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sábado, enero 24, 2009

'121 contenedores' y la escultura social de Víctor Castro

El artista mexicano Víctor Castro dio por inaugurada públicamente, la semana pasada, su escultura social titulada 121 contenedores. Sobre el trabajo de Víctor Castro he hablado en innumerables oportunidades en este blog ya que hemos colaborado estrechamente en más de una oportunidad. Se trata de un trabajo escultórico concebido como una obra en proceso permanente, que se alimenta de la colaboración y el intercambio con otros miembros de su comunidad. Desde su estancia en Valladolid, cinco o seis años atrás, Castro derivaría sus experimentaciones escultóricas hacia el acopio de pequeñas varillas de metal que dejaban las máquinas barredoras por las calles, y luego ayudado por la repentina colaboración de sus compañeros. El trabajo de Castro entonces -quienes hayan tenido la suerte de ver las imágenes lo sabrán- estaba particularmente signado por una intersección entre el azar y la movilidad de la pieza, generando procesos múltiples del armado de las esculturas en una pequeña mesa. La pequeña historia no es accesoria ya que señala claramente la relación de Castro con los materiales, con los cuales literalmente se tropieza para investigarlos, entendiendo sus formas de relación con el entorno a fin de múltiplicar y alterar sus consecuencias.
Castro tuvo su primera individual en Lima en 2005, en la galería Punctum de Jorge Villacorta -quizá por eso sea bastante simbólico que en una de las últimas entradas de su blog Víctor diga: "Jorge Villacorta puso la primera tapita"-, donde mostraría precisamente sus formas de construcción escultórica donde al acopio se le sumaba un ordenamiento matemático en torno al número 11 y cierta poética del objeto encontrado. Sobre ello, para su exposición individual en el Museo de San Marcos titulada Elementos (2006), escribí: "Su relacionalidad matemática -su obsesiva relación con el número 11- y su consición formal aluden, en su paradójico modo, a un ordenamiento circunstancial del mundo casi delirante. Lo cual se ve reforzado también por la habitual negativo de Castro de fijar perdurablemente sus propios elementos, apostando en cambio únicamente por la tensión, superposición y acumulación de cada una de sus partes: cada 'obra' es también un momentáneo y personal tanteo -una escultura temporal, si se quiere-". Lo que me llamaba la atención entonces era la posibilidad de las esculturas de Castro de convertirse permanentemente en otra cosa, reincorporando elementos de una 'obra' hacia otra, en una suerte de re-ensamblaje incesante. Quizá lo que no pude advertir por completo entonces era que Castro haría del propio movimiento de los materiales -del movimiento en sí mismo- el eje central de su producción posterior.
Creo que 121 contenedores es precisamente la pieza que mejor señala ese giro radical de su trabajo hacia un tipo de desmaterialización que encuentra en las redes y en los vínculos de colaboración su principal propuesta. Así, los 121 contenedores de vidrio conteniendo las tapitas de colores se convierten en una suerte de construcción temporal que sirve no como obra en sí misma, sino el modo de mostrar un estadio del proceso de recolección. Es sorprendente ver cómo un llamado simple de colaboración diseminado por el espacio público es capaz no solo de convocar la ayuda y el interés de la gente, sino además incorporar, en sus propios hábitos cotidianos, estas formas de acción. Se trata sin duda de una dimensión extraterritorial al arte mismo, que desborda las dimensiones meramente formales para instalar nudos de experimentación en el ámbito diario, instancias de observación sobre aquello que nos rodea y que aparente carece de sentido al no estar incorporados en nuestra dinámica de capitalización económica directa.

Reproduzco el breve reportaje hecho por Presencia Cultural donde comentan algunos otros productores visuales, y la entrevista titulada 'Un mensaje en la botella' publicada en el diario El Comercio.
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ENTREVISTA. Víctor Castro

Un mensaje en la botella

MAÑANA, A LAS 6 P.M., EL ARTISTA MEXICANO DEVELARÁ LA ESCULTURA QUE HA CREADO A PARTIR DE TAPAS DE BOTELLAS DE PLÁSTICO LO MÁS INTERESANTE DE ESTE PROYECTO HA SIDO EL PROCESO PARTICIPATIVO

Por Alberto Revoredo

En el diálogo con el artista Víctor Castro, en una banca del parque Salazar, hubo que detener la grabadora más de una vez. Atrás estaba su escultura: 121 contenedores de vidrio, de 121 centímetros de altura, rellenado con tapas de botellas de plástico. Enfrente, un conocido hotel. Precisamente de este edificio vendría la más singular de estas interrupciones: el portero de aquel lujoso alojamiento, ataviado en un impecable traje solicitaba, deteniendo amablemente la entrevista, que al culminar esta el artista se acercara al hotel, pues alrededor de 60 curiosos huéspedes estaban preguntando por esas piezas que se erguían frente a Larcomar. "Acabas de ver lo más increíble de esta obra. El proceso participativo es lo fundamental, el resultado es solamente un símbolo, una memoria, un documento, un testigo de algo que ya pasó. Esta es una experiencia de miles de personas", recalca Víctor tras acceder a la petición del conserje.

Primero fueron latas y ahora botellas...
En realidad todo empezó en España con las varillas de las máquinas barredoras de calles. Yo viajé allá a hacer un máster. Llegué a un entorno distinto, totalmente diferente a lo que yo estaba habituado. Eso te hace ver las cosas de otra manera. Con el tiempo fui domesticando e incorporando esos procesos, así aparece la primera recolección, pero además la primera red recolectora, porque mis compañeros del máster empezaron a ver algo que no habían visto. Entonces, como sabían que me gustaba, nada les costaba agacharse y recoger un poco de varillas para traérmelas. Eso los involucraba en el proceso.

¿Varía mucho la basura según el país?
Sí, cada país tiene desperdicios distintos y cada cultura tiene una manera de botar las cosas. Acá botan de todo a las calles, pero a la vez hay mucha gente que está buscando de todo. Hay competencia, y yo soy un amateur. Hay profesionales, gente que su vida entera gira en torno a la recolección. Los cachineros son una institución que yo respeto mucho. En España ves contenedores con muebles y cosas, y hay gente que las busca, pero no es un negocio.

Pero el objetivo de este proyecto, al margen del tema ecológico, es una cuestión meramente artística...
Claro, mi principal objetivo es la escultura. Lo que vino después no dependió de mí, sino de la gente. Y si la gente ve otra cosa en mi trabajo, pues qué fabuloso. Fue algo que noté a través de los niños y luego lo reflexioné y perfeccioné de alguna manera.

Reciclador es una palabra que no te gusta...
No soy un reciclador. Reciclar es transformar y las transformaciones de estos materiales son mínimas. Los materiales que estamos desechando como sociedad tienen características formales muy potentes. Sin hacerles nada, solamente cambiando las posibilidades de combinación, tienes un infinito de posibilidades. Por otro lado, si a los niños de los colegios que me han ayudado a recolectar las tapas les digo: vamos a jugar a hacer una escultura, y en el camino se dan cuenta de los pasos simples que se necesitan para separar su basura (aplastando las botellas para que ocupen menos espacio) y hacer algo más con ella, y además descubren que están reciclando, es mejor que eso salga de su parte y no de la mía. De esa forma la incorporación del concepto, la asimilación de la actitud, es más simple, más penetrante, además de divertida.

¿Esto tiene que ver con la estética relacional de la que hablaba Gustavo Buntinx, cuando participaste en una de las propuestas de Micromuseo?
Sí, esa es una teoría del arte contemporáneo que habla de la mezcla de distintas disciplinas, y entonces, desde el arte podemos estar hablando de ecología o medio ambiente, y provocando reacciones. Si realizas un proceso tan simple como separar esas botellas, va a venir un recolector (mi competencia), y en vez de tener que meter las manos a la bolsa, romperla y ensuciar todo, va a encontrar un tesoro. ¿Imagínate que llegues el lunes a tu oficina y la mitad de tu trabajo esté hecho? ¿Qué sentirías? Los recicladores viven de eso; es un trabajo digno, y nosotros podemos ayudarlos a que su trabajo sea más fácil.

Como en "No Fear", que presentaste en Vértice, se mantienen conceptos como transparencia y repetición, ¿a qué se debe?
A la música que escucho. Yo tengo una fascinación por Philip Glass, que es un músico minimalista. Y el minimalismo como movimiento artístico escultórico es algo que me fascina. Tengo esos referentes, aunque mi trabajo termina siendo también un poco barroco. Música repetitiva y acciones repetitivas te llevan a un estado de reflexión o trance. De allí salen productos como dices tú, que son secuencias repetitivas.

¿Qué viene?
Hay un par de proyectos más de este carácter, pero no quiero encasillarme ni quiero que me encasillen allí por una conveniencia. Lo más importante es concentrarme en preparar mi exposición para Lucía de la Puente en marzo. Es probable que tenga que ver con materiales reciclados, pero nada que ver con tapas (risas).

MÁS INFORMACIÓN
Inauguración: Lunes 19 de enero, a las 6:00 p.m. dónde: Parque Salazar (Larcomar).

PERFIL
NOMBRE: Víctor Castro
NACIONALIDAD: Mexicana
TRAYECTORIA: Castro tiene una maestría en Arte con especialidad en Educación y un máster en Museología en la Universidad de Valladolid. Para realizar la escultura que presentará en Larcomar hizo una campaña que involucró a amigos, vecinos, niños y público en general (toda una red recolectora), quienes le cedieron tapas de botellas de plástico. Con ellas rellenó los contenedores que ha dispuesto en el parque Salazar de MIiraflores.

viernes, agosto 22, 2008

Soy un recolector todos los Sábados en Miraflores


El artista mexicano Víctor Castro continúa desarrollando su proyecto escultórico Soy un recolector, todos los sábados de 10 am a 8 pm en el parque Kennedy de Miraflores. Este proyecto es parte de una serie de proyectos de reciclaje que Castro viene desarrollando desde hace varios años, y que se han podido ver desde su primera exposición individual en Lima, curada por Jorge Villacorta en la galería Punctum, su siguiente individual titulada Elementos en el Museo del Centro de Arte de San Marcos, e incluso con su más reciente proyecto de exhibición titulado Derivadas, en el Paradero*Habana de Micromuseo.

Así que como él dice: "separen sus tapas, aplasten sus botellas" y nos vemos el sábado en el Parque de Miraflores. Cueglo algunas fotos de las sesiones anteriores tomadas de su blog, y el flyer del proyecto.



miércoles, febrero 27, 2008

Exposición de Víctor Castro organizada por Micromuseo

Con el título de "Derivadas. Resultantes de un proceso de recolección" una exposición de Víctor Castro abre este jueves un espacio de exposición en el nuevo Paradero Habana de Micromuseo. Bajo la curaduría de Gustavo Buntinx, la muestra -si bien no es un caso inaugural entre nosotros- enfatiza una línea de trabajo de Castro de clara irrupción en una "estética relacional", delineada a inicios de los Noventa por Nicolás Bourriaud. Aquí la nota de prensa enviada:





Este jueves 28 de febrero, a partir de las 7:30 de la noche y hasta la 1 de la madrugada, la escena crítica del arte peruano inaugura en un solo gesto dos propuestas marcantes. O incluso tres. Un nuevo espacio alternativo, una renovada complejidad de obra. Y una inédita circunstancia artística: la irrupción local de las estéticas relacionales que en distintos países reconfiguran hoy algunas de las fronteras más tensas del fragor cultural.

En efecto, tras años de rutas “piratas” y recorridos a veces insólitos, MICROMUSEO (“al fondo hay sitio”) abre el PARADERO HABANA, su primer paradero estable (vendrán otros) tras un generoso acuerdo que le permitirá usufructuar bajo su nombre y programación el Espacio de Arte anexo al Café Bar Habana, conducido por el también plástico A. Alexis García.

Reconocido por sus respuestas radicales al vacío museal peruano, MICROMUSEO ha generalizado en nuestro medio la propia categoría de arte crítico. Y además la ha potenciado en términos locales con la propuesta insólita de una musealidad mestiza, una musealidad promiscua, donde hasta términos obsoletos como los de “artista” y “artesano” se reemplazan por el de “artífice”, procurando de ese modo significar la crisis de esas y otras distinciones en una cultura crecientemente hecha de lo impuro y lo contaminado.

En coherencia con todo ello, este vehículo contracultural ha deliberadamente escogido inaugurar el PARADERO HABANA con Derivadas (resultantes de un proceso de recolección), exposición culminante de las agudas exploraciones de Víctor Castro en las nuevas condiciones del reciclaje contemporáneo. Condiciones necesariamente sociales y asociativas.

Aunque nacido en México (1974) y residente en el Perú sólo desde hace cuatro años, Castro ha logrado insertarse del modo más incisivo en nuestro medio. Ello debido tanto a la inteligencia de sus propuestas como a la complejidad de sus estrategias de socialización del hecho creativo, articulando la producción del trabajo a nuevas y antiguas comunidades.

Así lo sugieren la argumentación curatorial de la muestra y el rastro procesual de los trabajos allí reunidos. Tan importante como la alta sofisticación estética de las obras expuestas, es la crucial trama de vínculos sociales gestados para la obtención de los desechos post-industriales (botellas y tapas de polietireno) que son su materia prima aparente, plantea el texto de Gustavo Buntinx, chofer de MICROMUSEO y curador de la muestra. “La verdadera sustancia, la materialidad profunda del trabajo de Castro”, sostiene el catálogo, “es la conciencia distinta y la red social que desde él se generan, enlazando amigos y desconocidos, comercios y colegios, en torno a una reelaboración artística y lúdica de compromisos ecológicos urgentes. El rigor y la creatividad así desplegados ubican a nuestro artífice en uno de los vértices de aquellas estéticas relacionales que en los últimos años vienen modificando de modo tan pertinente la discusión internacional del arte”.

“Esa vocación se anuncia en esta muestra desde el propio título que asocia elevadas operaciones científicas a prácticas sencillas pero esenciales de solidaridad artística. Con la naturaleza. Con la comunidad. Derivadas matemáticas, derivas poéticas. Que son también políticas. La ecología como condición terminal de la especie. Y del planeta”.

Todo ello entrelazado con el ineludible referente histórico de las incursiones pioneras de Francisco Mariotti y el taller E.P.S. Huayco en el reciclaje, cuando hacia 1980 identificaron a los infinitos basurales de Lima como nuestro único y verdadero y fáctico museo de arte contemporáneo. (Gesto precursor en cuya inspiración se originan algunas motivaciones de MICROMUSEO). Hay, sin duda, un homenaje a esas experiencias implícito en las exploraciones de Castro, pero también una metabolización que actualiza procedimientos y referencias para lograr un desarrollo de hálitos propios: “No la radical utopía socialista de otrora y sus confrontaciones polares, sino la pragmática reparadora de los estragos provocados por nuestros consumidos tiempos consumistas”. “El resultado”, concluye el texto, “es una escultura social cuya densidad nueva sostiene y supera el impacto visual de las esculturas materiales. La inquietud que resta es cómo hacer no sólo óptica sino políticamente tangible esa otra, invisible belleza. Por derivar”.

En respuesta a ese reto, en el PARADERO HABANA las múltiples sugerencias formales y conceptuales de los ensamblajes se articulan no sólo con documentación procesual sino además con una pieza en elaboración constante que traslada al espacio y al tiempo de la exposición, las poéticas y las políticas de la recolección urbana (“soy un recolector”, es el explícito título del blog creado por el artífice como parte consustancial de su obra). La idea es friccionar el espacio de contemplación con una praxis ritual. Y política.

El PARADERO HABANA de MICROMUSEO se encuentra en la calle Manuel Bonilla Nº 107, Miraflores. Su ruptural horario de atención es de 6 pm. a 1 am., toda la semana salvo el domingo (día de recogimiento espiritual). El ingreso es libre.

martes, abril 24, 2007

Conversando con La Culpable: Víctor Castro



Volvimos señores!!!! Aunque compungidos y tristes aún por las noticias malas de días pasados. No obstante, quiero anunciar que la programación de La Culpable se activa este jueves, y se viene con nuevas sorpresas: los clásicos portafolios, pero además presentación de proyectos de investigación independientes en fechas por anunciar, proyecciones de films, fiestas, más discusión crítica y más diálogo!! Además del ya característico Mercado de Pulgas del Barrio para el mes de mayo, y actividades nuevas relacionadas con los diversos proyectos que La Culpable quiere emprender e incluso como recuento de aquellos otros a la cual ha sido invitada.

Así este jueves 26 de abril presentamos, a las 8:00 p.m., al escultor mexicano Víctor Castro, quien reside en nuestro país desde hace varios años y ha desarrollado -en varios individuales y colectivas- una serie amplia de trabajos en torno al reciclaje y la recolección. La obra de Castro se nutre directamente de su experiencia diaria, tomando lo contingente como coordenada abierta de trabajo. Así, la reinserción de diversos elementos y remantenes del existir cotidiano, junto a su habitual negativa del artista de fijar perdurablemente sus propias piezas -apostando en cambio por la tensión, superposición y acumulación de cada una de sus partes-, hace que su obra aparezca como un temporal tanteo de lo propiamente escultórico. Aludiendo incluso a la pobreza material y fragilidad de la cual constatemente se alimenta. No se lo pierdan!!

sábado, setiembre 09, 2006

363 palabras para Víctor Castro

La obra del artista mexicano Víctor Castro es un punto de singularidad en la escena joven de la escultura local. Su abierta disposición a tomar la materia como un territorio contingente de inminente transformación le permite adoptar (casi) cualquier forma de escritura espacial, siempre y cuando ésta perviva el tiempo suficiente en el registro mental de sus desplazamientos cotidianos. Ello se manifiesta indudablemente a través de su obsesivo y religioso acopio de cuerpos que van dando anticipada vida a cada una de sus piezas; las cuales, sin embargo, parecen cancelar -de antemano también- toda posibilidad de intuir final alguno sobre ellas: su estado aparece caracterizado significativamente por lo transitorio.


Esa comprensión traspuesta de su proceso le permite a Castro operar ya no a través de los materiales, sino desde ellos, reconociendo un potencial comunicativo primordial desde las eventuales relaciones iniciales que establece con los otros objetos de su propio entorno. Castro se convierte así en una suerte de investigador minucioso, siempre dispuesto a poner en crisis una concepción frecuente del sentido abocada a convertir la objetualidad en pura metáfora. Cada elemento aparece entonces con la convicción de afirmarse a sí mismo, de trazar su presencia en el espacio forzando al espectador a reconocerse y enfrentarse al material, en un diálogo inusual con la estela más audaz del posminimalismo.

Su racionalidad matemática -su obsesiva relación con el número 11- y su concisión formal aluden, en su paradójico modo, a un ordenamiento circunstancial del mundo casi delirante. Lo cual se ve reforzado también por la habitual negativa de Castro de fijar perdurablemente sus propios elementos, apostando en cambio únicamente por la tensión, superposición y acumulación de cada una de sus partes: cada ‘obra’ es también entonces un momentáneo y personal tanteo –una escultura temporal, si se quiere- de la fragilidad y ‘pobreza’ material que le sirve de alimento. Inflexión crítica que en su caso no literaliza contenidos, insertando sutiles tensiones entre la formación indiciaria y natural de determinados signos y la artificialidad aparente de algunos otros.

‘Elementos’ reúne las más recientes esculturas de Víctor Castro, explorando distintivamente, y por vez primera, las proyecciones iniciales de algunas de sus tentativas monumentales.



[imagen 1: Víctor Castro, la voluntad/el destino (remix de: calzada / filósofo y yo / la altura se mide de la cabeza al cielo), latas, piedras, plomo, casco y otros, vista lateral de instalación, medidas variables, 2006 / imagen 2: Víctor Castro, 11 latas pb, ensamblaje, elementos bañados en plomo por goteo, medidas variables, 2006. / imagen 3: Víctor Castro, altar-retablo, instalación, medidas variables, 2006. / La exposición 'Elementos' de Víctor Castro va desde el 22 de agosto hasta el 14 de octubre en las salas del Museo de Arte de San Marcos / todas las imágenes han sido tomadas de su página web / una crónica mía sobre su trabajo anterior puede verse aquí]

domingo, abril 30, 2006

Un paseo (virtual) por la obra de Víctor Castro

Revisando algunos correos antiguos encontré uno del artista mexicano Víctor Castro -a quien he tenido oportunidad de conocer hace relativamente poco tiempo-, y advertí por vez primera que aquel correo consignaba a modo de firma una web personal de su trabajo. Entusiasmado y curioso decidí abrirla hace algunos minutos para ver que sorpresas podía encontrar. Este texto, presumo, es la sorprendida crónica de lo que ese rápido vistazo me ha mostrado y recordado.

Debo decir ante todo que mi primer encuentro con Víctor fue hace casi un año -él probablemente ni lo recuerde-, el último día de exhibición de su individual en la galería Punctum (junio, 2005), yo llegué con un amigo que iba a realizar el registro fotográfico de las piezas y faltaba poco tiempo para que la galería cierre así que tuve que ver rápidamente toda la sala, deteniéndome pocos minutos en cada obra, incluso diría que recuerdo muy poco del video exhibido. Pero lo que si quedó impreso en mi memoria fue ese carácter de azar y repetición que su trabajo sugería. La pieza n piedras/n latas fue una de las esculturas que más me impactó: su cualidad contingente, su aparente variabilidad infinita activó ese gusto personal que yo sostengo por lo inestable, por lo transitorio, pero además evidenciado por una llana presentación material, la escultura no se ocultaba bajo el manto de la representación sino que se enunciaba a sí misma, en su constante posibilidad.
Otra de las piezas que me dio pautas interesantes de lectura fueron su totems: esculturas verticales compuestas de la apilación de diversos materiales. El que más me impresionó fue aquel que tenía como base una silla de madera, dos bloques de madera de diferente procedencia y un fragmento de muro de ladrillo (totem 2). Su determinación de no fijar, pegar o adherir los elementos, sino simplemente acumularlos, parece asignar en la obra de Castro un espacio muy propio de diálogo particular entre los materiales. De más está decir que al ser un 'ensamblaje' la pieza desplaza deliberadamente el sentido hacia la configuración final de la escultura, cada elemento señala así su procedencia, y que en el caso de Castro no sólo atestigua su origen geográfico sino, significativamente, un modo peculiar de percibir un recorrido muy personal a través del espacio y del tiempo.

Luego de aquella ocasión me olvidé del asunto durante mucho tiempo, hasta hace un par de meses que me tropecé de casulidad, en la galería 80m2, con un catálogo que había editado Castro de aquella exposición. No pude más que ojearlo unos pocos segundos puesto que estaba ayudando a mi amigo E. con el montaje de su muestra. Rápidamente pasé las páginas evocando imágenes que cobraban forma y se ordenaban nuevamente en mi memoria. Este pequeño libro tenía la particularidad de tener pequeñas descripciones de cada pieza -las cuales no recuerdo si estuvieron también presentes en la galería-, y así me detuve en una obra que decía Dibujo Washington, y que recordaba haberla visto con placer en la sala por su presencia mínima, silenciosa, casi de huella. Grande fue mi sorpresa al leer como primera línea en su descripción: "Dibujo hecho por su propia voluntad". Y continúa: "(...) con ayuda de la humedad, al estar guardadas unas laminillas de máquinas barredoras (recolectadas en la calle frente al Hirshhorn Museum en Washington) en una carpeta entre papeles durante aproximadamente 3 semanas de regreso a Lima desde Washington". Efectivamente aquel 'dibujo' no era más que la presencia azarosa de óxido de fierro sobre papel, índice puro que me señaló nuevamente, y avivando mi entusiasmo, el horizonte de indagación estética del artista.

Y ahora que entro por unos pocos minutos a la página web de Castro me encuentro con dos acciones insólitas que se desprenden de la escultura Un gran fósforo. La primera que registra casi a modo de juego un conjunto de termitas que Castro encontró en el trozo de madera que sirvió de base para la construcción del gran fósforo, que titula lúdicamente 'Análisis y estudio de una colonia xilófaga (Big Brother)'; y otra mucho más sugestiva en la cual el artista atravesó la ciudad desde su taller en Barranco hasta la galería Punctum en San Isidro trazando una suerte de dibujo imaginario sobre Lima. Este 'gran fósforo' sirvió así como un gran trozo de carboncillo, y que sin embargo no se permitió tocar el suelo a modo de linea contínua, sugiriendo en cambio en el solo tránsito la posibilidad de delinear una ruta arbitraria de desplazamiento. El carácter efímero (o inexistente) de este dibujo me remite a su vez al anterior mencionado: una configuración libre y casual que determina ambas 'presencias'. Y es que por más que la ruta de tránsito de Castro parezca trazada de antemano, es la casualidad la que determina finalmente que la raya imaginaria se insinúe sobre una zona del espacio frente a otra.
Definitivamente hay otras muchas referencias que la página presenta de toda su obra, la presencia del fuego en su trabajo complejiza y convierte su proceso escultórico en una constante exploración de carácter temporal, y también físico al elegir procedimientos alternativos de grabado (por ejemplo tinta de fósforos molidos, y que a su vez es quemada sobre el papel). Y sin haber acabado de recorrer la web en su integridad -por verla fragmentadamente al alternarla a la escritura de estas líneas- termino momentáneamente este breve pero agradable paseo mental por la sugestiva y extraña escultura de Castro.
Tienen que revisar su web!


[foto 1: totem 02. fragmento de muro de ladrillo, bloques de madera y banco de madera. ensamblaje. 30 x 134 x 33 cm., 2005 / foto 2: dibujo washington. óxido de fierro sobre papel. 53.5 x 61.8 cm., 2005 / foto 3: un gran fósforo. madera quemada. 5 x 305 x 5 cm., 2005 / foto 4: registro fotográfico de 'recorrido taller-galería. dibujo conceptual de la ciudad' / todas las imágenes han sido tomadas de la web, me he tomado la libertad sin embargo de retocarlas ligeramente]