminó de cavar la fosa del vanguardismo no reflexivo.

martes, julio 24, 2007

Popular/Pop en el MALI

Debo reconocer que me resulta sorprendente la poca atención que ha recibido por parte los medios la actual exposición Popular/Pop. Vanguardia, conflicto y modernidad visual, curada por Rodrigo Quijano en el Museo de Arte de Lima. Popular/Pop no solo es el final del importante proyecto 'Miradas de Fin de Siglo' emprendido por el MALI en el 2005, sino también la mejor oportunidad para confrontar miradas y discursos que permitieron poner en escena los intereses estéticos y conceptuales de cuatro significativos curadores. Porque-y me parece necesario decirlo- estos cuatro curadores (Gustavo Buntinx, Augusto del Valle, Rodrigo Quijano y Jorge Villacorta) son los que, en mi opinión, más valiosamente han aportado a la construcción teórica e histórica de nuestro arte contemporáneo en los últimos años.
Y este ambicioso proyecto debería ser la perfecta excusa para entrar críticamente a cada uno de esos discursos, observando convergencias y divergencias en la mirada de cada uno sobre el devenir de la escena en el último siglo. El MALI planea además sacar una edición que recopile las imágenes de las cuatro exposiciones, los ensayos extendidos de cada uno de los curadores, y además dos miradas globales que pongan en perspectiva todas las exhibiciones. Ello en definitiva se convertirá en una memoria crítica valiosísima sobre nuestro arte reciente.

Copio de forma íntegra el artículo de Diego Otero sobre la exposición de Quijano, aparecido el domingo pasado en el Suplemento Dominical del diario El Comercio.
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¿Salvajes o modernos?
Última muestra de Miradas de fin de siglo
Por Diego Otero

Bajo la curaduría de Rodrigo Quijano, Popular/Pop (vanguardia, conflicto y modernidad visual), es la cuarta y última entrega de la serie Miradas de fin de siglo, ambiciosa plataforma de exhibición concebida por el Mali para reflexionar sobre nuestras artes plásticas en los últimos decenios.


Si bien es cierto que no ha sido planteada como una cronología -sí lo fueron, en algún punto, las versiones anteriores de Miradas de fin de siglo-, la muestra Popular/pop parece partir de una premisa histórica: la asimilación del arte pop occidental marca un punto de inflexión -un punto de no retorno- en el desarrollo de nuestra actividad artística. Como si de una emulsión se tratase, las estrategias discursivas del pop han ido ejerciendo influencia en los creadores locales de una manera gradual. Y en la parábola que traza aquella premisa histórica se cristalizan etapas: el pop histórico de los sesenta, que es audaz para su contexto pero que en perspectiva resulta bienintencionado, conservador, inclinado hacia lo pictórico; los afiches de Ruiz Durand, que son la conexión con lo que vendría después, la primera vuelta de tuerca visible -el color local embutido en el acabado pop, el contenido que subvierte los alcances del referente original-; y finalmente Huayco, que podría representar algo así como una primera plenitud pop local, con sentido del humor, agudeza y un discurso pertinente: un discurso que pone en escena, desde sus formas mismas, la asunción de la modernidad como una problemática.

Lo popular como escena
A partir de ahí, parece sugerir la curaduría de Rodrigo Quijano, los artistas empiezan a interesarse conscientemente en lo popular. Es decir, empiezan a concebir lo popular como un escenario en el que los conflictos con la modernidad encarnan y se desplazan. Ahí están los trabajos fotográficos de Mariella Agois, que miran lo popular desde una sensibilidad particular, lírica, de tono menor. Pero también la serie de los tablistas de Juan Enrique Bedoya, en la que, con un muy peculiar sentido del humor, aún distante, se retratan las negociaciones físicas y simbólicas con los elementos de una pretendida modernidad. Y si bien es cierto que en esta suerte de puesta en escena de lo popular hay trabajos de gran nivel, también lo es el hecho de que es solo uno de tanto filones a explorar. Gilda Mantilla o Charo Noriega, por ejemplo, prueban otra cosa, que Quijano registra con agudeza: ellas ya no solo miran lo popular, sino que intentan mirar desde lo popular su propio mundo. Es decir, trabajan una sintaxis que retoma los climas y los trazos de una sensibilidad que hace eco en lo masivo, en lo emergente, para representar sus propias inquietudes vitales, plásticas, sociales.


Empatía
El recorrido ideal de la muestra -es decir, el que el curador quisiera que todos recorramos-, nos enfrenta luego a un grupo de trabajos complejos, de filo más o menos duro (Ivan Esquivel, Ishmael Randall, Alfredo Márquez) en los que el acento recae en lo político, pero sin quebrar el discurso: las instituciones, que son otro producto de la modernidad, hacen agua, naufragan o se hunden, y arrastran con ellas vidas y esperanzas. El final, que vuelve a poner en escena lo popular -Philippe Gruenberg y su video acerca de Hugo Sotil; y sobre todo Eliana Otta y sus 'estudios' acerca del look y las tribus urbanas-, proyecta una mirada sostenida en la empatía, en la reivindicación plena. Lo contemporáneo y lo popular ya son uno y lo mismo. Y a partir de ahí parece abrirse un nuevo camino.

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A partir de la música
Rodrigo Quijano comenta que en un momento pensó incluir música en la muestra, porque la música refleja de manera concreta, sensible, los procesos sobre los que ha intentado reflexionar en Popular/Pop. "Al principio", dice Quijano, "se trata de covers. Es decir, de versiones respetuosas de modelos foráneos. Pero con el tiempo se empiezan a unir cosas que supuestamente no estuvieron hechas para estar juntas. Y eso se llega a ver en algunas de las imágenes que he utilizado: la foto de Chambi y esa motocicleta como un símbolo complejo de las relaciones entre el ande y la modernidad, por ejemplo. Y no se trata de hacer del Perú una Suiza, como quiso Vargas Llosa. No se trata de enfrentar esquemáticamente civilización y barbarie. Es curioso, pero mientras Vargas Llosa escribía Conversación en la catedral, un grupo como Los Destellos ya integraba -con amasador, crudamente, a la mala- la psicodelia occidental y los ritmos y el espíritu de nuestro país".
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[foto 1: Alfredo Márquez, Proyecto Katatay -temblar- (hermano/hermana). Intervención en paraderos públicos y soportes publicitarios externos. Díptico 1.55 x 1.10 c/u. Impresiones digitales sobre backlight. 2003 / foto 2: Gilda Mantilla, Tríptico, 60 x 50 cm. c/u, 1989]

miércoles, junio 20, 2007

Lo pop en el arte y la vida peruana

Comentario sobre la reciente exposición Popular/Pop curada por Rodrigo Quijano en el Museo de Arte de Lima, publicado ayer en el diario La República.
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Lo pop en el arte y la vida peruana
Por Pedro Escribano



Esta vez es el turno de Rodrigo Quijano. El crítico de arte, por encargo del Museo de Arte de Lima, MALI, presenta 'Popular/Pop' (Vanguardia, conflicto & modernidad visual), la última muestra de 'Miradas de fin de siglo', proyecto con el que el MALI reabrió su Sala de Arte Contemporáneo el 2005 (fueron curadores Gustavo Buntinx, Augusto del Valle y Jorge Villacorta). "Esta es una especie de puesta al día respecto a la colección del museo. El 70% de lo que se muestra en la sala es del MALI, el 30% es préstamo. Esto es importante decirlo porque a veces hay gente que piensa que en realidad es una muestra libre con todo lo que uno quiere hacer. No es así, hay limitaciones", explica Quijano.

Lo pop y sus variantes
La muestra ofrece un conjunto de obras que tratan de dar cuenta de cómo lo pop se entretejió no solo con lo plástico, sino con otros aspectos de la sociedad peruana. Quijano lo detalla: "La idea que estoy trabajando acá es una lectura de qué cosa es el pop históricamente en el Perú, que llega en los años 60. Pero no solo es la lectura sobre arte pop sino de todas las variantes que han habido del acercamiento pop".

Por un lado, sostiene el curador que "es también el acercamiento a la internacionalización de cierta mirada de la renovación plástica en la posguerra, en el siglo XX. Y todas las variantes que pueden haber de esto en un país como el Perú, en donde pop implica también cierto trabajo con un público, con una producción masiva".

La muestra exhibe trabajos en los que lo pop abordó lo social-político, pero también la movilización social que genera, por ejemplo, la música tropical andina. Lo pop como un medio para revelar la vida peruana.


[imagen: Alfredo Márquez, Proyecto Katatay -temblar- (hermano/hermana). Intervención en paraderos públicos y soportes publicitarios externos. Díptico 1.55 x 1.10 c/u. Impresiones digitales sobre backlight. 2003]