lunes, febrero 04, 2008

Espectáculos y amenazas - por Diego Otero

Hasta el 8 de febrero se pueden ver las exhibiciones de Ishmael Randall y Aldo Chaparro en la galería Lucía de la Puente. Copio el artículo de Diego Otero aparecido en el Suplemento El Dominical el 20 de enero pasado.
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Espectáculos y amenazas

Refugios, de Ishmael Randall Weeks, y I feel so extraordinary, de Aldo Chaparro, son dos exposiciones diametralmente opuestas tanto en su sintaxis como en su contenido, pero con un común denominador: donde la primera es una reflexión sobre las sombras de una contemporaneidad, la segunda lo es sobre sus luces.

Por Diego Otero

Es curiosa la situación que genera la yuxtaposición de las dos muestras que se exhiben en la galería Lucía de la Puente. Mientras que en la sala de proyectos especiales, en el segundo piso, Refugios de Ishmael Randall Weeks propone una mirada crítica sobre el flujo de lo material como recurso vulnerado -pero también como representación vulnerable-, I feel so extraordinary de Aldo Chaparro, que ocupa las dos salas principales de la galería, recurre a la música popular como catalizador y como punto de partida para una serie de reflexiones sobre lo contemporáneo: la espectacularización de la realidad, la imagen y sus refracciones, la velocidad de la experiencia, la simulación. Pero donde la visión de Randall Weeks (que, curiosamente, se ha formado en Nueva York) es localista y extrañamente oscura, como si nos susurrara la noticia de un futuro apocalipsis, la de Chaparro (que, curiosamente, vive en México DF) es cosmopolita y luminosa en sus juegos de espejos y sombras, en su versatilidad, en su fuerza.

SERÉ TU ESPEJO
Cuando en 1998 Aldo Chaparro presentó en la Galería Forum su exposición Gato por liebre, sus intereses estaban claramente orientados hacia el cuestionamiento crítico de su oficio de escultor. A través de un juego planteado por la tensión de sentidos que se definía entre los objetos representados y los materiales elegidos -una gota tallada en madera, una mancha de tinta que en realidad era plástico- Chaparro pretendía hacer un comentario mordaz, entre risueño y escéptico, de las limitaciones a las que se enfrenta toda forma artística en el mundo contemporáneo. Gato por liebre hablaba de la crisis de una representación, pero llevaba su lenguaje al terreno de la parodia, la humorada y el latigazo. I feel so extraordinary es una de las consecuciones posibles de ese proceso, por lo menos en la medida en que rompe el circuito cerrado de su propia retórica.

El tema de fondo de esta serie de piezas escultóricas e instalaciones en las que se combinan materiales de tipo industrial -vinilos, neones, metales- con otros más bien domésticos -lana, plastilina- es la investigación acerca de cómo una disciplina artística -aunque quizá, en este caso, debamos hablar más bien de fenómeno cultural- puede incidir en otra, alimentándola y transformándola. Chaparro descontextualiza frases o títulos icónicos del rock y a partir de ellos ensambla trabajos que dialogan no solo con su referente de base sino con todas las piezas de dominó que ese referente ha empujado a lo largo de los años.

"I'll be your mirror" ("Seré tu espejo"), acaso la obra más interesante del conjunto, es una instalación que se desprende del título de una canción del primer álbum de la banda neoyorquina The Velvet Underground para convertirse en un disparador de ideas: la pieza es reflejo de la canción, pero también de la sensibilidad de la época (1967) y, sobre todo, de cómo esa sensibilidad discurre a través de la cultura contemporánea como a través de una red hasta llegar a reflejar -casi como en una explosión de energía; una explosión sugerida en la mancha negra que cubre parte de las letras y la pared- al propio espectador, levemente distorsionado, en las letras metálicas que forman la frase I'll be your mirror. ¿Qué queda sino preguntarnos cuánto de nosotros mismos ha sido definido y moldeado por esa canción, por sus ecos y repercusiones?

ARQUITECTURA DEL ESPANTO
Estructuras-Simulacros, la muestra que Ishmael Randall Weeks montó el 2006 en el Icpna, era una gran instalación construida a partir de una serie de hitos o estaciones escultóricas. La contundencia física de las piezas definía la carga de amenaza de la que finalmente se estaba hablando: las fricciones entre la voracidad de un mundo industrial y un ámbito natural cada vez más reducido. Lo de Refugio, la pequeña pero sugestiva muestra que exhibe ahora, es una especie de contraparte de esa exitosa exposición; y lo es en la medida en que Randall Weeks ha decidido mostrar (además de un par de instalaciones) una serie de bocetos de proyectos escultóricos: bocetos que se leen también como pesadillas, como proyecciones, como futuros posibles.

Hijo de intelectuales estadounidenses, criado en Cusco, y formado como artista en el Bard College de Nueva York, Randall Weeks encarna las tensiones entre el vértigo abrumador de las sociedades post industriales y la nostalgia de un medio ambiente saludable que es también la propia memoria infantil; en su mirada hay tanto una postura alerta y una sintaxis discursiva compleja como una voluntad por reflexionar acerca de las difíciles negociaciones simbólicas que en el Perú se llevan a cabo en torno a la asunción de una modernidad. Refugio, desde su propio título, propone un espacio que se mueve en las ambivalencias de lo utópico y lo apocalíptico. Un lugar para esconderse, pero porque existe otro del cual debemos huir. Por eso se suceden las imágenes de habitáculos opresivos e inexpugnables y las de extraños y absurdos mecanismos industriales de preservación de la naturaleza.

En dos puntos de la sala Randall Weeks ha dispuesto dos estupendas instalaciones. A partir de la utilización de tableros de dibujo arquitectónico, y de una ruma de hojas de guías telefónicas en un caso y un plano de Lima en el otro, ha creado objetos mutantes, zonas de sentido nuevas. En el primer caso, las hojas forman una especie de territorio topográfico que parece remitir a un vestigio arqueológico -un vestigio inquietante, construido sobre los datos de ciudadanos peruanos-, y en el segundo la mesa del tablero que sostiene al mapa se levanta como una mano agarrotada o como una ola fija.


[imagen 1: Aldo Chaparro. I like America and America likes me. 2007. (I Like America and America Likes Me, René Block Gallery, NY, Joseph Beuys, 1974) Acrílico. Medidas Variables / imagen 2: Ishmael Randall Weeks. ]

1 comentario:

Makelelejuas dijo...

Es un lindo tema ese de La Velvet... lo canta la minita Nico...

Un saludo

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