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miércoles, febrero 04, 2009

El que a Cristo se mete termina crucificado, por Lucas Ospina

Lucas Ospina hace un comentario sobre el 41 Salón Nacional de Artistas, celebrado en Cali, y curado por los artistas Wilson Díaz, José Horario Martínez, Oscar Muñoz, Bernardoo Ortiz y la curadora argentina Victoria Noorthoorn. Reproduzco su comentario circulado por [esferapública]:
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El que a Cristo se mete termina crucificado

"Antes se hablaba de arte, ahora se habla de arte de Cali, de Medellín, de la Costa, haciendo eco así al clientelismo cultural del Ministerio de Cultura. Ese fenómeno regional hay que desconocerlo totalmente."
—Bernardo Salcedo

El debate del Salón Nacional de Artistas estaría entre la demagogia participativa y el despotismo ilustrado, la curaduría sería el fusible que tiene que lidiar con los cambios repentinos de electricidad que se dan entre estos dos flujos de corriente: la demagogia participativa demanda que los artistas, la ciudad, la región y la nación sean representados; el despotismo ilustrado en aras de alcanzar un "arte de calidad internacional" lo hace “todo para el pueblo, todo por el pueblo, pero sin el pueblo”, no se apoya en la estadística, discrimina obras y artistas, a unos los expone en espacios cuidados y a otros en lugares descuidados, a unos los invita y los financia y a otros quisiera “desinvitarlos” (son los parientes pobres).

El riesgo de morir electrocutado es inmenso, y si se trata de la curaduría de este 41 Salón Nacional de Artistas el deceso parece inevitable. La autoridad de esta curaduría no ha venido de la presencia, la provocación, la ironía o el debate, sino de la varita mágica del “Misterio de la Cultura” que convierte por decreto a artistas, burócratas y gestores en curadores impúberes. Tal vez algo se logró en la plataforma inicial de este Salón, un texto redactado a cinco manos bajo los buenos auspicios que propicia todo comienzo, pero que luego, con la escabrosa logística del evento y la fricción de la crítica, se apagó, quedó huérfano, y de plataforma pasó a pendón, de teoría a diseño, un astuto sambenito que se colgaba a cada obra y exposición. Ante la baja de tensión, la brillantez de las ideas de los artistas que jugaron a ser curadores (y de la curadora-paracaidista que vino desde Argentina) no alcanzó más resplandor que el de un bombillo de 20W, luego la curaduría hizo corto circuito.

El futuro dirá si algo se aprendió de esta chamusquina. Este debate es recurrente, pero ahora, con la entronización definitiva del modelo curatorial, uno esperaría que la polémica tuviera más alcance que en las ediciones pasadas, que el diálogo alcanzara esferas diferentes al rifirrafe político-cultural y la cultura de la queja… pero tal vez hay algo de atávico en esto del Salón, un termómetro que hay que insertarle por donde le quepa a unos autistas impacientes, un megaevento que genera a la brava indicadores positivos de gestión para las instituciones vinculadas, un ritual de crucifixión que antes sacrificaba a un Artista-Ganador y que ahora no soporta ser religión parca y correcta, añora las masacres del pasado y sacrifica lo que se le ponga enfrente.

Quedan 15 o 20 obras que como arte validan el evento.

Lucas Ospina

martes, noviembre 18, 2008

¡URGENTE! - 41º Salón Nacional de Artistas en Cali


Con 20 exposiciones, una alianza con el 7 Festival de Performance de Cali, ciclos de cine, conferencias, acciones y encuentros, se da inicio al 41 Salon Nacional de Artistas.

Por primera vez se realiza en Cali, sin duda, una oportunidad única para la ciudad de recuperar ese espacio que tuvo como uno de los centros culturales más importantes de Colombia y América Latina.

La programación del encuentro puede verse en esta página. La apertura es mañana: Noviembre 19 de 2008

Reproduzco además el texto curatorial tomado de la web.
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Imagen en cuestión


La imagen de unos jinetes vadeando un río son los únicos fotogramas de la primera película rodada en Colombia: María de Máximo Calvo y Alfredo del Diestro (1921). Ya nunca más será vista y su desaparición da cuenta de una paradójica fragilidad de las imágenes. Paradójica porque vivimos en la época de la imagen y ello debería otorgarle a María un poder indudable -al menos el suficiente para perpetuarse-. Sin embargo, de la película sólo sobreviven 25 segundos. La imagen fantasmal de estos jinetes, proyectada sobre la casa en ruinas de Jorge Isaacs, puede ser útil para entender las obsesiones, procedimientos y asuntos que mueven a los artistas de esta exposición. Ellos, conscientes de la fugacidad y banalidad contemporánea de las imágenes, se detienen a reflexionar sobre sus funciones, efectos y poder de comunicación. Son artistas que hoy amplían las posibilidades para la producción de imágenes; que realizan sus proyectos a partir de un análisis de máximo rigor en la construcción de los discursos, para lo cual se desprenden de todo atavío, espectacularidad y decorativismo, y proponen al espectador, a partir de un grado cero de la imagen, la mayor significación.

Estos artistas son conscientes que, aunque el arte hace mucho dejó de producir las imágenes del mundo, sí es el campo desde donde señalar las maneras en que hoy se producen dichas imágenes. Las obras expuestas hacen una revisión crítica sobre estos mecanismos y analizan no sólo las operaciones técnicas y los procedimientos conceptuales; los mecanismos sociales, perceptivos e históricos que las generan y posibilitan su apropiación, consumo, percepción, irradiación y aceptación. Podríamos decir que, en términos generales, los artistas aquí reunidos ponen a la imagen entre paréntesis y articulan operaciones precisas sobre su estructura y funcionalidad. De diversas formas se preguntan por su eficacia y pertinencia y exploran la rica contradicción entre la existencia misma de la imagen y su silencio.

En algunos casos, los artistas muestran cómo las imágenes están implicadas en el poder político y discursivo, desarticulando, cuidadosamente, aquello que les otorga un contenido de verdad o autoridad. Tal es el caso de los dibujos de Johanna Calle (Colombia) y Beatriz González (Colombia); de las instalaciones que denuncian abusos de poder político y militar de Alfredo Jaar (Chile-NY) y Khalil Joreige y Joana Hadjithomas (Líbano); así como de la crítica al autoritarismo en la construcción del conocimiento en las instalaciones "La lección de la historia de arte" de Luis Camnitzer (Uruguay-NY) e "Historias del mundo" de Gabriel Valansi (Argentina). En otros casos, como lo hicieron Fernell Franco (Colombia) y Ever Astudillo (Colombia) sobre Cali durante los años setenta, alteran, profundamente, la manera en que un contexto se presenta a sí mismo. Introducen la duda en imágenes que parecían unívocas e indudables.

El arte mismo no es inmune a la devaluación de la imagen. La reproducción desaforada de obras y la inevitable conexión entre sus mecanismos de circulación y legitimación y el mercado, exigen revisarse a través de operaciones que cuestionan la estructura de un sistema que convierte obras en fetiches. Tal es el caso de los cuestionamientos propuestos por Santiago Cárdenas (Colombia), Nicolás Gómez (Colombia) y Juan Mejía (Colombia).
Y de los diálogos altamente personales con este sistema que proponen en sus filmes Sarah Rapson (Inglaterra) y Mario García Torres (México), donde la primera actúa a manera deíndice, señalando los espacios de legitimación artística, y el segundo cuestiona abiertamente su autoridad y sus contradicciones. Por su parte, Tino Sehgal (Inglaterra) subvierte todas las categorías posibles del objeto estético desde su obra en el Museo de Arte Moderno La Tertulia.

La existencia de cualquier imagen obedece a su posibilidad de ser percibida. En algunos casos, la imagen reclama la contemplación extendida de sus códigos y lenguajes propios que dan cuenta de los universos íntimos y vivenciales que la transcienden: el proceso en Linda Matalon (Estados Unidos), la obsesión en Raquel Harf (Colombia) y un enciclopedismo personal en José Antonio Suárez Londoño(Colombia). En otros casos, los artistas hacen evidente la grieta entre la imagen y su soporte, retardando al máximo su comprensión o enmudeciéndola, como en Rosario López (Colombia) y Michael Snow (Canadá). Asimismo, obras cuyos elementos -las palabras, el sonido- exploran la posibilidad de construir una visualidad sin imágenes, a partir de imágenes mentales. Es el caso de la instalación sonora de Oswaldo Maciá (Colombia) y del uso del texto en las obras de Juan Mejía (Colombia), Paul Ramírez Jonas (Honduras-NY), y Bernardo Salcedo (Colombia). Finalmente, comprenden obras donde la imagen subvierte formas usuales de acceso al conocimiento visual, como en Carlos Amorales (México), David Claerbout (Bélgica), Fabio Kacero (Argentina) y Mateo López (Colombia).

En su conjunto, las obras de esta exposición manifiestan la capacidad de dislocar los marcos usuales de referencia y exploración de la realidad. Exigen atención, tiempo y acogida por parte del espectador, el cual tendrá la posibilidadde construir su propia respuesta ante el conjunto de provocaciones aquí reunidas.

Comité Curatorial, 41 Salón Nacional de Artistas
(Wilson Díaz, José Horacio Martínez, Óscar Muñoz, Victoria Noorthoorn y Bernardo Ortiz)