viernes, febrero 16, 2007

Un golpe a la historia - La Grabadora. The Sound of Periferia

Este miércoles 21 de febrero a las 8:00 p.m. se presentará, en el Teatro La Plaza ISIL, el libro La Grabadora. The Sound of Periferia. Uno de los proyectos de arte conceptual que más irónica e incisivamente ha ingresado a la década de los setenta de la historia peruana. Diseñada, producida y presentada en la exposición Tránsito de imágenes (puntos de fuga hacia el arte último), curada por Jorge Villacorta, esta propuesta condensa y conjuga diseño, literatura y música en un libro de formato grande (tamaño de un disco vinil), cruzando historias verosímiles e inverosímiles sobre la deriva de un sello discográfico llamado La Grabadora que quedaría sepultado y oculto para los grandes relatos de la historia.

Algunos han querido ver en este libro una especie de parodia del rock, obviando tal vez las aristas más filosas del proyecto y que definitivamente nos remiten a obras conceptuales que, tomando un modelo deliberado de historización y escritura, minan e inciden sobre los modos y condiciones en las cuales determinadas inscripciones discursivas se logran instalar. La especulación a las cuales nos remite un proyecto como La Grabadora exceden el mero análisis musical, extendiendo ramificaciones críticas sobre la forma en la cual la Historia -esta vez sí con mayúscula y en todo sentido- ha mirado y mira aún la década de los años setenta en pleno gobierno militar del general Velasco (mirada cargada, tal vez como ninguna otra, de discrepancias a través de las distancias económicas, sociales y generacionales) .

No estamos pues únicamente ante un proyecto musical que lamenta su invisibilidad (ficticia por supuesto) treinta años después, sino ante un señalamiento de determinadas formaciones de sentido en el imaginario colectivo ante una década plagada de fantasmas y que ha asomado en los últimos tiempos -piénsese en la campaña mediática preelecciones- como un trauma irresuelto. Llena de un humor completamente voluntario (como en la gran imagen inicial de Velasco que aparece coloreado en fosforescencias), pero camuflado de forma silente en el grado de duda y ambiguedad que el propio libro arrastra, intentando combinarla con una mezcla de crónica periodística y crítica de rock.

La elección sobre los sesenta y setenta no aparece como un gesto gratuito y coincide -mordazmente- con el reproche -convertido en casi lugar común- que el gobierno Velasquista recibe frente a la desaparición de formas más arriesgadas o experimentales de creación artística en sus diferentes formas. De hecho, una de las cosas que este proyecto me recordó fue el título de un texto en el que el crítico Luis Freire, en 1983, lamentaba la desaparición de obras de la vanguardia peruana: «De cómo el Gral. Velasco reventó el "¡Pop! Art"»; o incluso me remite también a las recuperaciones musicales que se vienen dando de forma notable en los últimos años (el mejor ejemplo es el sello de Andrés Tapia, Repsychled Records, y sus reediciones de Los Saicos, Traffic Sound, Laghonia, Telegraph Ave., Los Shains, entre otros), o la aparición de una revista como Sótano Beat, entre otras.

La Grabadora asume (in)directamente esta situación como tomándole el pulso al momento, obligando a invertir la mirada sobre esos mismos años lanzando interrogantes basadas en la potencialidad de existencia de un determinado fenómeno, y más significativamente sobre las condiciones imaginarias -pero no por eso menos reales- desde las cuales nos permitimos observar los setenta. Años que el sociólogo Gonzalo Portocarrero bien ha señalado como "una historia tabu, una ruina que no se visita", y que -ya pensando en la pertinencia de una obra como La Grabadora- no sólo deberían llamar nuestra atención sobre aquello inscrito (la música, el relato y la gráfica), sino especialmente sobre sus formas de inscripción y de recepción (las de entonces y las de ahora). Aquellos condicionantes externos que dibujan tal escena como un espacio de des-memoria. Allí donde algo de lo existente parece haber sido totalmente obliterado, o donde lo en apariencia inexistente parece poder empezar a trazar silenciosamente sus bordes. Un golpe a la Historia. (1)

La presentación será además acompañada con un concierto multimedia donde tengo entendido se tocará el álbum de La Grabadora incluido en el libro. No se lo pierdan!!!


(1) Y nada más que un testimonio personal, y muy divergente, el que anima estas líneas. Si contara la cantidad de veces que me he sentido des-animado (por terceros) de investigar las 'inexistentes', 'poco valiosas' y 'sin ninguna importancia' obras de arte conceptual y no-objetualistas peruanas de esos mismos años pues definitivamente no habría muestra sobre el tema el próximo mes en el Centro Cultural de España. Una distancia casi enajenante o tal vez un consenso silenciosamente asumido sobre la forma en que se debe mirar esos años ha retrasado, y en otros casos ha tirado por la borda, la posibilidad de rescatar obras que considero de suma importancia para poder re-visitar coordenadas críticas y de experimentación a través de la propia historia del arte. Una desidia extendible tal vez a la propia investigación histórica plagada de metodológicas displicencias y ausencias de rigurosidad alarmantes, pero cuyo mayor peligro reside en establecer la noción del relato único que reduce todo interés ulterior por lo no conocido.
Obviamente entre La Grabadora y mi co-proyecto de investigación sobre el no-objetualismo peruano hay claras diferencias, pero una característica común es el hecho de partir de su 'no existencia'. Solo que mientras en el primero es la ficción la se erige como herramienta reflexiva, en la segunda es la realidad (y sus modelos interpretativos) los que serán finalmente sus vehículos críticos más eficaces.

7 comentarios:

Max dijo...

Suena interesante, aunque si pienso en una práctica emblemática en cuanto a “falsificaciones” históricas como la de The Atlas Group/Walid Raad (y en cuanto al procedimiento, acaso evocando en algo al Bernadette Corporation), me pregunto en qué medida el “trauma irresuelto” de los 70’s no indica sino un desplazamiento de atención ante el trauma –etimológicamente literal, en este caso— de los 80’s (y 90’s), aparentemente abordado (no “invisible”), considerando que sobre dicho trauma hay informe de la CVR y todo ello, pero si tomamos en cuenta lo que ha pasado con las recomendaciones hechas por la comisión, es dudoso creer que hubo realmente resolución. Y por eso cito a The Atlas Group, porque, tomando lo que dices de La Grabadora, la dificultad de pensar una aproximación que aborde “irónica e incisivamente” esa década subsiguiente da cuenta de cuán traumática es realmente.

P.S. Estaré atento a la información sobre tu muestra de no-objetualismo. Felicitaciones y un abrazo.

Miguel López dijo...

Súper pertinente mencionar a The Atlas Group. De hecho diría que el libro de La Grabadora se inscribe en coordenadas similares pero a través de diferentes, y tal vez menos complejos, procesos de historización y presentación de documentos, y que incluso podrían hacernos retroceder mentalmente hasta el 'museo ficticio' de Broodthaers, por decir uno de varios ejemplos significativos.

Pero me parece más interesante aún lo que señalas sobre la condición traumática producto de los años 80's y 90's, y tal vez la inexistencia de aproximaciones en ese mismo tono sobre aquellos años. No obstante me pongo a pensar si no es acaso una cuestión de distancia. De hecho las personas que han pensando y producido el libro La Grabadora (Diego Otero, 'Goster' y Santiago Pillado) tienen, me parece, una mirada que los separa de aquellos que han vivido directa e intensamente esa misma década (solo para contextuar: el golpe del general Velasco se produce en 1968). Lo cual obviamente no lo hace ni más o menos significativo, simplemente lo señalo como dato a tomar en cuenta.

Voy a lo siguiente con otro ejemplo: una obra como 'Matari' (2005) de Rolando Sánchez me sacudió totalmente. No sólo se trataba de transformar y crear juegos de atari ambientados en (la matanza de) Uchuraccay, de tener que asesinar lo más posible o volar la mayor cantidad de torres de luz para ganar, sino de devolvernos a la situación y experiencia misma del juego pero absolutamente trastocada -yo lo jugaba en los 80's-.

El hecho de tener el equipo atari y tener que jugarlo me parece que desplaza una experiencia que excede a lo representado (las matarnzas virtuales en el monitor), situándonos ante un episodio vital específico (la niñez) que aparece perturbado.
Y si bien no estamos necesariamente ante una experiencia de lo ominoso (unheimlich), hay algo una situación de retorno que no sabría bien como definir pero que me deja una sensacion de ambiguedad conflictiva.

Es definitivo que la manera de abordar esos mismos años por alguien como Alfredo Márquez -él que ha sido además víctima de esa violencia- distancia mucho de la obra referida de Sánchez, y tal vez ese grado de ironía o cinismo en Sánchez -no lo digo en sentido negativo- para tratar el tema devenga de la distancia de experiencias (generacional si se quiere) que existe entre ambos.

Es cierto, sin embargo, que este tipo de aproximaciones son las menos comunes pero definitivamente son un índice interesante de tomar en cuenta para pensar las asimilaciones y proyecciones de ese trauma u obstáculo al cual aludes sobre tales décadas.

Max dijo...

Estoy de acuerdo en que el trabajo Matari de Rolando Sánchez, que sí llegué a ver en Lima, podría indicar un abordaje distinto, como el que sugieres. De hecho, creo que el modelo de lo siniestro (suelo preferir esa traducción para Unheimlich) es sugerente para dicho trabajo. Aquí cabe acotar lo generacional en el caso de Sánchez, que, si mal no recuerdo, es más joven que los integrantes de La Grabadora, para seguir tu línea de argumentación en cuanto a la “distancia histórica.” No obstante, quizás lo “poco común” de este tipo de aproximaciones este vinculado también a los modos de presentación del trabajo. A saber, Matari la vi el 2005 en Softmachine, una curaduría cuyos intereses temáticos potencialmente atenuaban las posibilidades de lectura de la obra en los términos que estamos acá tratando, mientras que en aquellas instancias en que estos temas han sido preocupaciones curatoriales, diría que los modelos “irónicos” o “cínicos” (para aludir a los términos que usas) no han sido eficazmente incorporados. En tal medida, esta ausencia/exclusión (¿represión?) tal vez sea igualmente sintomática de dichas dificultades. En síntesis, bien jodida la cosa.
Un abrazo.

Diego Otero dijo...

Hola Miguel y Max. Un placer saludarlos. Quería hacer solo una breve acotación respecto de la elección del período histórico en la estructura de La Grabadora. En primera instancia, se eligió el gobierno de Velasco porque nos convenía en términos argumentales. Como sabemos, por una compleja serie de razones, se abrió entonces un forado en los mecanismos de circulación y consumo de rock en el país. Y fue ahí donde insertamos la ficción, en ese forado, en esa especie de agujero negro, como un experimento. Nuestra intención final, evidentemente, era que esa inserción se convirtiera en metáfora de otras cosas, se cargara de otras reverberaciones simbólicas. Eso ya se verá si se logra.

Un abrazo para ambos. Que estén bien,
Diego

Miguel López dijo...

Hola Diego, gracias por tu intervención, súper precisas tus acotaciones. De hecho creo que elegir el período de Velasco es un gran acierto no sólo en términos argumentales sino en términos históricos, ya que como bien señalas indirectamente ese forado en el consumo y circulación de rock puede ser extensible a otros campos de la creación. De hecho, cuando aludía al texto de Freire de 1983 justamente estaba pensando en cómo Freire señalaba a Velasco como una de las causas para la desaparición de la vanguardia y del experimentalismo plástico.

Yo creo que esas metáfora otras a la cual se apunta tienen su asidero en la complejidad que implica mirar ese mismo período, no sólo por cuestiones de discrepancia ideológica sino por la dificultad que ha significado su historización dentro de los relatos sobre la creación (sea musical o de otros ámbitos) en los últimas décadas. De hecho un buen amigo mío, crítico de arte, se refiere siempre a los setenta como la década fantasma. Razones no le faltan.

Anónimo dijo...

En una reciente reseña de caretas destrozan la verosimilitud de la grabadora con argumentos muy atendibles.

a quien creer?

Anónimo dijo...

Hola.......felicitar la produccion de la grabadora, auqnue aun no tengo el gusto de ver el trabajko expuesto o editado.

Tanmbien agradecer los comentarios favorables a mi sello: Repsychled Records...... todo apoyo a la produccion nacional y original es siempre bienvenido

Anunciarles el nuevo Cd editado: We all together * singles 1973/1974.

saludos.

Adnres Tapia */ Repsychled Records.