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miércoles, enero 06, 2010

Rupay. Historias Gráficas de la Violencia en el Perú (1980-1984) en España

Via el blog de Felipe Mayuri me encuentro con una nota reciente publicada en Perú 21 sobre la edición en España de Rupay: Historias Gráficas de la Violencia en el Perú (1980-1984). La reedición de este material es una excelente noticia ya que permite seguir abriendo vías de discusión y memoria crítica sobre el período más intenso y duro de nuestra guerra interna reciente, donde los más afectados fueron siempre los estratos más pobres de nuestro país. Una guerra engendrada y sostenida por el discurso totalitario, la desigualdad social, el racismo, la impunidad y los abusos permanentes sobre una parte de la sociedad desestimada y olvidada --prácticamente 3 de cada 4 muertos eran campesinos quechuahablantes. Su reedición en España es sin duda un merecido crédito al libro editado por Jesús Cossío, Lucho Rossel y Alfredo Villar (que curiosamente, y por si alguien no lo conoce, es quien aparece en el penúltimo post con el texto de RQ, a la izquierda, sosteniendo el afiche con la frase "Todos Somos Nativos" --imagen del Paro Nacional del 11 de junio por los sucesos en Bagua).
Reproduzco aquí la nota de Perú21 completa.
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Rupay

Libro que recoge los testimonios de lo sufrido con Sendero Luminoso, Rupay: Historias gráficas de la violencia en el Perú, es publicado en España.

Autor: Carlos Chávarry Valiente

Casi como una justificación, el libro empieza con un epígrafe de Walter Benjamin: “Jamás se elabora un documento de cultura que no sea, a la vez, uno de barbarie”. Es que, en los 80, un miembro del Ejército Peruano, Telmo Hurtado Hurtado, quiso argumentar la postura criminal de su comando, que había asesinado, en un poblado de Ayacucho, a ancianos y a menores de edad: “Los niños en esa zona eran potenciales terroristas”, dijo.

De ese tipo de situaciones, en las que un simple relativismo en las perspectivas puede ocasionar miles de muertos, trata Rupay: Historias gráficas de la violencia en el Perú (1980-1984), una publicación que, a partir de hoy, podrá leerse también en Europa a través de la editorial La Oveja Roja (www.laovejaroja.es).

BUSCANDO EL EQUILIBRIO. Jesús Cossío, Alfredo Villar y Luis Rossell son los autores de este libro, que recoge las escenas más simbólicas sufridas durante la época del terrorismo –Uchuraccay, Lucanamarca, Pucayacu, Putis– y que las representa a manera de cómic documental. Para ello se tomaron cuatro años en revisar todas las fuentes sobre lo que ocurrió con Sendero Luminoso. “Eso sí, no es una copia literal de la CVR sino, más bien, una interpretación, porque nosotros también tenemos críticas a su punto de vista”, aclara Cossío, ilustrador, además, del ensayo Entre cuadernos y barrotes y de la revista underground ¡Pánico!


CONTRA EL PODER. El libro, editado en blanco y negro, solo muestra el color rojo para representar la sangre de las víctimas y la bandera del país –“una manera de relacionar esos conceptos estatales de patria/valor”, explica el autor–, y alterna los dibujos con fotografías de los atentados para mostrar un registro real de la violencia –una imagen de lo que fue el mismo ataque– y sus consecuencias.

¿Por qué narrar hechos tan cruentos a través de viñetas? “Buscamos llamar la atención sobre esa ceguera deliberada y discriminatoria de lo que pasó en esos años. Cuando algunos políticos y periodistas dicen que no hay que escarbar en el pasado, significa que son ellos quienes no tienen nada que escarbar, que no les importa esa gente de provincias, como Ayacucho”, explica Jesús Cossío.

HISTORIETAS EN SERIO. Esta propuesta sigue el patrón del cómic documental que hicieron Art Spiegelman con Maus –ganadora de un Pulitzer en 1992– y Joe Sacco con Palestina, donde se narran las penurias de los judíos y de los habitantes de la franja de Gaza.

Ahora, Rupay... –'fuego’ en quechua– podrá leerse en el extranjero con la versatilidad de las historietas. Porque la memoria histórica merece seguir fluyendo. Por nuestro propio bien.

domingo, agosto 17, 2008

A propósito de Rupay: Historias gráficas de la violencia en el Perú 1980-1984


El día de ayer Paolo de Lima publicó en su blog zona de noticias una pequeña entrevista en torno a la recientemente presentada Rupay: Historias gráficas de la violencia en el Perú 1980-1984, un publicación en formato cómic de Alfredo Villar, Lucho Rosell y Jesús Cosio, a raíz de una nota y algunos comentarios de Salomón Lerner Febres, presidente de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, publicados en la revista Caretas. Retomando algunas de esas declaraciones, y elogiando merecidamente la publicaciónd del libro, Paolo de Lima publica una cuatro preguntas hechas al poeta e investigador Alfredo Villar.
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Busco Memoria


... En lo personal considero a Rupay: Historias gráficas de la violencia en el Perú 1980-1984 como un libro que debió tener mayor repercusión y presencia. Para mí Rupay está entre lo mejor de lo que pude encargar de la Feria a familiares y amigos. Esta mañana hice llegar unas preguntas al poeta y crítico Alfredo Villar, coautor del mismo junto a Jesús Cossio y Luis Rossell.

¿Cuánto tiempo les llevó la realizacion de Rupay? ¿Cómo fue el proceso de trabajo?
Rupay fue hecho dentro del marco de una beca de investigación que duraba un año, pero por lo complejo del tema la investigación duró dos años; más las revisiones, discusiones y añadidos habría que agregarle otro año más al proceso creativo.
El proceso de trabajo consistía en lo siguiente: una vez escogida la historia, Villar hacía la primera investigación de fuentes y documentos, esto incluía la lectura del informe de la CVR, la revisión de prensa y revistas de la época más libros y testimonios que giraran alrededor de la historia escogida; en algunos casos (como el de Mamá Angélica) se viajaba a Huamanga para entrevistar y conversar con algunas personas que podían dar más luces o que eran parte de la historia seleccionada. Villar elaboraba un guión con todo este material, es decir "ficcionalizaba" documentos y hechos reales para que tuvieran un sentido narrativo y literario; este guión era revisado por Jesús Cossio quien transformaba esta narrativa literaria en una que siguiera la secuencialidad del cómic haciendo la planificación y dibujo a lápiz de cuadros y viñetas; este boceto luego era revisado por Lucho Rossell quien agregaba sus comentarios y críticas y que era quien daba el acabado final y el entintado a las viñetas.
Todo eso era un proceso muy complejo, que a veces se prolongaba en lárguísimas discusiones, pero cuyo resultado está a la vista. No hemos hecho una historieta "políticamente correcta" u ONGera ni un simple registro de hechos, sino hemos creado una narrativa gráfica que es a la vez un documento y una ficción, un testimonio histórico y una creación literaria y artística.

En un reportaje publicado en Caretas a propósito de la aparición del libro, Salomón Lerner Febres, Presidente de la CVR, les exige "un asesor histórico" ("tiene que haber [uno]", afirma), y expresa que su "mensaje debe ser más evidente" para poder captar mejor la "intención subyacente" dado que el mismo, dice, puede ser confundido "con apología" (pone como ejemplo las páginas relacionadas al ataque de Chuschi, una de cuyas viñetas aparece en la carátula del libro). Por último, les recomienda "una segunda edición que acepte comentarios posteriores". Por su parte, Alfredo, en el mismo reportaje tú criticas que "ciertas conclusiones de la CVR tienden a no exacerbar la responsabilidad de las Fuerzas Armadas" y que "incluso había un comisionado de las FF.AA, pero ninguno de las asociaciones de deudos" (en Rupay ustedes dedican tres páginas al testimonio de Angélica Mendoza de Ascarza, madre de un joven ayacuchano desaparecido en el cuartel Los Cabitos, fundadora de la Asociación de Familiares de los Desaparecidos, y de quien incluyen las siguientes palabras: "Que ellos busquen su verdad, ¡nosotros no! Sin saber quien y sin que haya justicia no vamos a entrar al proceso de reconciliación porque mientras tanto para nosotras no habrá paz").

Salomón Lerner, siguiendo la estela de Platón, quiere "expulsar" a los poetas y artistas de la república porque no pueden "decir la verdad". Salomón se ha educado en una tradición platónica y hegeliana donde el "espíritu" e "ideal" en la historia no puede ser subjetivo sino "objetivo y científico"; el mismo informe de la CVR peca de este "cientificismo" hegeliano y por eso mismo la aridez y frialdad en su redacción, pero bueno, nosotros estamos a favor de la subjetividad y de la praxis, es decir de Nietzche y Marx.
También creemos que no hay "una verdad absoluta" sobre el tema y que nuestra versión es una versión más, de las muchas que deberían aparecer si es que queremos mantener una "memoria viva" y por supuesto cuestionadora de las "verdades oficiales". Por ejemplo, no creemos, aunque no podamos demostrarlo "científicamente", que los grupos subversivos hayan causado más muertes que las fuerzas del orden, eso por sentido común y por la potencia de fuego que tenía el ejército nos parece muy díficil, por no decir imposible. Es quizás la única discrepancia grande que tenemos con el informe de la CVR, por lo demás creemos que con sus limitaciones el informe es importante y un punto de partida para establecer una verdad que todavía está lejana.
Los medios han contribuido con varias fantasías onanistas para alejarnos de esa verdad, empezando porque en los años ochentas, "gracias" a la matanza de Uchuraccay no llegaban periodistas a la zona de emergencia, con la excepción de Caretas y El Comercio que eran oficialistas y que siempre "llegaban por aire y nunca por tierra". El silencio y "la forclusión" frente a las masivas y sistemáticas violaciones de los derechos humanos por parte de las fuerzas estatales es en buena cuenta responsabilidad de los medios de comunicación que estaban más cercanos a las élites gobernantes.

Precisamente en la Presentacion señalan que "las élites han querido dominar nuestra memoria" y se asocia dicha dominación con la ejercida desde los medios masivos de comunicación ("una 'opinión pública' que no es más que una opinión privada'", afirman). ¿Puedes desarrollar la idea de élite que se presenta aquí?

¿Qué élites? Bueno, aquellos (sociedades empresariales, políticos formales, altos mandos militares) que siempre desearon tener "cholos baratos" y para los cuales los "pobres" siempre han sido y van a ser los "culpables" de todos los males de nuesto país; todavía recuerdo que en los ochentas era común escuchar, en el ámbito privado, a esa gente decir que la mejor manera de hacer avanzar este país era bombardeando pueblos jóvenes para que no quede ningún pobre o "atrasado". Esa era y es la mentalidad de la mayoría de nuestros demoliberales que apenas ven en peligro la "propiedad privada" reclaman la manu militare.
No es raro que a estas élites no les interese "mirar atrás", la memoria para ellos es algo incómodo porque significaría reconocer su responsabilidad en la barbarie que vivieron los más pobres de este país; para consolarse tienen la fantasía del "demonio comunista" o "terrorista" y que ellos "pacificaron" el país. A nosotros nos es muy difícil de creer que un país donde 3 de cada 4 niños en la misma sierra padece de desnutrición esté "pacificado" y "avanzando". El tema, como sugiere el título de nuestro libro, sigue "ardiendo".

Finalmente, van a presentar del libro en Ayacucho. ¿Qué expectativas tienen?

Pensamos hacer una presentación en Huamanga para setiembre y de hecho tenemos expectativas ya que ellos son los que mejor pueden criticar y sugerir cambios a nuestro trabajo, más que cualquier comisionado o miembro de la intelligentsia limeña o académica. Sobre el público que buscamos es básicamente aquel al que no llegan los sesudos estudios "científicos" o "académicos": jóvenes, escolares, proletas, campesinos, gente popular. Esperamos también que el libro se venda rápido para hacer una edición popular y barata de éste, o quizás que se regale como un encarte en algun diario o medio independiente ya sea escrito o virtual, lo importante es que el tema de memoria salga de la "esfera burguesa" y pueda ser un tema discutido a nivel popular y de masas; la historieta podría lograrlo, esa es la pequeña gran esperanza que hemos tenido al hacer Rupay.